Poesía: Libros publicados
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· Referencias del libro de Francisco Gutiérrez Carbajo:
LA POESÍA DE
ALFONSO VALLEJO
DESGARRO, ESENCIA Y PASIÓN
(ESTUDIO CRÍTICO Y ANTOLOGÍA)
Edit. Huerga y Fierro. Madrid 2005


Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo. Técnica mixta. “Siffle”
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1- Primeros poemas. (escritos entre 1957 y 1963)
“El poeta ya estaba buscando entonces la supersíntesis poética, el ”microscopio esencial” de la materia a través de la poesía, la superconcentración, la expresión de lo máximo con lo mínimo” p. 37
“Le llevaba varios meses escribir un poema, destilando emociones, intentando llegar a la esencia misma de la expresión” p. 38
“Se trataba, en síntesis de la concepción de la poesía como bisturí y como revelación metafísica del enigma de la vida.” p. 38
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2- El lugar de la tierra fría

Ed. Ágora (1969) Madrid.
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“En las cuarenta y cuatro composiciones del libro se descubre ya más plenamente el interés del poeta por la síntesis, por la economía lingüística, por transmitir lo máximo con lo mínimo, en el sentido marcado por el poemario inédito. Raramente se había logrado en la poesía española el presupuesto conceptista del precisión y concisión como lo consigue nuestro autor.” p. 43
“El lugar de la tierra fría es, así, una investigación y una interpretación de las cosas y de nosotros mismos en medio de las cosas. Investigación que lleva aneja una actitud contemplativa ante el desarrollo casi mágico de la realidad, impregnada de misterio e interrogación. Los poemas devienen microsituaciones con intriga, minidramas sin explicación, y la realidad aparece suspendida, detenida, transcendida por la interpretación.”p. 43
“Se trata de escenas interpretadas a través de un filtro, en transparencia, en un clima de ensoñación analítica.”p. 43
“Se trata del movimiento que en el espacio occidental el mismo Eco denominó generación del “cogito interruptus”, caracterizada, entre otras cosas, por subrayar el valor del universo simbólico.”p. 44
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3- Moléculas

Ed. Castilla (1976) Madrid.
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“Moléculas lleva la marca de la lucha permanente entre la Vida y la Muerte (es decir, la ausencia de vida.)”p. 47
“Pero este panorama de seres al límite queda contrapesado por la voluntad de vivir.”
p. 47
“Pero no se expresa aquí el deseo proteico de la transformación, sino el ansia de pervivencia que impone la “tenacidad de las moléculas””p. 47
“Como explica Spinoza en el libro IV de la Etica ordine geometrico demonstrata en el vacío de todo valor trascendente, el deseo se torna en norma. Ello es predicable no sólo de este libro sino de toda la obra vallejiana.
El deseo es, en efecto, una de las fuerzas motrices de las siguientes obras de nuestro autor.” p. 48
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4.- Fuego lunario


Ed. Ayuso. Colección Endimión (1988) Madrid.
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“Sin embargo, Vallejo sigue escribiendo poesía porque lo necesita y porque la poesía es, para él y para otros escritores muy notables, el género literario por excelencia. Todo es poesía. La no-poesía no existe. Abarca todos los campos. Sin excepción. Todas las posibilidades de la lengua, la palabra, el ritmo, el significado, la investigación. Y lo abarca sin intermediarios, con un lenguaje que va directo a la mente y al corazón. La poesía es la excelencia.” p. 51
“Las apelaciones a la amada no se habían realizado con tan magnética contundencia, desde la lírica amatoria clásica.”p. 51
“Los juegos fónicos, las onomatopeyas, las paranomasias resaltan las virtualidades expresivas de las palabras, que dispuestas en enumeraciones y en gradaciones ascendentes, salen siempre disparadas en un viaje que traspasa los espacios.”p. 52
“Es difícil expresar el amor, y las otras grandes experiencias de la vida con palabras más bellas que las de este libro. Tarea ardua resulta también encontrar confesiones menos recatadas y más sinceras:
“El lenguaje ha brotado de lo más profundo de mí, explotando a veces, convirtiéndose en chorros de sonidos en movimiento, incluso en neologismos, arrastrándome. Pero también, a veces, sibilinamente, con el implacable equilibrio doloroso del bisturí.
Algo es indudable: cada palabra de las letras aquí impresas está sujeta a sí misma, era imprescindible para construir aquella palabra. Y aquella palabra para configurar mi propia esencia de ser vivo. Soy yo. Mis entrañas.
Por eso, todo lo que en este libro ha quedado encerrado me es necesario. Cada una de sus páginas representa un trozo de mi vida convertido en papel. Existen. Existo.” p. 53
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5.-Más


Portada del libro. Óleo de Alfonso Vallejo. “Hombre gritando”
Ediciones Endymión. (1990) Madrid.
“En el libro Más el autor nos proporciona de nuevo valiosas reflexiones sobre el oficio de escribir: “Escribir es despellejarse. Escribir es sangrar. Por eso los libros salpican la vista. Por eso manchan las manos de rojo. También hablan. En voz baja y al oído. Cuerpo a cuerpo, con el lenguaje propio de su alma sibilina y torturada.” “p. 57
“La semántica se sustenta sobre los núcleos temáticos esenciales: aventura, riesgo, descubrimiento, aletéia, revelación, indagación. En el fondo “la gran cacería de la mente”, la existencia identificada con la lucha.” p. 57
“Y como siempre, la defensa de la autonomía del individuo compaginada con su irrenunciable dimensión solidaria.”p. 57
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6.-Carne interior


Ediciones Libertarias (1994) Madrid.
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“El libro es, además, análisis clínico de la arquitectura del yo, autoinspección, interpretación del significado del ser aquí y ahora, del “existente” respecto a la realidad del mundo que lo alberga.” p. 60
“Otros poemas constituyen claras muestras de la introspección, de la visión del “intramundo”, o del terror cósmico y del sentimiento trágico de la condición del hombre.” p. 61
“Las ideas del tiempo-ser, del tiempo-conciencia, de la duración, en el sentido que le atribuye a estos conceptos la filosofía de Bergson, encuentran su precisa formulación en algunas de estas composiciones.” p. 61
“Avanzando un estadio más que Nietzsche, Vallejo proclama el beneficio de la acción, la necesidad de la resolución de los problemas y el espíritu constructivo.” p. 62
“Lo anterior suele ir unido a su creencia en la capacidad del hombre, en el poder de la ciencia, en la fuerza del misterio.” p. 62
“Al canto a la alegría en toda su pluralidad de sentidos- y no en el restrictivo en el que suele tomarse- proviene, entre otras cosas, del descubrimiento de la realidad.” p. 62
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7.- Matérica luz

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“Es otro libro gratamente sorprendente en el que se analizan el mundo exterior, la materia silenciosa volviéndose concepto y lenguaje a través de la experiencia, transformándose en sentido, en vivencia iluminada que se puede transmitir.” p. 65
“Como se ha mostrado en libros anteriores, la proclamación de la porpia identidad no se contrapone a la solidaridad y a la comunidad con el resto de los seres, a la necesidad del otro.” p. 65
“En este tipo de situaciones-límite, en el que las palabras suelen perder todo su valor metafórico y poético, adquieren en la voz de nuestro autor los tonos más desgarradores.” p.66
“En el hospital resulta desgraciadamente habitual el contacto con la muerte. Si a pesar de esta tremenda compañía se consigue escribir, y se logra, además de esa escritura, materia poética, el reto reclama el mayor de los respetos. Si la obra está bien hecha, como es el caso, merece además la total admiración.” p .66
“Por encima de todo sobrevuela la afirmación de la evidente bondad de la vida, imparable, siempre en acción, transformándose, multiplicándose: “Sin esperanza/ La vida no es posible, / y la verdad es falsa./ Sin esperanza/ La velocidad detenida,/ La quietud paralizada/ Del punto cero,/ No se hubiera convertido en tiempo,/ Y después en acción molecular,/ Territorio y energía.” p 67
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8.-Claridad en acción


(Prólogo de Francisco Nieva) Ed. Huerga y Fierro (1995). Madrid
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“...incorpora un prólogo del académico español Francisco Nieva, en el que, entre otras cosas, se afirma del autor: “Es un hombre duro, independiente, que mira hacia dentro de sí como el que revuelve en las entrañas de alguien desde la mesa de un quirófano, se analiza, se interroga y emplea el caso de las formas para contenerse, teatro de diferentes géneros, poesías...” “p. 70
“Los aspectos ontológicos y epistemológicos, frecuentes en la poesía de Vallejo, aparecen ya en las primeras composiciones, en las que asistimos al reconocimiento del ser, a la revelación instantánea del existente.” p. 70
“Se impone , por tanto la defensa de la fantasía y de la imaginación y la apelación al arte como revelación.” p. 71
“Si uno de los siguientes libros de Vallejo se llama Brujulario astral, su poesía siempre indica una salida, siempre señala un norte, un punto de orientación, un ideal.” p. 72
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9.-Sol azul


Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo. “Sol azul”
(Prólogo de Carlos Bousoño) Ed. Huerga y Fierro (1997). Madrid
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“... es prologado por el poeta y académico Carlos Bousoño, que señala: “Lo más sorprendente de Alfonso Vallejo es la amplia diversificación de su talento (...) Frente a la dicción escueta y la aparente simplicidad lineal de la escritura poemática más frecuente hoy, se levanta el ímpetu vallejiano en una barroca multiplicidad de disparos simbólicos, ráfagas incesantes de una emocionalidad que se expresa por acumulación. Todo esto nos hace sentir la suya como una personalidad indiferente a la moda, a “lo que se lleva”, lo cual es, en principio, un síntoma de autenticidad.”” p. 74
“Yo no encuentro un modo mejor de alcanzar lo que todo poeta pretende: ser el que se es. La diana está ahí. El cazador se dispone a la faena. El resultado es este libro audaz y necesario.” Carlos Bousoño. p. 74
“Sol azul es un libro condensado , de escritura apretada y milimétrica, donde se habla de la luz, de la energía que da vida a la materia, produce una combustión celular y origina la actividad del espíritu, alta expresión de la potencia solar. Nos encontramos ante una nueva sublimación de lo más esencial y elemental.” p. 74
“Frente al vacío metafísico no resulta difícil descubrir la afirmación tácita de la esperanza, la emoción y la claridad.” p. 75
“La definición personal se erige en la mejor autoafirmación frente al vacío.” p. 75
“Alfonso Vallejo, que rezuma el espíritu latino por todos los costados es, a su vez, un poeta europeo, en la total extensión y comprensión de este término. Si con anterioridad se ha hablado de su formación francesa y de su veta germánica, ahora nos muestra el punto de orientación inglesa, londinense, newtoniano.” p. 75
“Aunque nuestro autor no obvia el tratamiento de ningún aspecto de la realidad, por duro que sea, su propuesta es siempre positiva.” p. 76
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10.-Fin de siglo y cunde el miedo


Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo. 110 cm por 80. “Ursprung”
(Prólogo de Oscar Barrero Pérez) Ed. Alhulia (1999). Salobreña. Granada.
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“Algunos de ellos los enuncia Oscar Barrero en el prólogo: “Sintetizando lo dicho, podríamos resumir las preocupaciones poéticas de Alfonso Vallejo en esta enumeración que no presupone ningún orden de preferencias: muerte, surrealismo, naturaleza, tiempo, tremendismo, violencia. Más otro elemento no mencionado, pero presente desde el primer verso hasta el último: una concepción llamémosla biológica del ser humano.” p. 78
“Más que tremendistas los procedimientos de esta poesía son zarpazos a la realidad siempre atinados y pertinentes. La primera composición del libro, “Lo invisible existe” es un texto esencial no sólo de la obra de Vallejo sino de la poesía española contemporánea.” p. 78
“Ello no le impide acometer con absoluta complacencia un ensayo de deconstrucción del lenguaje, en el que la no-expresión se nos manifiesta como la expresión perfecta.” p. 79
“Alfonso Vallejo, tan tenaz escrutador de todas las capas de la realidad, no se conforma nunca con el mapa de la superficie ni con la fotografía exterior. Explora los fondos marinos, no sólo del océano, y transciende los límites siderales de las pequeñas y de las grandes cosas en esa labor de indagación que es toda su poesía.” p. 79
“Para ello aprovecha la totalidad de la potencia semántica y estilística de los vocablos, y cuando las palabras se han estrujado has el límite de su capacidad expresiva, necesita la creación de nuevos términos. Entre ellos “Mistenigma” es un logro absoluto.” p. 79
“La afirmación permanente de seguir constituye otro de sus imperativos categóricos y el autor lo expresa con meridiana claridad en “estos hilos de tinta” en los que “queda su alma disuelta”, su “carne” y su “corazón”.” p. 80
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11.-Eternamente a cada instante


Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo. Técnica mixta. “Eternamente a cada instante”
(Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo) Ed. Huerga y Fierro (2000) Madrid
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“Se evidencia ya en su título cómo la dialéctica del tiempo se construye sobre lo permanente y lo fugaz, sobre la filosofía parmenídea y heracliteana al mismo tiempo.”p. 83
“La creación en Alfonso Vallejo supone siempre una indagación en la realidad y en la verdad; en su discurso lo poético corre en líneas paralelas, secantes y tangentes a lo ontológico y a lo gnoseológico, y la fruición estética deviene en fuente de conocimiento.”p. 83
“Desde una instancia espacio-temporal muy concreta, un grito gozoso proclama la alabanza del ser. La buscada alogicidad nos da noticia de una “jeroglífica confusión” pero también de un espacio sin límites ni fronteras en el que el tiempo no impone sus leyes rigurosas. La irracionalidad de la poesía moderna, que tan sabiamente ha analizado Carlos Bousoño, atraviesa en la lírica de nuestro poeta un universo en el que hasta el caos y el desorden son proclamaciones exultantes del ser, del pensar, del amar y de la constatación de haber nacido. El tiempo recorre ahora las trayectorias filosóficas de Platón y de Kant, de Newton y Bergson, de Heidegger y de Husserl.” p. 84
“La vocación científica y filosófica de la poesía de Alfonso Vallejo es el fruto de su constatación de que, aunque parezca que se ha roto el pacto primero entre el mundo y el ser humano, como diría Martín Buber, podrías no ser y eres. Y si científica, metafísica y estadísticamente somos un puro azar, “la verdad, bendito azar””p. 86
“La escritura de Vallejo inaugura con Eternamente a cada instante una nueva época, porque en ella es posible lo imposible...”p. 88
“Pero como los auténticos creadores, Vallejo no innova de la nada, sino que encuentra en los sistemas científicos, filosóficos y literarios precedentes –y en su experiencia vital acumulada- el faro que ilumina su poesía.” p. 89
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12.-Blanca oscuridad


Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo. “Blanca oscuridad”
Huerga y Fierro Editores. Madrid 2001. Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo. Madrid.
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“La poesía de Alfonso Vallejo es un subrayado de algunas de las proposiciones wittgensteineanas y una confirmación y negación a la vez de la sentencia que cierra el Tractatus: “De lo que no se puede hablar, mejor es callarse.” Porque la temeraria pretensión de explicar lo inexplicable lleva al autor al campo de la contrapalabra.
No se trata de dictar el silencio ante aquello de lo que no se puede hablar. Es el vanguardismo en el que oímos la palabra todavía sin pronunciar, en el momento supremo de su génesis, en la explosión `primera de la descarga eléctrica que está en la base del hablar.” p. 93
“Con Blanca oscuridad nos instalamos en el reino de la “transpercepción”.” p. 95
“Ser y vivir, vivir y ser, notas que se reiteran con una sinfonía letánica en muchas de las páginas de este libro. De nuevo asombramiento ante el milagro de la escritura y de la vida.” p. 95
“Nada más alejado de la poesía vallejiana en la que el yo aparentemente más individual y particular está integrado por una pluralidad de yoes, y en la que cada uno de nosotros constituye un escenario vivo por donde se mueven variedad de actores representando infinitas piezas.”p. 96
“El enigma, que, con frecuencia, en la poesía de Vallejo linda con lo mítico, ni enmascara lo evidente, ni desvela lo desconocido; el enigma es el reto que nos incita a vislumbrar lo cierto en lo incierto, lo concentrado y sumergido en lo disperso y aparente, lo genial y lo grandioso en lo nimio y pequeño.” p. 98
“El amor, el dolor y lo hiperbólico son nuevos subrayados de la fe en la vida. El poeta deja testimonio de sus vencimientos y derrotas, pero también de sus presencias y victorias. Y entre estas últimas, la más importante sin duda, la de ser y haber sido, la de poder interrogarse por el indescifrable jeroglífico y por el deslumbrante misterio de la vida. Y cuando parece que hemos alcanzado la cumbre, un nuevo libro nos lanza un nuevo reto.”p. 99
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13.-Plutónico ser


Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo:”Plutónico ser”
Edit. Huerga y Fierro. (2002)Edición y prólogo Francisco Gutiérrez Carbajo. Madrid.
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“En Plutónico ser, escribir, crear, construir, interpretar, deconstruir son algunos de los retos e imperativos autoimpuestos para demostrar que el sinsentido puede ser alcanzado y neutralizado por el sentido.” p. 102
“Este nuevo y deslumbrante libro es un eslabón más en el intento de interpretar la realidad en sus dimensiones gnoseológica y óntica. A esta tarea- ya presente en poemarios anteriores y en su fecunda trayectoria dramática- se añade ahora la de expresar, interpretar, construir y deconstruir el fenómeno amoroso.” p. 103
“El pensamiento clásico, como explica Emilio Lledó en “La memoria del Logos” y como conoce muy bien Alfonso Vallejo, exige “la conexión sistemática de la naturaleza, de la que el hombre es elemento esencial.” p. 105
“Es un venturoso recorrido sensorial a través de toda la gama cromática y una invitación gozosa al disfrute amoroso, con una deslumbrante presencia de la carnalidad.” p. 106
“En los primeros años de este nuevo milenio se hace más necesario que nunca una vuelta a ese “plutónico ser”, nacido del fuego, causa de la fertilidad y fuente de toda riqueza, En una época teñida de nihilismos y negativismos, en la que aún se venera la cultura de la muerte, parecen urgentes una redefinición del hombre y la proclamación de fe en la vida. Todo eso y algo más es Plutónico ser: una lucha cuerpo a cuerpo con la vida, un canibalismo, un fecundo deseo, una explosión desbordante de alegría; una vuelta al individuo, al sexo, a la imaginación; un testimonio de que no hay vuelta atrás, de que en el universo todo vive, todo late, todo es pura energía; un grito, en suma, de afirmación de la poesía de la vida.”p. 109
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14.-Brujulario astral


Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo: “Brujulario astral”
Edit: Huerga y Fierro (2003). Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo. Madrid.
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“Una afirmación de fe en la vida es cada libro y cada poema de Vallejo.”p. 112
“Al introducirnos en el área de la conciencia- o consciencia, como prefiere denominarla el autor para desposeer el término de toda connotación ética o moral accedemos a la zona de la psicología profunda y de la neurología psicológica.” p. 113
“En la poética vallejiana se evidencia que no se trata de reconstruir al hombre sino de construir un hombre nuevo. “p. 115
“Nos insta, así, a hablar de solidaridad humana, de justicia, de nobleza.” p. 115
“La experiencia amorosa y la experiencia del conocimiento son las que tensan los extremos de la dialéctica clásica del ser/no ser, pero son también las que nos libran del vacío.” p. 117
“Sin olvidar lo anterior, lo auténtico de la poesía de Alfonso Vallejo es su carácter realmente singular. El estilo de Vallejo es Vallejo, y no se trata de ninguna tautología. Nadie podrá acusar a nuestro autor de no ser auténticamente personal.”p. 123
“No es el momento de trazar un mapa de la poesía española contemporánea y situar en él la lírica de Vallejo pero es justo y pertinente resaltar que en el rico panorama de nuestros días, caracterizado por una polifonía de voces, la de Alfonso Vallejo es una de las que suenan con más fuerza. A ello ha contribuido, sin duda, el hecho de que se haya atrevido a transitar por territorios hasta ahora insólitos para la poesía, desde la Unidad del Dolor de un hospital hasta la filosofía fenomenológica, desde los intrincados laberintos del cerebro hasta los macro espacios del universo o las microdimensiones de la Física Nuclear. Su indagación por estos variados espacios es un festín para nuestra curiosidad perceptiva y cognitiva.“p. 125
“El mundo científico y cultural está en deuda con quien en estos tiempos no propicios para la lírica ha sabido redefinir y renovar el lenguaje poético y ha logrado erigir la fe en la vida en la meta fundamental de la creación.”p. 125
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15.-Laberinto-Indagación 40. Edizioni dell´Orso. Bari. Emilio Coco.


en “I Quaderni Di Abanico” (2003). Trad. Emilio Coco. Antología poesía italiana con selección de los últimos catorce libros. Prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo. Levante Editori. Bari.
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16.-Transconciencia y deseo


Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo: “Mirando a la oscuridad”
Edit Huerga y Fierro. (2004) Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo. Madrid
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“Los poetas con frecuencia, haciendo un recuento de su trayectoria, publican antologías en las que seleccionan composiciones de sus libros anteriores y nos proporcionan anuncios de los futuros. Es lo que hace Alfonso Vallejo en “Labirinto-Indagine 40 (Laberinto-Indagación 40) Levante Editori, Bari, 2003). La antología bilingüe, en español e italiano, está editada por el italiano Emilio Coco- sabio y maestro en este tipo de tareas- e incorpora una extensa introducción de Francisco Gutiérrez Carbajo.
Alfonso Vallejo ha contribuido a redefinir el hueco estatuto de la lírica española, y lo ha hecho con una fuerza, una belleza y una excelencia extraordinarias. Esto queda reflejado en sus quince libros de poesía, de los que esta selección es una buena muestra, y en su intensa dedicación al menester poético durante más de cuarenta años.”p. 129
“Vallejo nos demuestra una vez más que no hay temas ni áreas prohibidas a la poesía.”p. 130
“Dicho con otras palabras, saber y amar es casi lo mismo, la ciencia se identifica con el arte. “p. 130
“Se prolonga así la exigencia del compromiso que postulaban los poetas sociales de los años cincuenta y sesenta.” p. 134
“Estamos ante conceptos fundamentales de la neurología y del psicoanálisis, que Vallejo ha incorporado con indudable tino al universo poético: Adivinación, adelantamiento, anticipación, intuición. Inventa, además, el término transconciencia, que supondría un nivel superior de sensación y reconocimiento al que se puede llegar mediante la contemplación, la atención y la purificación interna. Son ahora los predios del misticismo y del budismo.”p 136
“No resulta infrecuente que Alfonso Vallejo recurra a los términos y a los conceptos de la filosofía para expresar asuntos que difícilmente podrían ser expuestos en otro registro.” p. 139
““Al borde de mí” lleva a cabo una nueva reformulación de la situación-límite, que ya nadie, si es justo, podrá ignorar como una de las grandes aportaciones al pensamiento filosófico y literario de nuestra época.” p. 142
“El poeta inventa términos, descoyunta la morfología de las palabras y acude a las infinitas posibilidades expresivas en todas las lenguas.” p. 143
“”Transconciencia y deseo”, como decíamos al principio, es la constatación poética de que arte y ciencia son lo mismo y de que todo es uno y diverso. Como ha podido comprobarse, esa poligenia, a la que aluden varios poemas comentados se manifiesta en el policromatismo, en el abarcamiento de campos muy diversos: neurología, hospital, cerebro, mente, funcionamiento psicoanalítico de la mente, acción, filosofía, transcendencia, palabras con todas sus potencialidades, expresivas, rítmicas y cromáticas... todo el poemario- además de una profundización en el conocimiento- es un festín para los sentidos.”p. 148
“Esta poesía es un volcán, un huracán, una montaña y un torrente: hay viento, fuego, tierra y agua por todas partes. En estos elementos se sustentaba ya la filosofía presocrática y de ellos se alimenta esta poética. Esta poesía es así pero así es también el personaje Vallejo que la escribe.”p. 148
“Vallejo está definiendo en su obra importantes conceptos pero también está redefiniendo la misma entraña del lenguaje poético. No cabe duda, hay que ser valientes. Y aquí se ha unido la valentía y el tino: audaces fortuna iuvat.”p. 149
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17.-Esencia y prerrealidad


Portada: “El hombre bidimensional”. Óleo. Técnica mixta. De Alfonso Vallejo
Edit. Huerga y Fierro. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo. Madrid (2005)
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“Esta nueva entrega corresponde, en primer lugar, al desarrollo que el poeta estaba buscando desde que empezó a escribir y que podría resumirse en : indagación, aventura, riesgo, exploración del mundo que le ha tocado vivir, elucidación de su propia esencia de ser vivo y de sus íntimas vivencias personales.”p. 152
“Este proceso catártico de purificación mediante la experiencia constituye el “adelantamiento” del ser sobre el ser, tan presente en su dramaturgia, en sus creaciones plásticas y, sobre todo, en su obra poética.”p. 152
“Nos encontramos, por tanto, ante una visión personal del mundo y del ser, expresada con una de las voces más singulares de la poesía española, y sin otro canon que la propia mirada, con la que el autor “lo ha visto”, y con el instrumento de su potente escritura.”p. 153
“No se trata sólo de poesía amatoria sino de la evidencia asombrosa de que todo es sencillamente sorprendente, simplemente por ser.” p. 169
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18.-Intuinstinto y verdad


Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo. 110 por 80. “Intuinstinto y verdad”
Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo. Edit. Huerga y Fierro.
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“La obra de Vallejo, en la línea del pensamiento científico y filosófico clásicos y en consonancia con los más importantes descubrimientos actuales, nos confirma que cada uno de nosotros es quien es, según su código genético, según su herencia, en relación con el entorno. Somos un instante de materia viva dotada de conciencia, irrepetible, instantánea, propia, personal, particular.”p. 177
“Junto a la genética, en Intuinstinto y verdad asistimos a un nuevo replanteamiento del problema de la verdad.”p. 177
“Otra de las síntesis magistrales de su pensamiento se encierra en “Llamo Dios a toso esto”. El autor se pregunta cómo puede llamar a la vida, que nombre darle a la luz, a la aventura del ser, la esperanza, la ilusión, la justicia, la verdad. La respuesta se concreta así: “llamo Dios a todo esto,/ Y a la ausencia de Dios, le llamo maldad.”p. 189
“Por contraste y frente a la maldad, la defensa de la felicidad y de la vida. La vida es lo único que tenemos, la vida es la verdad, la ciencia y el pensamiento. Es el milagro.”p. 190
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19.-Fantasía y sinrazón


Portada del libro :Óleo de Alfonso Vallejo. 110 por 88. “Fantasía y sinrazón”
Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo. Editorial Huerta y Fierro. (2006)
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“La cuestión está en determinar en qué consiste lo extraordinario. El Diccionario de la RAE lo define como lo que está “fuera de orden o regla natural y común” y también como “lo añadido a lo ordinario”. En la poesía de Alfonso Vallejo adquiere otros sentidos. En sus textos lo extraordinario no es lo que está fuera de la regla, ni tampoco lo extravagante, ni lo paranormal ni siquiera lo trascendente. Lo extraordinario es sencillamente lo ordinario pero realizado con verdad, belleza, intensidad y donosura. En lo extraordinario en la obra de Vallejo están implicadas la realidad y la transrealidad, el presente y el devenir, el instante preciso y la atemporalidad, la crónica de la actualidad y la indagación filosófica, la antropología social y la anécdota de la vida diaria, la tradición clásica y el espírit moderno y postmoderno, el rechazo de la irracionalidad y la búsqueda constante de los transracional, el compromiso político y la sátira carnavalesca desenfadada, la defensa del hombre nuevo y la denuncia de la imparable aniquilación del hombre por el hombre.”
“Cada obra de Alfonso Vallejo es una enciclopedia: ningún elemento de la realidad se deja sin tocar, ningún problema sin atender, ninguna disciplina sin indagar. Accedemos así a la filosofía en sus aspectos gnoseológicos y ónticos, a la historia de la literatura y el arte, a la sociología en todos sus niveles y estratos, a la ciencia con especial atención a los grandes descubrimientos de la física, y por supuesto, a la medicina, en todas sus dimensiones, pero con singular detenimiento en el mundo de la neurología clínica...”
“Cada obra de Vallejo presenta una extraordinaria dimensión ética y un compromiso político que se acentúan en Fantasía y sinrazón.”
“Alfonso Vallejo sin dejar de reconocer los logros alcanzados por la ética del consenso, activa siempre todos los mecanismos de la ética del disenso.”
“No es fácil encontrar textos de nuestros días en los que los conceptos del límite y del no-límite hayan recibido un tratamiento tan radical como en los escritos de Vallejo. La cuerda del arco siempre aparece en ellos tensada hasta el máximo, pero a la vez las situaciones dramáticas dejan un espacio para los momentos no necesariamente trágicos.”
“En alguna otra ocasión he comparado a Vallejo con Goya. En Fantasía y sinrazón, a las pinturas negras de este creador y a las máscaras de Solana viene a sumárseles la luz de las Meninas. Como en este cuadro de Velázquez, en la obra de Vallejo se quiebra la mirada tradicional y se privilegia la multifocalidad.”
“Creo haber afirmado en algún otro trabajo- y si no lo afirmo ahora- que Alfonso Vallejo- junto con Ramón Gómez de la Serna- es uno de los autores a la vez más castizo y más cosmopolita de la literatura española. Ahora quiero añadir que Vallejo es uno de los hombres más amante de lo local y de lo suyo y a la vez uno de los individuos más errante y más nómada.”
“En esta línea, Fantasía y sinrazón constituye una nueva cima en una carrera coronada de cumbres. Una vez más el autor nos demuestra que escribe como va viviendo, porque escribir no es algo añadido en él, sino algo natural, algo implícito en su forma de concebir la vida, y que por lo tanto refleja cómo y dónde se encuentra, con todas sus interrogaciones y certezas.”
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20.- “Intramundo, quimera y pasión”. Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo. Editorial Huerga y Fierro. Madrid 2008. Edición en Enero 2008.


Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo. Técnica mixta. 100 por 81. “la mujer y la muerte”
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“Un día se sabrá apreciar en toda su justa proporción el rigor y la densidad conceptual de la obra de Vallejo y las profundas transformaciones estéticas y expresivas que ha introducido en el plano formal y estilístico. Algunas instancias, entre ellas la Real Academia Española, han reconocido y galardonado con todo merecimiento su obra, pero aún reinan en el universo cultural el aldeanismo, -en el peor sentido del término-, el pesebre y el rancho –también en su significado menos positivo- y la cicatería. Vallejo sabe, como Séneca, que la persona recta nunca se doblega, y erige –al igual que el gran filósofo Spinoza- el ánimo y el “impulso” en algunos de los motores más potentes de su obra.”
“. Cada obra de Vallejo es un ejemplo de ello y su libro Intramundo, quimera y pasión ejemplifica las funciones de nuestros centros cerebrales relacionados con las emociones y la memoria y las de los relacionados con otras funciones intelectuales más sofisticadas. Pero, ¡tranquilos!, aquí se entiende todo, y “la naturaleza de las cosas”, con alusiones explícitas a Lucrecio, se nos explica con casos clínicos, pero también con referencia a la realidad más cotidiana, la realidad que en cada lugar y en cualquier tiempo, nos delimita y nos define. Aquí conviven la filosofía con el mundo de la marginalidad –siempre elevado a rango artístico-, la gravedad con la entonación más lúdica y desenfadada.
Todo ello responde a un orden interior perfectamente trabado y organizado, aunque parezca que cada poesía va a su aire, que cada uno de los minidramas o microrrelatos respondan a un estilo y a un registro distintos. Una vez más, en la obra de Vallejo se instaura en elemento básico: la memoria, el recuerdo de lo que ha vivido. No se trata de una “búsqueda” del tiempo perdido, a lo Proust, sino de la reconstrucción de un diario poético, filosófico y vivencial. En el fondo del ser de Alfonso Vallejo late la necesidad de analizar y definir en qué consiste “este hombre nuevo” que hace falta construir, lejos de tanta hipocresía, tanta estupidez, tanta mentira política, ideológica y cultural.”
“En Intramundo, quimera y pasión el hombre es aquello en lo que se convierte. Tenemos la obligación “supervivencial” de hallar un camino basado en la solidaridad, la justicia y la verdad. Aunque parezca algo sabido y sancionado, el autor argumenta que “el que no sabe lo que busca, no lo encuentra”. No podemos permitir que se juegue con nuestras vidas. Debemos oponernos radicalmente a los grandes sistemas movidos por el poder y por el dinero. Debemos ser críticos con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea. El arte no es un entretenimiento o un simple deleite circunstancial. El arte es medicina. El arte tiene que curar o por lo menos aliviar. Tiene que “abrir”, “inventar”. Y la contribución que cada uno puede aportar a este proceso, hoy en día, es simplemente la propia experiencia, la propia sinceridad, el propio criterio y el singular punto de vista. “
.” Quizá convenga recordar que una de las grandes creaciones culturales del siglo XVIII, el Diarios de los literatos de España, -que daba cuenta de lo más importante que estaba produciéndose en la Europa de su tiempo- incluía en el ámbito de la literatura no sólo las creaciones imaginativas, sino también materias, como la historia, la medicina o la filosofía. Vallejo es en este sentido dieciochesco, como lo es renacentista por su obra proteica, abierta, y abarcadora y como lo es muy “siglo veintiuno” por su labor de anticipación científica, artística y literaria.”
Para Vallejo ”no hay nada más universal que lo singular”, y su vida, en este último año, por lo menos, ha sido vivida como total y absolutamente propia. En todo. Porque ha seguido galopando como ha podido y como ha querido. Sin servidumbres, dependencias o pactos. El único pacto que mantiene es con su profesión y con su vida.”
“Un recorrido, por tanto, por todos los caminos de la literatura y de la vida con ritmo, con gracia, con arte, con potencia. Poco o nada se le escapa al oído atento de Vallejo y al ojo penetrante del autor, dotado de una acuidad visual fuera de lo normal. La filosofía, la medicina, los grandes descubrimientos científicos, los modernos sistemas tecnológicos, todo tiene cabida en la poesía de Vallejo, que en cada uno de sus libros no olvida la enseñanza de los clásicos, pero anticipa siempre nuevas fórmulas. Las palabras viejas se cargan de nueva densidad semántica y el lenguaje se tensa como una ballesta y dispara al centro mismo de la diana. A veces el autor intenta que el centro se descentre, busca la provocación y el enfrentamiento dialéctico, pero siempre sabe desvelar, tras las tinieblas y el sopor de la noche, el aire fresco y la luz de la mañana. “
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21.- Enigma y develación.


Pintura al óleo de 100 cm por 81, de Alfonso Vallejo "Enigma y develación".
Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo.
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“DIMENSIÓN UNIVERSAL DE LA POESÍA DE ALFONSO VALLEJO
Las nuevas tecnologías han roto las fronteras espaciales e incluso temporales, y hoy los fenómenos de toda índole, especialmente los políticos, los culturales y los artísticos adquieren desde el mismo momento de su producción una dimensión global. Esta circunstancia cobra una mayor significación en las obras con vocación de universalidad, como las creaciones de Vallejo, que desde muy pronto se adelantaron a los nuevos tiempos, y, sin perder sus señas de identidad, profundamente españolas, trascendieron de la mediterraneidad al pensamiento germánico, del hispanismo de raíces quevedescas y cervantinas al mundo francés de los poetas malditos, de las construcciones goyescas y valleinclanescas españolas a las profundidades de las literaturas eslavas y a los mejores recursos del arte anglosajón.
Se impone, por tanto, trazar una panorámica sintética de las creaciones poéticas de estas últimas décadas para insertar en su contexto el último libro poético de Vallejo, Enigma y develación. Un libro que no sólo es un paso más en su ascendente trayectoria poética sino una cima de una serie de cumbres, que podría ser el colofón de una carrera brillante, pero que conociendo al autor y su obra, es un nuevo universo, que reclama ya, desde su propia construcción, la prolongación en otros universos. Es también una llave y una clave para entender lo que sucede en el entorno de la poesía occidental, un diálogo intertextual con los más importantes movimientos de la poesía contemporánea.
Sin ánimo de exhaustividad, nos parece un deber inexcusable enunciar algunas de estas corrientes, para, a la vez, interpretar el libro de Vallejo en su verdadera dimensión.
Como continuación de las vanguardias o como tendencias independientes se desarrollan diversos movimientos poéticos en Europa y en América a lo largo del siglo XX y en los primeros años del siglo XXI.
Al comenzar la segunda mitad del siglo XX en la literatura en lengua inglesa–con gran presencia norteamericana e irlandesa- se produce un repliegue hacia actitudes conservadoras. En el año 1953 es coronada reina Isabel II y muere Dylan Thomas (1914-1953). Thomas –bajo el patronato de D.H. Lawrence, según algunos críticos- estuvo a la cabeza de la corriente vitalista “Nuevo Apocalipsis”. En el año 1956 Robert Conquest y Kingsley Amis -más conocido este último como novelista- lanzan “The Movement”, con la antología “New lines” (Nuevas líneas) en la que se recogen poemas de Amis, D.J. Enrigh, Tom Gun, el también novelista John Wain y de Philip Larkin (1922-1985), uno de los más representativos del grupo.
“The Movement” (El Movimiento) supuso un retorno a la poesía conversacional y cotidiana de Thomas Hardy, aunque con una nueva sofisticación expresiva. Por estos mismos años se publica otra antología, la de “El Grupo (The Group)” donde se recogen composiciones de Peter Porter, George MacBeth y en el año 1957 Dannie Abse y Howard Sargent lanzan otro movimiento poético, “The Mavericks”, “los individualistas, los incontrolables”, y más tarde florece la “poesía concreta de letras y ruidos” en la que autores como Cobbing, empiezan a utilizar la grabadora para conseguir efectos de superposición, cambios de velocidad, etc. (Valverde, 1986: 10, 12-15).
En la literatura inglesa de finales del siglo XX y de comienzos del siglo XXI se aborda una rica diversidad de asuntos y se incorpora una variedad de procedimientos de forma semejante a lo que sucede con los movimientos poéticos actuales de otros países, a que los que sintéticamente vamos a aludir. Se introducen, así, en el universo poético elementos temáticos como los del ecologismo, el pacifismo, la globalización, la multiculturalidad, la guerra y sus males, sin obviar los asuntos aparentemente más triviales y domésticos, en una línea análoga a como aparecen reflejados por el “Durty Realism” en la narrativa. Desde el punto de vista formal se introducen procedimientos derivados de los medios de comunicación y del cine, junto a recursos ya empleados en la poesía metafísica o en la lírica conversacional.
En Norteamérica a comienzos de la segunda mitad del siglo XX se torna al formalismo del “New Criticism”, en los setenta prevalece el llamado “confesionalismo” y a partir de los setenta una “poesía reflexiva” en tono menor.
El formalismo se desarrolla fundamentalmente en torno a las universidades, que en Estados Unidos desempeñan sobre todo en estos años un gran papel en la vida poética, y algunos de sus cultivadores son Theodore Roethke, Richard Wilbur y James Merrill. Frente a este formalismo los integrantes de la “Montaña Negra (Black Mountain)”, nombre de un “collage” experimental de Humanidades de Carolina del Norte, aunque propugnan un objetivismo, lo hacen con un tono impulsivo y dionisiaco. Entre sus nombres pueden citarse los de Charles Olson –el director del “collage”, y principal impulsor-, Robert Creeley, la poeta Denise Leverton –nacida en Inglaterra- Robert Duncan y Edward Dorn. Otro movimiento poético se desarrolla en el área californiana, con los Beats de San Francisco y con Allen Ginsberg, como uno de sus principales impulsores.
De la canadiense de habla inglesa Margaret Atwood, también novelista, se han traducido recientemente al español sus poemarios “Los diarios de Susana Moodie” (1991), “Luna nueva” (2000) y “Juegos de poder” (2000). Su poesía es impecable, con un pensamiento fuerte, que armoniza al hombre con su entorno.
Entre las antologías de poesía norteamericana publicadas en fecha reciente pueden citarse “La diferencia entre Pepsi y Coca-Cola”, Ediciones Vitruvio (2007), selección y traducción de Julio Mas Alcaraz , que recoge las creaciones de poetas nacidos con posterioridad a 1940; el título de la antología es el de un poema de David Lehman; y “Poesía Norteamericana. Antología bilingüe", Editorial UGR (2007), a cargo de Esther Vázquez del Árbol y José Luis Vázquez Marruecos. En esta última se incluyen poemas de 14 autores estadounidenses muy significativos: Ralph Waldo Emerson, Henry Wadsworth Longfellow, Edgar Allan Poe, Henry David Thoreau, Walt Whitman, Herman Melvilla, Emily Dickinson, Robert Frost, Carl Sanburg, William Carlos Williams, Ezra Pound, T.S. Eliot, E.E. Cumming, y Hart Crane.
En Alemania la influencia filosófica y poética de Heidegger y Rilke determina poderosamente los movimientos poéticos de posguerra, aunque luego se vuelve a la “nueva objetividad” de los años veinte y de principios de los treinta. En la posguerra la principal figura es Paul Celan (1920-1970), obsesionado por la dimensión lingüística de la lírica. En esa misma línea, aunque no de forma tan extremada, se sitúa la poesía de Ingeborg Bachmann (1926-1973), Ernst Meister (1911-1979) y Gottfried Benn. A comienzos de los setenta se produce un resurgir tanto en Alemania Occidental como en la Oriental, a veces con tono brechtiano, documental y frecuentemente irónico. En esta última corriente destaca Hans Magnus Enzensberger. El poeta de origen lituano Bobrowski es el representante de una poesía humanista, no lejos de un cristianismo emparentado éticamente con el comunismo.
A finales de los sesenta y en la década de los setenta del siglo XX se produce un “cambio de rumbo” en la poesía germánica que va del “intimismo” a las formas de vida alternativa. A mediados de los setenta leemos en el anuario de literatura “Tintenfisch” (Calamar): “Un fantasma recorre Alemania: el aburrimiento. A los alumnos, anteriormente radicales, les causan quebraderos de cabeza los valores del debe y del haber (…) los escritores anteriormente radicales se repantigan entre los cálidos brazos de la sociedad, y desde entonces se han calmado; el resto de la población parece vivir con regularidad y sin llamar la atención, por miedo al despido” (Beutin et al. 1991: 607). En este contexto se produce el aludido “cambio de rumbo”, reflejado en una oposición a los partidos políticos tradicionales por parte de los movimientos extraparlamentarios. Este cambio influye en las obras de Bommi Baumann, Daniel Cohn-Bendit e Inga Buhmann, entre otros. La lírica cotidiana convive con la lírica política. Triunfa el programa propugnado ya a finales de la década de los sesenta por Günter Herburger: rechazo de la poesía hermética, que separa el arte de la vida, rechazo de la poesía sobre la naturaleza y las flores; defensa de la vuelta a las cosas de la vida, integración de lo cotidiano en el poema, etc. Erich Fried es uno de los autores que a finales de los sesenta pone en práctica este tipo de poesía, que es continuada por Arnfried Asted, Nicolas Born y Karin Kiwus. Se trata de una lírica de lo cotidiano, entendida políticamente en la que no se obvia la intimidad y la sensualidad del “yo”. Esta defensa de la individualidad y de la subjetividad en la RFA durante la década de los setenta será contestada en la década de los ochenta como una falta de estética, argumentando que la capacidad comunicativa de la literatura no podía reducirse a la “espontaneidad” y a la “autenticidad”. Junto al desbordamiento del yo coincide el ingreso en la lírica de asuntos como el pacifismo, la inmigración, etc., y la “particularidad lo estético” por utilizar una frase de Lukács.
Son figuras capitales de estos años Michael Krüger y el citado Hans Magnus Enzensberger, del que destacamos su relato en verso “Untergang der Titanic” (“Hundimiento del Titanic”) de 1978. Entre las generaciones poéticas posteriores destaca Volker Braun.
En los primeros años del siglo XXI el mundo germánico ha conocido una explosión en el campo artístico y cultural, en el que la reunificación de Alemania ha jugado un papel beneficioso. Hoy Berlín es una de las capitales del arte mundial y los movimientos poéticos de nuestros días conjugan lo mejor del pensamiento filosófico clásico con formas vanguardistas, derivadas en muchos casos de las artes plásticas y del teatro.
En Italia en el año 1950 se suicida Cesare Pavese (1908-1950), cuya obra puede considerarse inicialmente un intento de superar el “ermetismo”, que se valoraba por encima de toda “resistenza” estética. Pavese, influido también por la literatura norteamericana –había escrito su tesis sobre Whitman, y traduciría a Sinclair Lewis, Gertrude Stein, Faulkner y James Cain, entre otros- nos transmite en sus versos una honda reflexión ética y literaria.
Las relaciones de Mario Luzi con el “ermetismo” no estarán determinadas, sin embargo, por un compromiso social o político sino por una preocupación metafísica. El intento más serio, después de Pavese, de una poesía realista, conversacional y crítica, viene representado por el del narrador, teórico y cineasta, Pier Paolo Pasolini (1911-1975). Pasolini, Franesco Leonetti, Franco Fortín y otros poetas forman el movimiento “Officina”, en torno a la revista de ese nombre, publicada en Bolonia, y defienden el neovanguardismo y el experimentalismo. Otras vías de salidas del “ermetismo” son las propuestas del narrador Giorgio Bassani y las de Giovanni Giudici. La gran ruptura la realizan Nelo Risi y Andrea Zanzotto que diseñan un “neovanguardismo”. En la órbita de esta nueva vanguardia se sitúan el “Grupo 63” y los “Novissimi”, algunos de los cuales también son narradores, como es el caso de Antonio Porta y del más destacado, Edoardo Sanguineti.
El “Gripo 63” encontró sus principales plataformas en revistas como “Quindici” e “Il Verri” y en antologías “I novissimi” o “Vent’ anni”. La figura más señera del grupo es el citado Edoardo Sanguineti, fino crítico, narrador y autor de importantes obras como “Catamerone” o “Novissimum testamentum”.
Una variedad especial del experimentalismo la constituye el recurso del “dialecto”, empleado no en el sentido del mimetismo realista de finales del XIX y principios del XX, sino como un lenguaje en cierto sentido personal (una “parole” sin “langue”), semejante al “pastiche” de Gadda, a la jerga de las novelas de Pasolini, al hibridismo de “los novissimi”, etc. (Petronio, 1990: 1031). Entre los poetas más significativos en el empleo del dialecto destacan Virgilio Giotti, Giacomo Noventa, Delio Tessa, Biaggio Marin y Albino Piero. Difícilmente clasificable es el caso de Sandro Penna, un poeta independiente, popular, amigo de los cines y de la calle, y semejante en cierto sentido a Pasolini, y en el contexto español a Alfonso Vallejo.
En las últimas décadas del siglo XX y en los primeros años del XXI la poesía italiana conoce una variedad de registros que van desde el culturalismo hasta la canción popular y a la lírica buscadamente marginal. Siguen sonando entre estas voces los sones de Giovanni Giudici, con libros como “La vita in versi”, “Il male dei creditori”, etc., y la de Antonio Porta con “Quanto ho da dirvi” (Cuanto tengo que deciros).
Una interesante nómina de los poetas italianos actuales nos la ofrece Emilio Coco en su “Poesia italiana contemporánea (Antología)” (Coco, 2000), en cuya introducción hace referencia a otras antologías, como “La furia di Pegaso. Poesia italiana d’oggi” (Milan: Archinto, 1996), a cargo de Marco Tornar; “Nuovi poeti italiani contemporanei” (Guaraldi: Rímini, 1996), de Roberto Galaverni; “Poeti del secondo novecento 1945-1995” (I Meridiani de Mondadori, 1996), de Stefano Giovanardi y Mauricio Cucchi. En la de “Poesia italiana contemporánea” (2000) de Coco se incluyen desde los escritores neovanguardistas, como Giovanni Giudici y Alda Merini, hasta los más representativos desde 1970 a nuestros días, como Dario Bellezza, Franco Buffoni, Gabriella Sica y Lucio Zinna, entre otros. Emilio Coco ha publicado a autores españoles en ediciones bilingües, como a Alfonso Vallejo, cuyo libro “Laberinto-Indagine 40”, introdzione di Francisco Gutiérrez Carbajo (Vallejo, 2003) es ya un referente en universidades italianas y españolas.
En Portugal, como en Brasil, el modernismo tiene más puntos en común con el modernism inglés, con la modernidad, que con el modernismo hispánico, e integra en su seno las tendencias de vanguardia, que tendrán un repunte en los años cuarenta, representadas por el grupo neovanguardista surrealista. La revista “Orpheu”• sería la plataforma del modernismo, y en ella descolló la gigantesca figura de Fernando Pessoa (1888-1935), cuya estela se prolonga a lo largo de todo el siglo XX y en los primeros años del siglo XXI Gutiérrez Carbajo, 2001: 68-73). En la órbita de Pessoa gira la obra de Mario de Sá Carneiro y José Regio, que en 1927 funda la revista “Presença”, continuadora de “Orpheu”. Al margen de “Presença”, aunque afín a ella, está Miguel Torga, mientras que un nuevo modernismo con toques futuristas y surrealistas encontramos en Almada Negreiros, colaborador también en “Orpheu”. Más tarde asistiremos a un movimiento neorrealista de crítica social, propugnado por Vitorino Nemesio y Alberto da Serpa. La ciudad de Oporto es la sede del nuevo grupo de la revista “Noticias do bloqueio”, auspiciada por Fernando Guimaraes y Egito Gonçalves. El lirismo y la crítica social caracterizan los poemarios de Sophia de Mello Breymer y José Bento. En la década de los cuarenta –en una estética comparable a la defendida esos años por el “Postismo” español- triunfa un grupo surrealista, con António Pedro y Mário Casariny. En los movimientos poéticos posteriores ocupan un importante lugar la poesía intimista de Eugenio de Andrade, que escribe una composición a Che Guevara y la lírica pessoana de Alberto de Lacerda.
En la literatura rusa destaca en las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX la lírica filosófica de Arsénij Tarkóvskij, padre del famoso director de cine ruso Andréj Tarkóvskij y traductor de poesía oriental. Entre sus obras sobresalen “Véstnik” (“El Mensajero”) y “Zímnij den” (“Día invernal”). En la lírica de ideas logran una alta recepción Vadím Séfner y Evgénij Vinokurov, mientras que Olég Cuchóncev (n.1938) alcanza un merecido reconocimiento en el periodo de la perestroika, con “Vétron i péplon” (“El viento y la ceniza” y “Stichotvorénija” (“Poemas”), ambos de 1989 (Waegemans, 2003: 496).
Como en otros países, gran parte de la producción poética aparece publicada en revistas, algunas clandestinas en la época de la Unión Soviética. Uno de los divulgadores de la literatura no permitida en esa época fue el eslavista alemán Wolfgang Kasack, que en 1992 publicó su importante “Lexikon der russischen Literatur des 20. Jahrhunderts” (“Léxico de la literatura rusa del siglo XX”), que apareció en lengua rusa en 1996 con el título de “Lexikón rússkoj literatúry XX véka”.
En el año 1961 el joven poeta Júrij Galanskov (1939-1972) edita la revista “Fénix” de claro compromiso político, y por la que fue condenado a siete años de trabajos forzados en 1968. Otro de los grandes poetas de esta nueva generación es el ruso judío Iósif Bródskij (1940-1996), premio Nobel de Literatura.
Junto a las antologías florecen las canciones y los poetas cantautores, como Bulát Okudzava (1924-1997), que disfraza algunas de sus composiciones con el recurso de la sátira, como “Cërnyj kot” (“El gato negro”) sobre Stalin.
Actualmente destaca en la literatura eslava la figura de la polaca Wislawa Szymborska, premio Nobel de Literatura en 1995. En su libro “Sal”, publicado en 1962, algunos críticos descubrieron pervivencias del simbolismo. Pero la autora hace gala de una gran variedad de registros, abordando cuestiones históricas y contemporáneas. Así se pone de manifiesto en su libro “Dos puntos” aparecido en el año 2007 y traducido al castellano en ese mismo año 2007.
En el panorama poético español, en el año 1970 publica José María Castellet la antología Nueve novísimos poetas españoles en la que incluye a los siguientes nueve poetas nacidos entre 1939 y 1948: Vázquez Montalbán, Martínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina-Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero. A los tres primeros los denomina los seniors, y los seis siguientes son incluidos en la coqueluche. Félix Grande, ante la polémica suscitada por este libro, exclama: “Un fantasma recorre la poesía española”, aunque reconoce en todo el grupo la esencial preocupación por la elaboración de un lenguaje tan rico y abarcador como sea posible.
Castellet señala los siguientes rasgos del grupo: despreocupación hacia las formas tradicionales, con la excepción del ritmo versal basado en la tradición métrica castellana, empleado por Gimferrer, especialmente, y por Carnero; escritura automática, técnicas elípticas, de sincopación y de collage, introducción de elementos exóticos, artificiosidad; tensiones internas del grupo.
Alfonso Vallejo generacionalmente pertenece a esta época de nuestra poesía reciente, aunque no es incluido en la antología de Castellet, como tampoco aparecen incluidos otros muchos y magníficos poetas españoles. Pero cualquier criterio de selección siempre es respetable
Con posterioridad se han publicado ensayos y antologías que han completado la nómina de los novísimos y se han realizado estudios de los postnovísimos (Villena, 1986) y de las generaciones que les han sucedido. García Martín (1992: 112-118), después de la generación de los ochenta, distingue los siguientes movimientos o “tendencias generacionales”: la recuperación del realismo, la escuela de “Trieste”, la nueva épica, el neosurrealismo, el minimalismo y conceptualismo, el tradicionalismo y la poesía femenina.
En 1999 edita Basilio Rodríguez Cañada “Milenio. Ultimísimo poesía española. Antología (Madrid: Sial) con el propósito de “no imponer una escuela o un criterio de selección”. Intenta recoger todas las tendencias que conviven a finales del siglo XX y que marcarían las nuevas vías del siglo XXI, según el antólogo.
En Hispanoamérica durante la segunda mitad del siglo XX y en los primeros años del siglo XXI es extraordinaria la proliferación de corrientes y de movimientos. Pervive la “poesía pura” cuyo modelo se encuentra en Borges y en algunos de los poetas del grupo “Contemporáneos”. Aparece una actitud y una temática “existencialista” y se desarrolla la “poesía comprometida”, social y políticamente, que tiene en Pablo Neruda a uno de sus representantes más conocidos universalmente. A su vez se mantienen los procedimientos formales del surrealismo con los que se abordan asuntos sociales y existenciales, y en relación con ello suscita un gran interés la “poesía experimental”.
En este mapa, junto a las grandes personalidades de César Vallejo, de Pablo Neruda y de Octavio Paz, podemos citar el lirismo puro del mejicano Alí Chumacero –relacionado con los escritores de la revista “Tierra Nueva”-, la poesía conversacional y antipoética del chileno Nicanor Parra, la poesía existencialista del argentino Eduardo A. Jonquieres, la poesía social del paraguayo Elvio Romero -en la línea de Pablo Neruda-, la poesía revolucionaria en los contenidos del cubano Fernández Retamar y revolucionaria en la forma del mejicano M.A. Montes de Oca. El profesor Teodosio Fernández (1999: 185-196) lleva a cabo un recorrido por los diversos países, algunos de cuyos movimientos poéticos de estos últimos años sólo podemos enunciar.
En la línea de la citada “poesía comprometida”, y casi siempre atentos a la revolución cubana, se desarrollan varios movimientos en las décadas de los sesenta y setenta, como los que se producen en torno a la revista “Guajana” de Puerto Rico, los de protesta social en la República Dominicana o el “Manifiesto trascendentalista” firmado en Costa Rica en 1977. No hay, sin embargo, una sola dirección, sino diálogos entre “poetas comunicantes” (Benedetti, 1972) o diferencias, como las señaladas por Fernández Retamar, entre la “antipoesía” de Nicanor Parra y la “poesía conversacional” y constructiva.
Las dictaduras militares de Chile, Argentina y Uruguay de los años 70 -y el exilio-, la revolución de Nicaragua y otros movimientos en Centroamérica determinan un tipo de poesía testimonial, como la de los nicaragüenses Ernesto Cardenal y Carlos Martínez Rivas, la del salvadoreño Roque Dalton y la del guatemalteco Otto René Castillo. En Cuba, la fundación del Ministerio de Cultura en 1976 y el magisterio de Lezama Lima favorecían una renovación, pero a partir de 1980 –año en el que miles de cubanos invaden la embajada de Perú y salen hacia Miami- se recupera una “poesía trascendentalista”. Por su parte en México, la inmensa producción se orienta en dos direcciones fundamentales: la heredera de Octavio Paz, formalista y con ambiciones de trascendencia, y la seguidora de Jaime Sabines (sin olvidar a Rosario Castellanos), más coloquial. En torno a Paz y a “Vuelta”- fundada en 1977- se mueven Manuel Ulacia y Francisco Segovia, con la “poética del silencio” (Salvador, 1998), mientras que en la línea de Sabines se sitúa el “infrarrealismo” de Jaime Reyes o Ricardo Castillo, y en defensa del ecologismo destacan José Emilio Pacheco, Homero Aridjis y Vicente Quirarte (Fernández, 1999: 188).
En los años ochenta y principios de los noventa diversos escritores coinciden en señalar la atmósfera de los nuevos tiempos. La poesía se centra en los territorios de la ciudad, con la influencia de la cultura de masas, del cine, y de la música popular, del rock al bolero. Se retoman las experiencias vanguardistas, el diálogo intertextual y la metapoesía en Costa Rica, Puerto Rico, la República Dominicana, Argentina, que recurren a veces al discurso minimalista norteamericano. En Argentina se escribe contra Borges, contra Lugones, y si antes se había buscado la complicidad de Severo Sarduy y su interpretación de Lezama Lima –y de Lacan-, los jóvenes como Martín Prieto y Daniel García Helder buscan los modelos en William Carlos Williams y en otros poetas norteamericanos (Fernández, 1999: 191-192). El neobarroquismo, el experimentalismo e incluso las técnicas deconstructivas son compartidas por los cubanos Severo Sarduy y José Kozer, los argentinos Arturo Carrera y Néstor Perlongher, el chileno Diego Maquieira, los mexicanos David Huerta y Coral Bracho, etc. La variedad de tendencias aparecen recogidas en la “Declaración de Rotterdam”, en la que algunos “poetas marxistas, neomarxistas, grochomarxistas, chilenos reciclados, náufragos reunidos, hijos de Violeta y John Lennon, Huidobro y Liv Ullman”, decretan en agosto de 1981 “válidas, legítimas y necesarias todas las tendencias y escuelas artísticas, incluso aquéllas, surrealistas y románticas, clásicas y antipoéticas, realsocialistas y manieristas, chunchunquianas y cosmopolitas, nemahlerianas y retronerudianas, quilapayúnicas e intillimánicas, ociosas y comprometidas, vodka y coca-cola, de horno, fritas, pasadas y con pebre” (Bianchi,1990: 125).
Se trata de un manifiesto que desde mi punto de vista y desde otras latitudes podría haber firmado Alfonso Vallejo.
En todos los movimientos señalados ejerce una influencia decisiva la poesía escrita por mujeres, que, aunque siempre presentes en la literatura hispanoamericana, hasta ahora no ocupan el espacio merecido. Así sucede con las trascendentalistas costarricenses entre las que destaca Julieta Dobes, con Reina María Rodríguez, fundamental en la renovación de la poesía cubana, y con las reunidas en torno a las revistas “Zona: carga y descarga” (1972-1975) y “Penélope o el otro mundo” (1972-1973) en Puerto Rico. Las poetas han activado también la militancia política, como la costarricense Ana Istarú, la puertorriqueña Ángela María Dávila o la nicaragüense Gioconda Belli; han transgredido el discurso patriarcal dominante, como las mexicanas Elva Macías y Carmen Boullosa, y “han contribuido notablemente a acentuar la condición intertextual de la nueva poesía” (Fernández, 1999: 196).
La poesía cultivada por mujeres sigue experimentando una magnífica floración en los primeros años del siglo XXI. Se ha hablado, así, de la “Generación del 2000”, en la que Francisco José Peña Rodríguez distingue el “grupo de Perú”, integrado por Roxana Crisólogo, Rocío Uchofen, Alexandra Tenorio, Andrea Cabel y Mónica Carrillo; el grupo de Argentina, formado por Marcela Collins, Karina Sacerdote, Romina E. Freschi, Lola Arias y Juana Roggero; “las poetas de Nicaragua”: Gema Santamaría, Eunice Shade y Jazmina Caballero, y “las voces de Chile”: Paula Ilabaca y Gladis González. En una de las últimas antologías de poesía hispanoamericana actual publicadas, la presencia de mujeres es igualmente destacada (Salvador, 2006). En resumen, en los últimos años del siglo XX y en los comienzos del XXI, la poesía hispanoamericana ha alcanzado una variedad de asuntos y una polifonía de voces, iguales o superiores a los mejores movimientos europeos de todos los tiempos.
La poesía de Alfonso Vallejo participa de varias de las preocupaciones y de los procedimientos expresivos de los movimientos poéticos más importantes de la actualidad. Las analogías formales y temáticas con algunas de las corrientes y autores mencionados confieren a su lírica una dimensión de universalidad raramente rastreable en cualquier otro autor español contemporáneo.
El mundo de la mujer, de tanta importancia en la poesía hispanoamericana y en general en los movimientos poéticos de nuestros días, ocupa un lugar especial en la obra de Alfonso Vallejo. La mujer no como objeto sino como sujeto activo de la creación y de la vida. Alfonso Vallejo participa del “espontaneísmo” del “Grupo 63” de la poesía italiana pero también de la veta filosófica de la poesía metafísica inglesa.
Alfonso Vallejo, como el germánico Günter Herburger, rechaza la poesía hermética, que separa el arte de la vida, deja de un lado la poesía centrada exclusivamente en las flores para explicarnos los enigmas de la naturaleza y de la vida. Alfonso Vallejo es un poeta independiente, defensor implacable de su singularidad, como Sandro Penna, pero defiende la vuelta a las cosas de la vida, la integración de lo cotidiano en el poema. Muchos de los poemas de “Enigma y develación” son auténticas crónicas de la vida diaria.
Alfonso Vallejo, como los integrantes de “Montaña Negra (Black Mountain)”, propugna un objetivismo, mediante unos procedimientos en los que se combinan la racionalidad y lo científico con un tono arrebatado, impulsivo y dionisiaco. En la línea de la magistral autora canadiense Margaret Atwood cultiva una poesía impecable que armoniza al hombre con su entorno. Como los mejores poetas hispanoamericanos del momento, su escritura implica un claro compromiso con la realidad y con el texto, y participa de los mejores registros de la poesía “conversacional y constructiva”.
No estoy hablando de influencias, ni siquiera de diálogos entre“poetas comunicantes”, por utilizar la expresión de Mario Benedetti, sino de una feliz coincidencia, que se explica por la puesta al día constante a la que somete Alfonso Vallejo su creación, su pensamiento y su vida. Eso le lleva a coincidir con los mejores y a dotar a su obra de universalidad.
En este contexto se incardina “Enigma y revelación”, un paso de gigante más, como ya he señalado, en una obra titánica y gigantesca. “Enigma y Develación” encierra el “ultrafiltrado” de su vida, los temblores de su espíritu, como ya explicó en el prólogo de su libro “Más”, es decir, la crónica de sus días, el cuaderno de bitácora de su aventura personal, que en este diario poético-filosófico-científico comprende desde el 1 de Agosto de 2007 hasta el 12 de Mayo de 2008.
“Enigma y Develación” representa su gráfica clínica, su fiebre, sus fantasías, sus sueños y la síntesis de su experiencia vital durante este tiempo. En el fondo: su mundo, su abstracción eidética, su “esqueleto convertido en letra”, en signo, en trazo, en tinta sobre un trozo de papel.
Los misterios del enigma y de la develación –dos conceptos más que antitéticos, complementarios- atrajeron ya a los dramaturgos y a los filósofos griegos, y buena prueba de ello son el “Edipo Rey”, de Sófocles, el “Prometeo” de Esquilo y la “Apología de Sócrates”, de Platón. El dramaturgo, poeta, filósofo y médico Alfonso Vallejo conoce la naturaleza y la evolución de esos conceptos y los incorpora a su “corpus” poético, a esa grandiosa construcción de la “Crítica de la Razón Poética”, que constituye una vertiente de su obra.
La incorporación de tales conceptos a su obra no se presenta como algo artificioso y erudito sino como algo sencillamente natural, como algo humano, grandiosamente humano. Esto no significa que detrás de cada poesía no exista un elaborado proceso de construcción sino que Vallejo hace poesía cuando habla, cuando camina y cuando trabaja. Cada acto de Vallejo es un acto poético, porque nunca es un acto repetido, es una incesante “poiesis”, un continuo proceso de creación. Alfonso Vallejo no es el artesano del lenguaje en el sentido de la realización de un oficio meramente mecánico sino en el sentido de convertir cualquier realidad en una pieza poética.
Cuando escribe poesía, Alfonso Vallejo sólo puede vivir concentrado en la expresión “natural” de lo que le va sucediendo a él y a la sociedad en la que vive. Por eso, el contenido de sus libros poéticos, igual que sus obras de teatro y su pintura son testimonios de cómo se va inventando su vida, de hora en hora, en el entorno en el que se desenvuelve. Digámoslo una vez más: sus maestros son la vida y la realidad.
Por eso hay crónica social, recuerdos, lecturas, imaginaciones, minidramas, microcuentos, espasmos amorosos, referencias clínicas de casos que atiende diariamente, planteamientos críticos de filosofía que permanentemente lee, mordiscos astronómicos, indagaciones metafísicas en el territorio de las creencias, etc.
Si alguien le preguntara ¿qué ha sido durante este tiempo su vida? tendría que decir: Eso. Y señalaría el libro. Aventura, deslumbramiento, indagación, especulación teórica, transformación, sorpresa, abstracción.
Estas reflexiones las he expuesto en los análisis de otras de sus obras, pero en cada una de ellas adquieren una dimensión nueva y sorprendente. Con la edad las cosas se van volviendo más claras, más ciertas. Todo es cada vez más sorprendente. Nada de nostalgia. La madurez es el gran descubrimiento.
El título “Enigma y Develación” me parece un gran acierto. Refleja adecuadamente lo que figura en su interior. En el fondo tiene mucho que ver con su posición como ser humano ante la maravilla de la vida en todas sus manifestaciones y muy en concreto ante la vida consciente, que permite conocer y sentir lo que nosotros mismos conocemos y sentimos como seres absolutamente individuales, propios, únicos e irrepetibles, como nos ha demostrado la genética en los últimos tiempos.
Vallejo habla siempre de la interpretación de su propia experiencia personal frente al mundo con el que se enfrenta. Nunca especula pero está siempre especulando e indagando. Se mueve en lo concreto pero se resuelve en lo abstracto.
La Ciencia responde siempre a problemas muy concretos, pero el arte crea permanentemente problemas que no se habían formulado antes. La capacidad del cerebro es absolutamente impresionante. De ahí que casi todos sus títulos en poesía estén formulados como títulos filosóficos. “Enigma y Develación” sería un buen ejemplo de ello, así como todos los previos. El comentario de algún académico notable de que la poesía de Vallejo está basada en una reflexión sobre la vida, revela quizá un carácter profundo de la misma. La filosofía es un territorio abierto que se puede abordar perfectamente desde la poesía. Por eso el lenguaje poético puede ser cualquier tipo de discurso que se ajuste a sus objetivos. Lo mismo le pasa a la Psicología, a la Astronomía, la Física, la Medicina, la Historia o la crónica social, etc.
Alfonso Vallejo lleva a cabo esta tarea como un imperativo ético y artístico y confiesa que le hubiera gustado mucho que otros poetas lo hubieran hecho igual. No saben lo que se han perdido y lo que se están perdiendo los que no hacen de la poesía un elemento de expresión total.
Para Alfonso Vallejo, la poesía, al igual que el teatro y la pintura son sus amigos. No están ahí para ponerle dificultades sino para ayudarle a vivir. No le dan ningún trabajo. Todo lo contrario: le permiten metabolizar todas las sustancias extrañas que se forman en sus adentros al vivir. Son sus riñones, sus pulmones. Sin ellos se moriría. Y no es una metáfora más. Alfonso Vallejo es como uno de esos enfermos renales que se tienen que dializar cada dos o tres días porque si no les sube la creatinina y se mueren. El arte es supervivencia. Hay otras muchas definiciones del fenómeno artístico pero ésta es la suya y me parece muy acertada. A veces la gente le dice: “no paras; no sé de dónde sacas el tiempo”. Y él quisiera responderles que si para se cae. Como en la bicicleta. Pero además la cuestión es mucho más compleja: porque no sabe adonde va como no lo sabe nadie, aunque él tiene la valentía de decirlo. Es como ir por el Amazonas sin plano y sin destino. Guiado por su “intuinstinto” como el buen animal que somos todo. Todo le gusta. Todo le atrae. Y precisamente ése es el problema. Vivir es un extraño proceso que consiste, como sucede en la deambulación, en avanzar el centro de gravedad fuera de la base de sustentación, y poner el pie donde se pueda. Por eso, con frecuencia, uno se equivoca, pone el pie en el sitio equivocado para no caerse y a veces, cómo no, se mete la pata. Por eso, avanzar, desequilibrarse, vivir, causa placer y a veces terror. Y tiene uno que agarrarse donde se puede. Y las páginas se manchan de sangre, como ya comentó en “Más”, un libro poético anterior.
Todo le sorprende, y como buen facultativo a todo le sabe dar un saludable efecto curativo. Y tiene la generosidad de poner el remedio ante nuestros ojos. Cada uno de los poemas que sintéticamente vamos a analizar es higiénico, terapéutico, curativo.
El primero de ellos, “Hoy empieza lo real” nos coloca ya ante la admiración, ante el deslumbramiento, ante la sorpresa. Todo lo previo no era cierto. Ahora hemos accedido a la iluminación, hemos experimentado el deslumbramiento ante la belleza. Es la revelación-develación ante un tiempo suspendido, como en los grandes poemas de Juan Ramón Jiménez y de Jorge Guillén: “Un tallo se inclina dulce/y el hielo derrite el sol”. Es la ensoñación de la poesía árabe: “Suena el verde en la floresta”, impregnada de olores y sabores, de sinestesias, de paradojas sensoriales: “Calla y suena al mismo tiempo.” Es la fragmentación y la unidad de la percepción. El hombre vive el mundo como un todo y siente extrañeza ante la perfección ambivalente del verano. “¿Se ha vuelto verano el invierno?” Todo es descubrimiento: “…y llega un domingo sin vida,/como un cuchillo sin luz desgarrando los tejidos, recuerda que ayer te vi”. Y el extraordinario remate: “Que pasaste y te cogí,/ como un sueño que se atrapa desesperadamente/ a la salida de un agujero./ Que tú y yo, amor,/ doncella de blandas pisadas,/ estábamos juntos y vivos/ el Sábado cuatro en Madrid.”
La palabra poética funciona aquí como el cuaderno de bitácora de Colón ante el Paraíso por descubrir. La victoria de lo desconocido que está siendo descubierto con el lenguaje del amor.
“¿Dónde está lo que no está?” es de otra índole totalmente distinta, de carácter conceptual. El poeta se refiere a ese absoluto que persigue e ilumina la mente. Nuestro cerebro está mucho mejor preparado que nosotros. Somos como un pobre mono montado en un “super Concorde”. Nuestras posibilidades nos exceden con mucho. Por esta razón la idea de absoluto, en todo, queda constante en cualquier manifestación humana. Sabemos que algo falta siempre, que se podría ir mucho más lejos en todos los terrenos y en todas las direcciones. Tenemos una conciencia de imperfección porque somos capaces de concebir la perfección total, la ataraxía (impasibilidad), el gozo supremo, lo inalcanzable. Son tremendas preguntas de carácter metafísico o místico… Pero nada de mística de la violencia, del super-hombre o de patrañas semejantes. La creación se convierte en análisis poético de la concepción y de la naturaleza de la vida, en un ensayo de filosofía en embrión.
“Catorce de agosto y soy” es la plasmación de la Biología transformada en conciencia, en determinación y reconocimiento del propio ser, en tan sólo una partícula de tiempo, convertida en vida. Como en otros poemas del libro, asistimos a una perfecta simbiosis de biología y ontología; estamos en los límites de la Neurofilosofía, especialidad que ya se empieza a barajar en algunos centros prestigiosos. Difícilmente podría sintetizarse mejor el “el milagro de la vida”: “¿Es todo tan sólo equilibrio entre la nada y el ser?”. El poema plantea ya los importantes conceptos de “enigma y develación”, que dan título y sustentan todo el libro. Podemos acercarnos al misterio de la realidad subjetiva consciente pero sin saber por qué.
“Hay algo total en todo” es otra magnífica composición en la que se combinan sabiamente ciertos elementos de la poesía de Juan Ramón Jiménez, la lírica de Tagore, el holismo, y el tratado de Giordano Bruno, “De la causa, principio et uno”: “Hay algo profundo en todo,/ algo insaciable y eterno,/ algo infinito y extraño/ que desborda la razón, /que se revela así mismo/ y a lo que muchos,/ sin saber porqué/ llaman simplemente Dios.”
“Donde acaban las palabras” niega el argumento formulado por Wittgenstein, según el cual, “Los límites de mi mundo son los límites de mi palabra”. Para Alfonso Vallejo, como buen latino, las cosas son de otro modo: “Pienso que la vida empieza/ donde acaban las palabras/ donde concluyen los signos/ y brota la inspiración”. Estamos ante una corriente filosófica que conviene desarrollar, aunque ya Pascal Quignard, en su obra La palabra en la punta de la lengua formuló cuestiones muy interesantes en este mismo sentido: “Algo falta en el lenguaje. Por eso es necesario que lo que sea excluido de él penetre en el habla y que ésta sufra por ello. Esa es la palabra”. En el fondo se está pensando en esas “propuestas decisivas” del pensador chino de la Antigüedad Kong-suen-Long, reproducidas por Quignard: “Existen pensamientos que no proceden de ninguna parte. Hay meditaciones sin conclusión” (Quignard, 1993:73). Alfonso Vallejo lo plasma magníficamente de forma poética: “En verdad mi vida escapa,/ se me adelanta y vuela,/ como una veloz materia/ en la que consisto yo”. Y más arriba se nos había dicho: “Vivo tan fuera de mí,/ tan lejos de lo que soy/ que estoy sin siquiera estar/ y soy un ser casi no siendo”. Muchos escritores y también algún filósofo firmarían estas sentencias. “La vida se revela en ti” es una nueva afirmación de la dimensión amorosa en agosto, despejada de cualquier hojarasca romántica, mientras que “Hay algo que escapa a los sentidos” manifiesta bien claramente la inspiración que te aspira, y te muestra que tu vida se escapa fuera de ti, que estás viviendo de una forma muy limitada, físicamente; que necesitas “metafísica” y otras cosas: “¿Qué es esto?¿Qué me ocurre a mí por dentro?...¿Es lenguaje sin palabras….“¿O es la esencia misma de la noche más nocturna, /revelándose a mí/ de pronto en las estrellas/ calladamente/ como azul inspiración?”. Con cierta frecuencia, el autor utiliza revelar en vez de develar, para no convertir el poema en algo difícil de comprender.
“¿Por dónde se llega al hueco?” es una profundización en el panteísmo duro y puro, en el que cree el poeta, y que han desarrollado otros grandes escritores como Vicente Aleixandre. El universo es infinito, eterno, movido por una energía infinita, que ni se crea ni se destruye, sino que se mantiene en continua transformación. En el poema de de Vallejo se dan la mano Giordano Bruno, Spinoza y el Hegel del “Gott im werden”, cuyo pensamiento ha desarrollado en composiciones de otros libros. Aquí nos encontramos con un verdadero enigma sin respuesta ni posible revelación. El P.S., como en otras poesías, es una afirmación de fe en la vida: “Sí”. Jorge Guillén se mostró en ocasiones con igualdad rotundidad.
“Es pronto para tan tarde” implica una espléndida paradoja: “Es pronto para tan siempre, para tanta consciencia tan junta/el treinta de agosto a las tres.”. La paradoja parece implicar a su vez una aparente confusión, que no es tal: “¿En qué lenguaje se escribe la vida?”, y continúa la constatación del enigma del espacio y del tiempo: “Es tarde para tan pronto, para tanta distancia y tiempo,/ para tanta claridad.” Y la solución ante tanta metafísica sin respuesta: “Contempla el milagro de la vida, bébete un vaso de vino/ y aprende a rezar.”
Alfonso Vallejo defiende la fe y la oración como algo natural ante nuestra incapacidad frente a la infinita complejidad del universo y del cerebro. Evidentemente dando como válida cualquier aproximación a los límites de nuestro entendimiento. Habla de una vinculación personal, subjetiva, autónoma. Hay mucho de Kant en todo esto, con todas las reservas sobre Kant. La “buena voluntad” hay que mostrarla en el mundo de los tiburones, cuando te pueden comer.
“Quisiera ser capaz de Dios” nos pone ante los ojos –al igual que hacen algunos textos clásicos y otros autores de nuestros días- el mundo y el discurso de los animales, especialmente el de los perros. Los perros se enzarzan aquí en disquisiciones teológicas. No faltan las alusiones a clásicos como Garcilaso –sometido a un proceso lírico de animalización- ni a personajes del costumbrismo madrileño de la década de los sesenta y setenta del siglo XX, como “El Terrible”, un torero que iba con el Chino Torero, y al que no era raro encontrarse en la Plaza de Santa Ana de Madrid, cuando salía con su perro. El coloquio cervantino ha sido sometido a un proceso de redefinición junto a la valiente y afortunada optación de “ser capaz de Dios”. ¡El “coup de théâtre” de la plaza temblando, de las farolas moviéndose y del suelo abriéndose al final nos recuerdan unas escenas de “El estudiante de Salamanca” de Espronceda, y cierra, como un magnífico epifonema, este minirrelato.
“No consta en ningún lugar” es otro poema sustentado en un título certero y en una idea redonda. No existe fórmula, ni receta, ni sistema, ni código, ni doctrina ni programa que te permita vivir. Tu vida es algo propio, inimitable, irrepetible que tú mismo no sabes bien en qué consiste porque siempre va fluyendo, cambiando, sujeta a infinitas variaciones según las circunstancias, el azar y los estados de ánimo. En el fondo es la afirmación de la autonomía, la independencia, el modo irrenunciable de ser lo que te dé la gana y quieras: “Y si un día gozas del silencio por ejemplo,/ de la extraña paz de lo inmenso, /de las enormes distancias sin fin/ que ves en el firmamento, /si el mar te fascina,/si te maravilla el campo cuando baja el sol,/ no consta en ninguna parte/ lo que debes de sentir.” También tienes la posibilidad de “salir a la calle como puedas/ y decirle a la gente/ que te has vuelto a enamorar”.
“El calor casi no existe” nos evidencia que todo es pura y dura interpretación, estricta hermenéutica. Eres el traductor personal e intransferible de tu propio lenguaje. Tú eres tu percepción y tu mundo interior. Gadamer y Paul Ricoeur han escrito páginas magníficas sobre estas cuestiones; el autor las ha condensado en un poema soberbio, con una nueva redefinición del sino. Es el puro Vallejo: “El mundo casi no existe/Existe la fraternidad.”
Y en el remate, como en muchos poemas, un punto de humor para poner de relieve la seriedad del tema y su importancia: “Liberté, egalité, fraternité”. Oui.
En “Sincidencia y asfíctica tentación” se inventa la palabra “sincidencia”, de una raíz latina, Con el significado de elevarse hasta el otro lado, de franquear un obstáculo, de atravesar, de cruzar. Es decir, sincidencia: que no lleva a ninguna parte, que no se eleva. Y “asfíctica”, término médico derivado de asfixia. Mentación, existe en el lenguaje médico, aunque mal traducido del inglés: “mentation•. En resumen: ideas sin ideas, inteligencia hueca, muermez, pesismismo gratuito, sin fondo: “Que callen los decidores huecos,/ y aprendan lo que es amar./ Oxígeno, luz y razón./ Justicia y sinceridad./Los granujas a estudiar.” Hay aquí una clara alusión al “pensiero vuoto” de Vattimo, al postmodernismo, a la globalización, etc. En definitiva, verborrea, “logorrea”, término que se inventa el autor.
En “Te mueres cuando te toca” (“nemo nisi suo die morietur”) late un estoicismo puro y duro, una burla de la sociedad moderna: “Y si has jugado al ping-pong/ practicado el floppy-flappy, triky-traky, / eres guapo o masón, /si es tu hora de morirte/ te mueres y se acabó”.
El poema en prosa “¿Cuál es la noción de inmenso?” constituye un bloque discursivo que se refiere a las diferentes dimensiones, magnitudes e incertidumbres. Se formulan grandes interrogaciones, como en todo el libro, y se concluye: “¡Quiero que me lo expliquen¡ Llamadme a un sabio muy listo. Me voy a comer jamón.”
En “Anestesia global y horror” se nos habla del enmascaramiento colectivo, de las mentiras repetidas que se convierten en verdad. Estamos ante un mundo dirigido a distancia que te va anestesiando y quitando la capacidad de decisión crítica, la evaluación personal y crítica de la realidad. Es una inducción en masa. Algo tremendo. El control más absoluto. Y la conclusión: “Te han comido el corazón.”
“La luz en su sitio exacto” es otro poema tremendo. Clarividencia e impasibilidad, alguna forma de paz cuando has perdido al ser amado: “Y sin saber por qué,/ bajo una enorme tristeza que nadie puede consolar, /hallas una especie de clarividencia extrema,/ de alumbramiento sin par,/ como un aliento sin nombre/ que descifra lo real.” Es la purificación a través del dolor extremo.
“No me reconozco a mí” profundiza en la indagación de ese sujeto disgregado del que hablan los posmodernos, pero que ya tan sabiamente abordaron los filósofos clásicos y Pessoa: “Hoy casi no soy. Casi ni existo (…) “Mis zapatos van huecos. Sin pies ni dedos”, “Yo me dedicaba a lo oscuro, al velo negro profundo/ que detecta la mente en la razón.” “Todo se convirtió en enigma sin posible solución.” “Me fui quedando sin sombra, sin tejido en los pulmones/ de tanto respirar la ausencia entre cálculos de ordenador.” Y por contraste, la vida plena en la otra persona: “Tú sin embargo con sólo alargar las manos/ tocabas las macetas y las flores,/ la tarde era redonda para ti/ y el tiempo tan sólo un aliado,/ un amigo que te espera/ y nunca te va a fallar.”Resuenan los ecos de una “siguiriya” o de una “toná”. “Yo ya no soy quien soy/ ni quien solía de ser./ Soy un mueble de tristeza/ “arrimao” a la pared.”
“El amor va subterráneo” es otro cante espléndido, cuando acaba septiembre y “el amor va subterráneo”.No hay nada que decir. Sólo oler.
“Lo esencial es lo sin-nombre” es un nuevo canto a la vida, sustentado buena parte de él en interrogaciones rotundas: “¿O será quizás que lo esencial es lo sin-nombre,/ la plenitud del sentido/y la intuición de vida? (…) Con un poco de luz tan sólo
¿es posible la esperanza?/ Pregunto porque no lo sé”. La conclusión en el P.S. no es menos contundente: “En el hospital, lo es.”
Una vez más se expresa un rechazo radical de la vida convertida sólo en palabra o cifra. La vida es un misterio gigantesco que sólo capta un territorio que llevamos dentro y no sabemos qué es.
“Nada será nunca igual” podría haberlo dicho Heráclito, pero Vallejo lo ha formulado con claridad, contención y valentía: “Por fin todo está claro.” Hay una sensación de plenitud, de control de todos los datos y significados. El contenido de la poesía tiene que ver mucho con los estados de armonía total que se encuentra en el budismo y en algunas filosofías orientales. Clarividencia y paz. Y no se sabe por qué.
“¿Quién dice qué es el misterio?” expresa la rebeldía, la oposición radical a lo que se nos quiere imponer, a la solución fácil, interesada y ruin del enorme enigma del vivir. En cuanto se simplifica, se ponen reglas, sistemas, doctrinas, lo irracional se pierde, se anula la sorpresa: “¿Quién dice lo que es cierto?”“¿Quién debe contar mi vida?”. De nuevo “¿Qué es esto?/¿Un artefacto en un hueco?/ ¿Aire suelto sin sentido?/¿O una inmensa maravilla/ que se puede descubrir?”. Las grandes preguntas se suceden en progresión ascendente: “Qué dirá en abril cuando se vuelva roja la memoria/ como un paño de sangre/ o un dulce lamento de amor.”
“Input-Output” “Passion-Love” es un poema de amor intrincado y complejo, con términos de Economía Moderna y “Passion-Love”. Caos. Profusión. Input-output se refiere de forma indirecta al intercambio entre los amantes. Y como el autor no cree en el caos, la conclusión ha de ser sensualmente gloriosa: “¡Qué cosa más rica por Dios!”.
“Si no existiera la entropía” se interna, como otras composiciones de Vallejo, por las dimensiones y los laberintos de la ciencia, pero siempre con un tino terrible: estamos ante una magnitud física que multiplicada por la temperatura absoluta de un cuerpo da la energía degrada, o sea la que no puede convertirse en trabajo si no entra en contacto con un cuerpo más frío. Habría un desorden inconcebible del mundo si no fuera como es. Y al mismo tiempo asistimos a una deformación fantástica de la vida por la fantasía y por la imaginación. El poema también tiene que ver con las modernas teorías astronómicas sobre el equilibrio inestable del cosmos.
“Eres para mí clorofila y luz” habla de la fotosíntesis y de la respiración. La persistencia de la vida en la tierra está unida en los humanos al amor y a la pasión.
“Descendí al quinto suelo” puede parecer una bajada a los infiernos como la de Eneas para hablar con su padre Anquises, pero es más bien aquí un descenso a la profundidad de la sinrazón, del fondo transfondo. Una inmersión vallejiana. No dantesca.
“Pude no ser y fui”, como otras composiciones de este libro, constituye un bloque discursivo con estructura prosística, pero repleto e impregnado de poesía. Es un cuento fantástico y un poema de amor. De amor de entrega total, carnal, de intercambio de órganos y paisajes. Pura fantasía. Desbordamiento: “Te regalo los cedros naranja y las nubes más verdes, los océanos violetas y el corazón más blanco que tengo para ti.” “Te doy mis venas si las quieres y la garganta también si necesitas oxígeno violeta y viento de la Fuenfría cuando salga el sol. Traigo distancia en los huesos, dijiste, y largos besos para ti.”“Si eres perro, ladra. Interpreta tu vida como quieras. Ríe, sueña y fantasea. Sé tú mismo hasta los huesos. Descubre tu vida. Invéntate. Y sobre todo: no te olvides de joder.”
“¿Qué puedo hacer contra mí?” se estructura como un cuento akelarroide genéticamente determinado. Pelao “el caliente” y Romera “la sin diente” construyen una escena esperpéntica y quevediana del Madrid más castizo y puro. Es el mundo del Lazarillo, de la picaresca, de los personajes teatrales tomados de la realidad. Eso no le impide al autor terminar con un refrán alemán: “La manzana no cae muy lejos del tronco”.
“Yo te tengo que encontrar” es la expresión del instinto de búsqueda, del ansia y del encantamiento: “Estás sin estar siquiera./ Te llamo y todo responde./ Todo me recuerda a ti./ Yo te tengo que encontrar”, y “El desafío es el ser” se erige en una alucinación cargada de sentido, de preguntas esenciales.
“El año pasado en Noviembre” nos relata otra historia, con otro estilo. Es una narración fantástica, semejante a la de algunos autores rusos mencionados al comienzo de este trabajo y a las de los grandes maestros de la narrativa clásica. Todo ello desprende una melancolía intensa, con el fondo de la música de Chopin. Los versos son estremecedores: “Yo ya me he acostumbrado a vivir sin alma,/ montado en una espina vertebral sin alma ni corazón.”
“La vida es algo sagrado” es una especie de síntesis de todo el contenido del libro, de todo lo que quiere expresar y expresa Alfonso Vallejo. Es un poema definidor y definitorio: “El murmullo de las ramas,/ el aroma de las flores,/y hasta el volumen del sol/ todo siempre es un enigma,/ un brutal deslumbramiento,/todo siempre una excepción./ La vida es algo sagrado./ La vida es celebración.”
“Dime, de verdad qué es esto” formula una pregunta cósmica de deslumbrantes y complejas dimensiones. Nunca hasta ahora se había insistido en la importancia y a la vez en la extrañeza de tener una conciencia que te permite sorprenderte de la casi irrealidad de lo real.
“Rumbo, ritmo y emoción” asume nuevamente la estructura prosística para ilustrar una auto-inmersión. Es la formulación del no-Vallejo. De un no-Vallejo que sólo podría haberlo hecho y lo ha hecho Alfonso Vallejo: “Por eso salí, me fui, volé. Dejé la piel clavada al suelo y como pude me hundí hacia dentro”. “Nada de esto se comprende. Todo pudiera no ser. La vida es sólo conciencia, rumbo, ritmo y emoción”.
“Si es esto la verdad, prefiero la mentira” es un extracto magníficamente elegido del libro de Bill Bryson, “Una breve historia de casi todo”. Páginas de libros convertidas en poesía, como ya ha hecho anteriormente con el Harrison, por ejemplo. Todo es poesía. La no poesía no existe. Estamos ante un sueño o una pesadilla, pero posible. Vivimos en el equilibrio permanente de que todo puede de pronto desaparecer. El título está extraído de su obra de teatro “Monkeys”. Es la afirmación que formula Lukas, un ser dado a razonar y a analizar la realidad.
“Eres lo que no conoces” evidencia que el ser escapa a la razón, a las explicaciones psicológicas, psiquiátricas, biológicas. Somos siempre mucho más. Hay que huir de la simplificación racional de lo extremadamente complejo, como el ser: “Ayer fui quien ya no soy/ y he sido lo que no seré.” “Eres lo que no conoces./ Algo extraño y misterioso/ que sólo te ocurre a ti/ y nunca sabrás por qué.”
“Estuve donde dolía” podría ser el título de otro poema de otro libro de Vallejo, porque los escenarios que se presentan son los recorridos habitualmente por el autor. El poeta nos habla de una aventura personal real, en relación, como siempre con su experiencia. Es un poema duro, tremendo y verdadero. Y frente al “ser o no ser, esta es la cuestión”, del Hamlet de Shakespeare, la formulación de Vallejo es mucho más terrible y cierta: “Me asombra cómo la vida/ en un instante tan solo/ pasa de ser a no ser, /cambia tanto de color”. Y como contraste, el remate lúdico y carnavalesco: “Y esta sí que es la cuestión./ ¡Porrón-pon-pom”. Y la firma: William Hamlet Vallejón.
“No soy virus sino un hombre” empieza explicando biológicamente lo que son los virus y en seguida comenta: “No construyen catedrales ni rezan./ No les gusta la pintura/ y nunca han creído en Dios. Son ateos por sistema.” Se desarrollan luego profundas reflexiones científicas: “La percepción del mundo exterior/ es una elaboración de señales bioquímicas,/ de canales iónicos, sinapsis y receptores/propias de tu ser. Madrid es como tú lo ves”. Es decir, pasa a la escala de la creencia, al desarrollo molecular que nos ha convertido en hombres. Una síntesis de la esencia del ser, pero basada en la ultraestructura y una nueva definición de su aproximación a la idea de Dios: “Tengo el don de la palabra./ Puedo encontrar la verdad.”
“Mientras haya un todavía”, en medio de tantas tragedias, es un poema dedicado a la esperanza: “Mientras haya un todavía/ y te quede un poco de inocencia/ en el centro de los huesos, no pasa nada./ No temas la soledad./ Porque estás en lo cierto./ Sé tú mismo de verdad./ Sé tú mismo hasta el final.” Frente a los usos sociales inauténticos el poeta insiste en la “autenticidad”.
“El mundo casi no existe” traza un puente entre la biología molecular y el “espíritu”: “Por eso cuando te vayas (….) habrás convertido tu ser/ en enigma indescifrable,/ polvo humano sin respuesta/ camino de mares lejanos/ sin principio ni final.” Como otras composiciones insiste en la Neurofilosofía, una ciencia que tiene que dar mucho de sí. A ello sin duda contribuyen científicos y artistas como Vallejo y cuentan con la colaboración de filósofos y filólogos como este hermeneuta.
En una línea semejante se sitúa “Conciencia pasional” y sentido”, que profundiza en la Neuropsicología. Se inventa “la conciencia pasional”. De nuevo “el sentido”, de hondas raíces flamencas y de tanto rendimiento en la filosofía y en el mundo científico. Se desencadena aquí una tormenta de signos que se interpretan como se puede. Una fiesta de significado incierto pero siempre personal.
“Hemimuerte y bisección” se basa en un caso clínico real, como casi todo lo que cuenta, un caso de trombosis de carótida que anula el flujo a todo un hemisferio derecho y el lado contralateral, el izquierdo, se ha quedado muerto. Su mundo se ha partido en dos. Y con un hemidiós. Y un comentario jocoso en el P.S.
“Se hundió la Babilonia” es un poema homenaje a la soledad de Triana que cantaba Pepe de la Matrona: “Se hundió la Babilonia/ porque le faltó el cimiento…”. Vallejo habla directamente con sus lectores: “No pierdas tiempo, lector,/ ¡inventa tu propio enigma¡/si quieres volver a nacer.”.
“Por no comprender el cero” es un autorretrato satírico burlesco, mientras que “El enigma es la creencia” habla sobre ese complejo fenómeno: “Todo esto escapa a la ciencia y a la astronomía más felina/ por muchos telescopios para tigres que inventen en Japón./ Tampoco se entiende la precisión del caos vuelto armonía,/ sistemático retorno cada día con el sol”. Es un poema curioso y su campo de acción también curioso, en el que, junto a las referencia a “El Cristo de la Buena Muerte y la Virgen del Rocío” se plantean problemas a la conciencia imposibles de resolver: “El enigma es la creencia./ El hombre vive en su fe.”. Y como no es inhabitual el P.S. constituye un epifonema lúdico:” Y a “veses” en muchas “feses”.Y es cierto. Muchos de estos temas han sido evitados, sin saber muy bien por qué, han sido ignorados por la psicología, por la ciencia y desde luego por muchos artistas.
“Si el Polonio hablara un día” indaga en el caso de Alexander Litvinenko. La referencia al infierno, al Ángel de la Muerte queda contrarrestada con sus últimos escritos, con su agradecimiento a su esposa Marina, que se ha quedado con él y ese magnífico testamento de que su amor por ella y por sus dos hijos no conoce límites. También la constatación de lo terrible que puede convertirse en normal. El P.S referido a Santa Apolonia-120 funciona como en el teatro el “distanciamiento brechtiano”
“Hay locura en lo normal” nos presenta un caso clínico, el síndrome de Antón, la negación de la ceguera. También un caso de anosognosia, negación de la enfermedad. En la línea de los poemas extraídos de las crónicas diarias, esta composición recoge un caso real, el del piloto egipcio que “puso el morro hacia la tierra y en picado con todos sus pasajeros dentro.” No estamos ante sentencias sino ante la constatación de hechos reales, aunque inexplicables: “Hay locura en lo normal/ Somos locos en potencia”. Y la conclusión refleja ese mismo grado de realidad: “Lo normal en cualquier momento/ se puede volver distinto/ y llegar a enloquecer.”
Este déficit de funcionamiento estructural, de redes y circuitos es abordado por la neurología y Alfonso Vallejo lo ha incorporado de forma valiente a varias de sus composiciones. Ya no se trata del universo de los perdedores sublimado por el cine, sobre todo si los perdedores se llaman Chaplin, Buster Keaton o Humphrey Bogart sino del mundo de las carencias, que nos nutren, como las grandezas, nuestras vidas.
“Cautiverio y soledad” nos pone ante nuestros ojos y ante todos nuestros sentidos un nuevo caso clínico: el llamado “locked-in síndrome” o síndrome de cautiverio en español. Cuadro caracterizado porque el enfermo se encuentra consciente, recibe toda la información del exterior, pero no se puede mover ni hablar. En este caso concreto se trataba de un infarto provocado en una zona del cerebro llamada “protuberancia” o puente en el tronco del encéfalo. Cuadro terrible. Muerto en vida. Y lo incorpora a un extraño personaje que existió y que Vallejo conoció personalmente: la Antequerana. El nombre de su marido es inventado. Y toda la situación también. Treinta del doce del siete. Y detrás planea la voz de Dios. Es un minidrama poético extraño y fascinante por su profunda tragedia.
Al mismo campo semántico pertenecen los núcleos temáticos de “Estallido cerebral”. Un tiro en la cabeza. Estallido cerebral. Desaparición de la vida. Crónica y horror, como en otras composiciones de este libro. Y las estremecedoras preguntas finales: “¿Le queda muerte a diciembre?/ ¿Más barbarie todavía? ¿Más tiros en la cabeza? ¿Cuándo acabará el horror?”. El poema es también un ejemplo de ese compromiso cívico de Vallejo, en el contexto de la mejor poesía europea y americana.
“Hoy la vida empieza y sigue” prolonga algunos de los asuntos de la composición anterior, aunque la crónica no cierra ninguna puerta a la esperanza. Madrid resiste al pánico y a la destrucción de los profetas de la Nada: “Porque no éramos más que una pasión inútil/ accidente innecesario del azar / y existencial vacuidad.” Son perceptibles las referencias a Sartre y a su “L´homme est une passion inutile”.
“Si todo fuera lo mismo” es un poema corto y ajustado, en que libran su lucha dialéctica el blanco y el negro, las luces y las sombras, y el autor se decanta por la luz, por el sol, por Sevilla, por el enigma, por la vida.
“He renunciado a entender” es no sentir”. Un poema de amor, llave de la vida. Se entiende con el corazón, es decir con la captación directa de la vida por el cerebro, desde zonas desconocidas. La razón y la lógica son sólo mecanismos complementarios, no definitivos.
“Yo lo quisiera encontrar” es un poema corto, medido, que bien puede interpretarse como una proyección de la poética literaria, artística e incluso vital del autor, mientras que en “Hay que volver a empezar” el poeta nos muestra el testimonio del estado de confusión y perversión de sensaciones que definen algunas capas de nuestra sociedad. Como en el drama de Shakespeare, percibimos que “algo está podrido en Dinamarca”. Hay que regenerar el sistema. Hay que volver a empezar. El término “regenerar”, de tanto rendimiento en la literatura y en la política de las últimas décadas del siglo XIX, encuentra una nueva representación en la obra y en la vida de Alfonso Vallejo.
“A veces lloro sin llorar” encierra una epopeya concentrada de la angustia y de la salvación. Frente a la angustia y la tragedia, la imaginación constituye un magnífico instrumento de liberación: “…aunque parezca que estoy presente, /que soy el mismo de dentro, /resulta que me he escapado/ que estoy lejos de lo blanco, / de grandiosas junglas rojas sin puntos de referencia/ y nadie me puede atrapar”.
“Razón suficiente y verdad” nos descubre un micropunto perdido en el Universo que busca su propia razón de ser. El autor enuncia rotundas afirmaciones, que no son infrecuentes en esta poética construida por la tensión, la oposición y el contraste: “Estoy perdido y me alegro”.
“Eres carencial en mí” es un magnífico poema de amor, que no utiliza los códigos habituales de la poética amorosa, distante de esa melosidad que nos legaron algunos románticos y postrománticos. Aquí nos encontramos con otro estilo, con otra forma de definir el territorio del deseo. El título de este poema: “Eres carencial en mí” y en general del resto de las composiciones del libro son un acierto.
“Más allá del amor y del mal” nos relata un execrable acto real de violencia de género. El autor, como un cronista objetivo, precisa el hecho, el lugar el día y la hora: una mujer rumana es quemada en el Camino Viejo que va de Alcalá de Henares al pueblo de Camarma de Esteruelas en la Comunidad de Madrid. Las palabras finales son terribles: “Con lo bien hecha que estás/ sinceramente no entiendo/ que te tenga que matar./ Después encendió el mechero/ y al poco todo acabó./ El amor en el mes de enero/ vuelve la vida carbón”.
El título del gran libro de Nietzsche, que revolucionó la ética moderna, “Más allá del bien y del mal”, es objeto de reelaboración en el poema de Vallejo.
“En Júpiter hay tormentas” se describen fenómenos astronómicos que están sucediendo cuando se construye el poema. Vallejo no es ajeno a nada –excepto a la violencia, a la ignorancia y a la estupidez- e introduce estos materiales en el texto: “A Júpiter le pasa de todo. Y a mí no me pasa de nada”. No falta el detalle lúdico referido a Hacienda.
“No tengas miedo al futuro” encuentra algunos de sus basamentos en un refrán extremeño que le contó su abuelo y en una letra flamenca por siguiriyas: “Se me acabó el gusto,/ voy a vestir a mi triste cuerpo/ de un negrito luto”. Introduce además los fenómenos de la apatía y de la abulia, tan emparentados con el “tedio” de los románticos italianos, sobre todo con Leopardi pero abordados aquí desde la disciplina de la Neurología. Es decir, apatía y abulia como fenómenos que se dan en los trastornos del lóbulo frontal. Marcela, por otra parte, resulta un personaje entrañable.
“Estás aquí y lo sé” es un poema proteico, integrador de múltiples claves y conceptos: el “Erlebnis” alemán, la mística sufí, el amor en sus más profundas dimensiones, la vivencia –experiencia y concepto capital en el autor, la conexión entre el ser y la realidad subjetiva-…; mientras que “Asincrónica verdad”, además de bucear en algunos de los asuntos del poema anterior, constituye una meditada indagación en los problemas del tiempo y de la verdad. Las cuestiones gnoseológicas y ontológicas raramente están ausentes en la escritura de Vallejo.
“Tienes algo que me gusta” convoca diversas presencias, influjos y misterios asociados a la mistificación del amor. Al final, el sabio recurso de la ironía y el humor.
“Vida sin explicación” profundiza en cuestiones antropológicas, ilustrándolas con un mamífero especial, que “llevaba el fantasma de los peces en el fondo del cerebro”. Un mono capaz de moverse, de no depender de la tierra para subsistir, con capacidad de transformación: “Era independiente, capaz de amar y soñar,/ capaz de transformar su propia naturaleza/ en algo distinto y mejor. / Un mamífero intrépido y audaz. /Vida sin explicación”.
“¿Recuerdas cuando Febrero existía?” vuelve sobre cuestiones filosóficas como la certeza, el tiempo y la verdad sabiamente combinadas con un lúcido tratamiento de la experiencia amorosa: “Recuerdas cuando Febrero era cierto?/¡Qué delicia era Madrid,/ qué tierno tu cuerpo y tu piel,/ qué dulce fue nuestro amor!”
“Enigma, vivencia y verdad” desarrolla algunos de los temas capitales del universo de este libro, como el descubrimiento de la verdad a través de “las extrañas vivencias/ de seres solitarios,/ que a través del gozo y el sufrimiento,/ tienen el talento y la osadía/ de poner a su favor la adversidad.” Son los auténticos creadores, los inventores de la verdad.
“Enigma y develación”, además del título del libro, lo es también de este magnífico poema, en el que se dan cita la consciencia, la certeza, el intuinstinto, la irracionalidad y el enigma por descubrir. Una inmersión natural, en suma, en el misterio mismo del vivir.
“Tengo fe “que se me sale” reproduce una conversación entre el Taranto, un torero gitano muy poco conocido y el padre Rizos, un cura magnífico intérprete del cante flamenco, responsable de varias grabaciones, y hermano de Antonio Rizos, al que mató un toro en Bilbao. Se nos relata aquí lo sucedido en un festival benéfico celebrado en la antigua Plaza de Toros de Vista Alegre por un banderillero muerto en un accidente de tráfico cuando iba con Antoñete. El autor asistió a ese festival, en el que, entre otros diestros, toreó Jaime Ostos. Vallejo hace comparecer también a Dawkins, el escritor famoso de “El gen egoísta”. Y en ese laberinto de elementos diferentes aborda el problema de la fe: “Tengo fe “que se me sale”. “Dios existe porque sí”. Y por si fuera poco, incluye además la referencia a un “sablazo” con arte.
“Lo mismo siempre en distinto” recoge una escena fantástica entre la pesadilla y el vacío, una locura: “La Nada es literatura. Todo es siempre realidad”, y “El silencio es lo que vale” está extraído de un cante que interpretaba el Maestro: “El silencio es lo que vale/ anoche soñé contigo/ y no se enteró ni el aire”. Sobre estos elementos se ofrece el testimonio de un caso de condrosarcoma de sacro, de muerte, de ausencia. Una madre habla de las huellas de un hijo que ha fallecido. Un caso, como siempre, tomado de la realidad.
“Hacia dónde va lo oscuro” es una extraordinaria fantasmagoría filosófica, en la que los Sueños vuelven, mientras el poeta observa el cielo rojo de febrero volando hacia abril; y “Está claro que es oscuro” utiliza el contraste aparente para hacer entrar en danza la confusión, el desorden y el enigma. Nunca nada se detiene. Una espiral que desemboca en un punto sin respuesta. Utiliza la incoherencia sintáctica para dar idea de la oscuridad.
“¡Qué invención la del condón!” habla de Avicena, un extrañísimo personaje que se dice que inventó el condón. Es el filósofo árabe. Lo cuentan “el Piraña” y Paquete, dos de los hijos de Ramón el Portugués, el gran cantaor, hermano de Guadiana, también un gran cantaor y de la familia de Porrina de Badajoz. Estamos nuevamente ante un género literario por definir.
En “Hambre, instinto e intuición”, en uno de los escenarios transitados todos los días por el autor encontramos a dos enfermos terminales. Uno, posiblemente con un cáncer de estómago, se va entregando a su destino. El otro, sin embargo, pelea y sigue viviendo. Se plantea aquí la necesidad de la lucha y la esperanza. Dos polos opuestos. Como una foto velada o una micropieza silenciosa.
“El mundo ya me lo sé” ejemplifica en un legendario personaje flamenco, La Repompa, una sabiduría ejemplar: “Sin saber nada de nada/ el mundo ya me lo sé.” La Repompa, sin saber nada de nada, lo sabe todo. “La verdad para los listos./Me basta la fantasía para poder vivir”
“A ti” es una dedicatoria, que se desarrolla en un poema breve, conciso, cincelado, preciso. Un recorte magistral: “A ti/ que acabaste con la noche/ para que empezara el día”.
“Lo llevas escrito en ti” nos muestra que nadie sabe por qué existe el azar, por qué todo sucede como sucede. Es el misterio. Una nueva poesía organizada de una forma original, con otro final contundente: “Pero saber por qué tu hora te ha llegado, / lo llevas escrito en ti”.
“Enigmática implosión” nos informa de un caso clínico real de trombosis de la arteria basilar: “Enigmática implosión./ Plaza de Antón Martín en Madrid/ Doce de marzo a la seis”. Enigmática implosión. Explosión hacia dentro y todo, sin saber por qué, de pronto se acabó.
“Vida intentando vivir” es un deambular por un hospital antiguo donde había trabajado el autor: el Hospital Clínico. Hace cincuenta años. Recuerda nítidamente el peso de lo que allí había. Vida intentando vivir.
“Inconsciente realidad” tiene uno de los escenarios en las proximidades del espacio donde se desarrolla uno de los poemas anteriores, y la protagonista tampoco nos resulta extraña en este fresco vallejiano: “El cuerpo de una gitana bella en la Plaza de Santa Ana desequilibra la armonía de la realidad. Todo se fractura y reorganiza. Inserta la bella letra de la Romera y la mujer natural. Estamos, además, ante el espejismo, el desequilibrio de la realidad percibida.
“Arranca ya lo que queda” insiste lúcida y magistralmente en la postración de casos clínicos: Vivisección. Auto-autopsia: “Me partieron a trozos pequeños,/ como puntas de cristal incrustadas en silencio./ Y no me hicieron callar./ Nunca pudieron conmigo”. Y después, la salvación, el amor, la pasión: “Ponte sobre mí/ y mírame como tú sabes./ Arráncame la vida si quieres./ Coge de un lado y tira./ Llévate lo que has dejado./ Mátame.”
“Synchronicity” es la reelaboración de un concepto inventado por Jung, el psiquiatra, un concepto de “premonición” de los fenómenos. La idea de este psiquiatra no es muy transparente, y nuestro autor utiliza un caso real de una compañera, médico, que murió en un accidente de coche. El enigma. El sino.
“El delirio y lo irreal” nos sitúa ante un crucigrama-torbellino, ante un caso clínico real con fantástica disrealidad. Es un poema que deberían leer y releer muchos profesionales de la filología y de la medicina.
“¿Será todo inspiración?” ya encierra en su título toda la profundidad de la composición. El autor, como he explicado en otras ocasiones, es fuertemente racional pero también fortísimamente irracional o si se quiere sensualmente emocional. La explicación lógica de los fenómenos resulta, a veces, fuertemente insuficiente.
“Me dijo sí con los ojos, inspiratoriamente” ilustra un duelo amoroso y una navegación que hubieran realizado gustosamente Marco Polo y Cristóbal Colón. Es un poema claramente laberíntico, repleto de recovecos, de puertas y de esquinas.
“El mundo se piensa solo” es una composición, como otras muchas del libro, con títulos como sentencias, redondos, afilados, en la que, frente a la perfección de lo natural, encontramos la perversión del poder y el dinero. El “P.S., como no es inhabitual, resulta gnómico y sentencioso: “El mundo se piensa a sí mismo. Pero otros piensan por ti.”
“Neuroplasticidad y “fren” es un discurso científico en forma poética sobre la neuroplasticidad y el “fren”, puesto en la boca de una diosa del amor.
“Expansión y realidad” ilustra de forma magistral el concepto físico de expansión llevado a su plano emocional, con resonancias poéticas del italiano Ungaretti.
En “Voy a contar la verdad”, como percibimos al final, es un cadáver el que habla: “Miraba a la ventana con tanta intensidad,/ con las pupilas tan grandes/ y el cuerpo tan inmóvil sobre la blanca cama/ que daban ganas de llorar”. Lo expresa este discurso una persona, que, como se ha anunciado, posiblemente acaba de morir. Resulta muy estimulante: se intenta contar la verdad desde el más allá. Una visión panorámica: “El milagro es la vida./ Ser tú mismo hasta el final”. Nuestro personaje lo ha comprendido todo. Ha leído todos los libros, como decía Mallarmé.
En “Y luego se echó a morir”, una vieja de noventa años recapitula su vida, con paz, con serenidad y “ataraxía” y luego “se echó a morir”. En su invención o reinvención de palabras y locuciones, Vallejo emplea una feliz expresión. Con una gran plasticidad parece oírse la respiración de “la Tinaja”.
“Cierra los ojos y ve” logra apresar y expresar poéticamente la instantaneidad de la conciencia y la capacidad permanente de traspasar la realidad e inventar el mundo en el que se vive. Una vez más comprobamos que en Vallejo el arte es supervivencia. Los consejos y los verbos de percepción sensorial alcanzan su máxima virtualidad expresiva: “Mira. Acércate. Ven por aquí./ Acaba de empezar el tiempo./ Cierra los ojos y ve.”
En “¿Cómo se llama lo oculto?” aparece presentada la metafísica en el sentido aristotélico de la ciencia que está por encima de la física, mientras que “¿Es todo tan sólo instante?” ilustra magistralmente la incertidumbre, el movimiento heracliteano, con su toque lúdico al final.
“Me asomo a lo que falta” es un poema que se entiende mejor cuando van desapareciendo aquellos que han formado parte de nuestra vida: “Me asomo a lo que falta/y tengo ganas de llorar”. El poema recuerda la tremenda siguiriya de Chacón: “Por Puerta de Tierra/ no quiero pasar/ que me acuerdo de mi amigo Enrique/ y me “jecho” a llorar”. Desaparecieron Enrique el Mellizo, don Antonio Chacón, Pepe de la Matrona, Caracol… pero el cante sigue resonando en los poemas de Vallejo.
En “El ser y la “incompletud” el autor inventa un nuevo término, pero su acuñación es acertada. La filosofía aparece unida a la emoción; es decir, no hay separación entre el mundo intelectual cognitivo y el artístico emocional, tal como hoy lo muestran las investigaciones más serias, como las de Marta Nussbaum. Vallejo nos lo expresa poéticamente: “La realidad te supera. Casi como una regla./ Y si es Mayo y primavera,/ te sientes pequeño y perdido/ ante tanta perfección.”
El mes de mayo, con “los trigos que encañan y los campos en flor” es un referente muy querido por Vallejo.
“¿Es esto la irrealidad?” nos adentra en un extraordinario misterio sin respuesta, pero que resulta una maravilla, que podemos detectar e inventar. La reflexión filosófica, el pensamiento científico y la emoción poética se vuelven a conjugar con plenitud.
“Enigma y develación”es una espléndida síntesis del libro y “Sintiendo se entiende” recapitula las reflexiones y emociones diseminadas a lo largo de esta espléndida siembra poética.
“Sé tu mismo hasta el final” es la feliz sentencia conclusiva de un libro feliz y afortunado.
El autor ha tenido la fortuna de alcanzar logros poéticos deslumbrantes. Lo ha hecho con un esfuerzo que imaginamos gigantesco. Pero la situación actual no es hoy propicia a los mezquinos y ruines sino a los titanes, a los grandes, grandes en esfuerzo, en sabiduría, en valentía y en eticidad.
Antes estos afortunados destellos de la razón y de la imaginación, los lectores nos sentimos iluminados y guiados en un mundo, que sin dejar de ser enigma, cada vez, y gracias a autores como Vallejo, va desprendiéndose de algunos de sus velos. La luz se abre paso iluminando las tinieblas.
Cuando presenciamos la ejecución de una faena perfecta, cuando nos encontramos con la belleza frente a frente, cuando escuchamos el mejor cante, cuando se termina la lectura de cualquier poema de Vallejo, y sobre todo, cuando se finaliza la lectura del libro, comprendemos y sentimos que nos hemos reconciliado con la vida”
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22.- “Transvivencia y plenitud”. Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo. Editorial Huerga y Fierro. Madrid 2010.


Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo. Técnica mixta. 100 por 81. “Transvivencia y plenitud”
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“Cada una de las obras de Alfonso Vallejo es una enciclopedia condensada. Una síntesis de filosofía, de física, de astronomía, además de una construcción elaborada en los mejores talleres literarios. Una obra sin lindes ni fronteras.” p. 7
“Transvivencia y Plenitud, además de sus componentes literarios y científicos, establece un diálogo con las más importantes corrientes filosóficas contemporáneas. Diálogo de una gran riqueza y complejidad, lúcido y estrictamente necesario, ya que el afán homogeneizador de nuestro tiempo —alentado en parte por las nuevas tecnologías— llega a casi a diluir las diferencias entre las distintas tendencias e incluso entre las diversas individualidades.” P.7
“Una de las últimas obras de Russell, Investigación sobre el significado y la verdad (An Inquiry into Meaning and Truth), es la que tiene una presencia más significativa en Transvivencia y Plenitud por su tratamiento de los problemas tanto desde el punto de vista psicológico como desde la perspectiva lógica. Por su parte, Frege define las nociones aritméticas a partir de principios lógicos, y sus aportaciones teóricas se han constituido en algunos de los presupuesto fundamentales de la semántica atenta al sentido y a la referencia. Este último aspecto es reelaborado en la obra de Vallejo, en la que el “sentido” constituye una de sus preocupaciones nucleares.”p.7
“Continuando con los autores citados, si los Principia Mathemática de Bertrand Russell y el Tractatus logico-philosophicus de Wittgenstein, seguidos por los Círculos de Viena y de Berlín y por los destacados profesores de California y de otras universidades, defienden que los contenidos filosóficos han de atender a la clarificación del pensamiento, Alfonso Vallejo —rechazando con los positivistas lógicos los problemas filosóficos tradicionales, especialmente los metafísico y ontológicos— avanza un paso más y defiende la filosofía del lenguaje ordinario y la relación con otras disciplinas humanísticas y científicas. El diálogo sin límites.”. p.8
“Los presupuestos de Wittgenstein fueron desacralizados por ciertos desarrollos científicos y tecnológicos, como las computadoras, la lingüística chomskyana y la neurofisiología. En varios libros de Vallejo y especialmente en Transvivencia y Plenitud adquiere especial significación precisamente la neurología y la filosofía de la mente, que, según John Searle, superaría ya en la segunda mitad del siglo XX a la filosofía del lenguaje.” p.8
“Habermas estima que el deslizamiento de éstos hacia planteamientos estrictamente filosóficos, como sería la dialéctica negativa, pone en peligro la función diagnóstico-explicativa de la teoría crítica. Y una teoría crítica sin contenido empírico fácilmente puede degenerar, según él, en un gesto retórico vacío. Contra este riesgo nos previenen también algunos textos de Vallejo. A diferencia de la perspectiva pesimista de Adorno y Horkheimer, hay que trabajar, según Habermas, para “completar el proyecto de modernidad” iniciado en la Ilustración. A esa tarea nos animan los poemas de Transvivencia y Plenitud. Vallejo trabaja para completar el proyecto de modernidad pero también para llevar el concepto de interpretación de Habermas a campos a los que hasta ahora nunca se había trascendido. Vallejo, que conoce muy bien las situaciones-límite, se ha impuesto, como objetivo ético, artístico y vital, trascender el límite.” p. 10
“En Anosognosia total, donde se abordan cuestiones de la más reciente Neurología Cortical, el gitano diserta sobre lo incomprensible del funcionamiento de la corteza cerebral y, por lo tanto, de la interpretación de la vida. Se trata, ni más ni menos, que de una reelaboración, desde la neurología, y con un registro coloquial, de algunas de las cuestiones hermenéuticas planteadas por Habermas.”p 10
“En este sentido, la obra de Vallejo conecta con otra de las más importantes teorías filosóficas y críticas de la actualidad: la herméneutica de Hans Georg Gadamer y de otros autores. Vallejo se está siempre preguntando, interrogando, indagando, y para Gadamer preguntar es una forma de producir conocimiento. La pregunta configura, modela, establece el territorio en el que la respuesta habrá de resultar inteligible.”p11
“En este y en otros libros de Vallejo, la indagación y la pregunta están estrechamente ligadas al concepto de develación. Alfonso Vallejo coincide con Gadamer en que la verdad no está únicamente fundada sobre el método científico, sino que puede ser también desvelada a través del arte. Pero esta conciencia estética no debe concebirse separada de la experiencia histórica. El análisis de la experiencia revelada por el arte permite descubrir un modelo que tiene valor para todo devenir histórico.” p11
“Pero estamos como al principio: cuanto más se sabe más se ignora. A pesar de ello o por encima de ello, el libro Transvivencia y plenitud está lleno de toma de decisiones, de medidas terapéuticas y de críticas de muchas de las actitudes y posiciones actuales, por simples y epidérmicas. Hay un profundo cuestionamiento de lo previo y actual. Es decir actualización filosófica, según la entiende el autor, como un sistema de “puesta a punto” permanente en todos los órdenes, desde la moral a la política, al conocimiento y al ser. También quejido, de dolor y de placer.” p 14
“La mente y el cerebro no sólo están en la base de todos los poemas de este libro, sino que en varios de ellos constituyen los núcleos de sus tramas narrativas.” p 14
“Transvivencia y plenitud, con su rotundidad semántica, su grandeza estética y su profundidad filosófica, culmina un ciclo pero no cierra nada. Al contrario abre un universo poblado de infinitos mundos, por los que se nos invita a transitar, a aprender y a disfrutar. No se trata, sin embargo, de un libro de autoayuda sino de una obra imprescindible para distinguir —en las diversas trayectorias que traza— entre aquello que en la vida es accesorio y aquello que claramente resulta necesario.” p 34
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23.- Antología italiana bilingüe “Avventura-Verità.50”. Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo. Traduzione di Emilio Coco. Editorial Levante Editori.

Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo. Técnica mixta. 110 por 81. “Avventura-Verità.50”
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24.- “Tiempo silencio y verdad”. Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo. Editorial Huerga y Fierro. Madrid 2011.


Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo. Técnica mixta.
Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo.
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UN CERRO-TESTIGO DE LA POESÍA ESPAÑOLA
Francisco Gutiérrez Carbajo
Hay libros renovadores y refundadores de la lengua poética de un país y de una época. El Poema de Mío Cid, La Celestina, El Quijote de Miguel de Cervantes, Las Soledades de Luis de Góngora, Los Sueños de Francisco de Quevedo, El Diablo Mundo de Espronceda, Prosas profanas de Rubén Darío, Diario de un poeta recién casado de Juan Ramón Jiménez, Sobre los ángeles de Rafael Alberti, Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre, Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, Dos días de setiembre de José Manuel Caballero Bonald ostentan con todo merecimiento ese título en la literatura en lengua española.
Con Hijos de la ira de Dámaso Alonso presenta muchos puntos en común Tiempo silencio y verdad de Alfonso Vallejo, aunque en él se encuentran influencias de los otros libros citados, de textos de autores extranjeros, de tratados filosóficos y científicos, de relatos periodísticos y de crónicas de la vida cotidiana. El de Alfonso Vallejo es un libro renovador de la lengua poética de nuestros días, un cerro-testigo, un libro cuajado, un libro necesario.
Alfonso Vallejo no para. Siempre está en pie de guerra contra la guerra, contra la violencia, contra la anestesia moral, contra la estupidez y contra todo aquello que no hace admirable al hombre a los ojos de los otros hombres. Lo hemos dicho otras veces y es oportuno y necesario repetirlo una vez más: cada obra de Alfonso Vallejo es una proclamación de fe en la vida, una invitación a hacer las cosas bien, a pensar, a indagar, a rastrear, a disfrutar, a obrar con valentía, con gracia y con donosura. En sus creaciones no hay término medio. Tanto lo grande como lo pequeño, lo lúdico como lo grave siempre aparecen tratados con la mayor fuerza e intensidad. Se deja todo su ser en cada faena.
La poesía de Alfonso Vallejo es universal por los temas que trata –y trata todos los temas- y por lo dimensión que les imprime. Pero a la vez cada poemario puede considerarse también como un diario, que en “Tiempo silencio y verdad” abarca el tiempo comprendido desde el domingo 30 de agosto de 2009, cuando concluyó “Transvivencia y Plenitud”, hasta el 24 de septiembre del 2010. El autor puede considerarse satisfecho porque ha logrado reflejar perfectamente las “turbulencias e indagaciones” de este último año. A veces este reflejo tiene que ver con lo que postulaba Plejanov, otras con el reflejo del escudo de Perseo y la medusa, y otras con un juego de espejos admirable. Reflejos, por tanto, directos, indirectos y mixtos.
Su escritura es un rastreo por las cosas y por los ámbitos y los problemas de los hombres, pero también una investigación sobre sí mismo. En el fondo, para Vallejo, escribir poesía, tiene mucho que ver con inventarse un cuaderno de navegación, de análisis, de invención y transfiguración de la realidad diaria. De su vida más interna y auténtica. En el fondo, de su aventura.
La vida del autor durante este último año se encierra en el universo complejo, proteico y multiforme de este libro. No se he guardado nada. Sencillamente porque no ha podido. Porque la palabras de su arquitectura representan el “ultrafiltrado” del sistema que le permite vivir. Tal y como suena. No es ni más ni menos que lo que ha depositado en esta obra. Alfonso Vallejo que, como todos los hombres, es un ser lleno de limitaciones, deficiencias y carencias, se diferencia de todos porque sabe lanzarse al territorio del no-Vallejo, al campo de la especulación, de la fantasía y de la revelación con valentía y fiereza
Las palabras de Alfonso Vallejo nos producen esa sensación de asombro que provoca el misterio, que, en definitiva, no se diferencia de la fascinación que suscitan las pequeñas cosas. Y no me extrañaría que el mismo autor sintiera también la sensación de extrañeza ante sus propias palabras, ante el acoso, el ataque, la avalancha del yo contra el yo. No exageramos si decimos que se nos parte el corazón por ese estremecimiento irracional ante lo extraño, lo complejo, lo inexplicable. No exageramos tampoco si consideramos que al autor se le pueda partir igualmente el corazón.
Éste es quizá el libro más valiente de Vallejo. Igual de sincero y de verdadero que todos los suyos, pero con una fuerza portentosa. Es un libro con potencia y con pasión, pero con temple, sin acercarse volcánicamente a “la dentadura del abismo”, como decía Neruda, uno de sus autores preferidos. La fuerza es tremenda pero el ritmo casi siempre es sosegado, utilizando estilos distintos, formas literarias casi opuestas. Todo está muy pensado y bien pesado, sin metáforas o analogías innecesarias, sin asociaciones semánticas rebuscadas, que al final, a su modo de ver, convierten la poesía en un ejercicio de confitería insoportable.
Alfonso Vallejo, que es un inmenso poeta, no es un amante de la poesía en abstracto. Le seducen sólo algunos poemas de algunos poetas. Y cuando “le muerden”, sí que le muerden de verdad. El resto, o por lo menos una gran parte del resto, no coincide con lo que él entiende por poesía. Alfonso Vallejo lo ve cursi, “cascáreo”, por utilizar uno de sus neologismos. Algo epidérmico y superficial. Si la poesía no consiste en una sustancia absolutamente necesaria, en algo vital para el autor, no le emociona. Para Vallejo, como hemos escrito, la poesía es “desgarro, esencia y pasión”.
Para él la poesía no es algo extraño sino genético. Es un poeta “genéticamente determinado”. Alfonso Vallejo si no escribe o no pinta, no puede vivir: se ahoga, se asfixia. Como dice en una de las últimas poesías del libro: “La poesía es pensamiento,/ sueño, drama e irrealidad,/ interpretación de esencias,/sentido del sinsentido,/descubrimiento del mundo,/ transconciencia y emoción”.
Aunque se habla de un malestar de la cultura y de un malestar de la vida en general, hoy tenemos acceso a ediciones bilingües de prácticamente todos los tipos de poesía que se escriben en el mundo. Y antologías de las mismas. En el momento actual podemos compararnos y aprender. La conclusión que puede extraerse es que todas las antologías son diferentes. Y las poéticas individuales son igualmente diferentes. La “atomización” de la poesía parece una evidencia.
En otro libro hemos situado su poesía en el contexto universal y la hemos considerado como una de las voces más altas. De esto ya hace años y hasta ahora nadie se ha atrevido a refutarnos. Hemos indagado en las raíces de sus creaciones y en sus diferentes formas de expresión. No nos detendremos, por tanto, en esta ocasión en el análisis de “Tiempo silencio y verdad” en el contexto de la literatura española o europea actual. Sin embargo, este libro supone un punto de inflexión, un giro ascendente –hermenéutico pero también existencial- que marca una nueva interpretación de la realidad y una revisión radical de lo que ha vivido y de lo que le queda por vivir.
A finales de la década de los sesenta del siglo pasado, concretamente en 1969 aparece “El lugar de la tierra fría”. En las cuarenta y cuatro composiciones del libro se descubre el interés del poeta por la síntesis, por la economía lingüística, por transmitir lo máximo con lo mínimo, como hemos explicado en “Desgarro, esencia y pasión”. Raramente se había logrado en la poesía española el presupuesto conceptista de precisión y concisión como lo consigue nuestro autor. El poeta ya se nos manifiesta como un brillante hermeneuta. “El lugar en la tierra fría” es, así, una investigación y una interpretación de las cosas y de nosotros mismos en medio de las cosas.
Investigación que lleva aneja una actitud contemplativa ante el desarrollo casi mágico de la realidad, impregnada de misterio e interrogación. Los poemas devienen microsituaciones con intriga, minidramas sin explicación, y la realidad aparece suspendida, detenida, transcendida por la interpretación. Se trata de escenas interpretadas a través de un filtro, en transparencia, en un clima de ensoñación analítica. El autor ya había trabajado en Heidelberg en 1966, en Berlín en 1967 y 1968, en el Hospital Clínico de Madrid en 1969, y algunas de estas composiciones son testimonios del ambiente límite de hospital. Los temas del hambre, la violencia, la explosión demográfica, la crónica histórica, la indagación filosófica, las roturas de lenguaje, los cambios de ritmo, la divulgación científica y astronómica, etc. Junto a la impronta alemana aparece la huella francesa. Han transcurrido 41 años desde la escritura de ese libro, el autor ha seguido una actividad imparable, y “Tiempo silencio y verdad” no sólo condensa y desarrolla lo que se aborda en su producción anterior sino que supone una nueva vuelta de tuerca, cuando pensábamos que ya lo conceptual y lo expresivo de su obra habían conseguido el máximo grado de tensión. Tensión, en el sentido de tensado, de ajustado, aunque también en el de exaltación, en el de arrebato, de fogosidad, de excitación. Pero siempre con el ritmo ajustado, con la sensación de viajar en un coche de alta gama, en el que gracias al preciso mecanismo de sus piezas, no es perceptible lo abrupto que en ocasiones puede resultar el camino.
Pero los baches del camino existen y como otras muchas cosas, la poesía va a explotar, y en este libro ya se ha producido la explosión. Lo que sucede es que la ajustada construcción de su escritura cubre pudorosamente esa violencia con unas formas nada ruidosas, bulliciosas o estridentes. En esta sociedad, como decía un político italiano “manca finezza” (falta finura). En la obra de Alfonso Vallejo ni “manca finezza” ni “manca realtá” y ello es más admirable, cuando los asuntos que aborda rondan en muchas ocasiones con la tragedia, con las situaciones-límite, con las fronteras, con la región incierta vecina del espacio cierto de la muerte.
Puede verificarse el estallido de esta explosión silenciosa potente en cada uno de los poemas.
“Entre Biología y Ser”, mediante un estallido o una descarga eléctrica, nada estridente, nada ensordecedora en su capa latente, se resume un concepto muy importante: la base orgánica del Ser. Como es sabido, durante siglos y siglos, se ha considerado que las “funciones superiores”, también llamadas Mente, Espíritu, o Alma, radicaban en algún extraño lugar sin nombre que no pertenecía al cuerpo. Se trata de la dicotomía clásica entre alma y cuerpo, ya señalada por Platón y recogida por los tratados filosóficos e incluso médicos de la Edad Media y del Renacimiento, como en “La máquina del cuerpo humano” (De corporis humani fabrica libri septem, 1543) de Andrés Vasallo, y quedaría consagrada por Descartes con su dicotomía de la “res cogitans” y la “res extensa”. Pero esa separación tajante entre lo emotivo, lo intelectual y lo cognitivo respecto a lo material se ha demostrado falsa. El también neurólogo, Antonio Damasio, autor, entre otras obras de “La sensación de lo que ocurre (2001)”, “El error de Descartes” (Crítica, 2001), “En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos” (Crítica, 2005), lo acaba de ratificar en su reciente libro “Y el cerebro creó al hombre” (Destino, 2010).
“Tiempo silencio y verdad” empieza, así, por la constatación de la enorme sorpresa que produce en el neurólogo el hecho de que las lesiones estructurales del cerebro se manifiesten por una sintomatología de “expresión” espiritual. Pérdida de la capacidad de abstracción, del sentido del “yo”, de la fantasía, del humor, de la “ideación”, etc (por ejemplo en las demencias). En este contexto, “Entre Biología y Ser”, se erige en un poema concentrado, explosivo y potente. Al autor no le debió de resultar fácil su escritura. Se trataba de resolver en poesía, con términos amorosos, un “manifiesto” biológico-esencial. Evidentemente dejando la puerta abierta a cualquier otra interpretación: “Entre Biología y Ser/ hay un abismo sin fondo”.
El poeta imprime un primer giro hermenéutico, y en “Hoy me operan de Infinito” encontramos una referencia satírico-burlesca a Giordano Bruno. Y como siempre, el “deslumbramiento” ante la evidencia de lo impresionante de la dimensión cósmica de la realidad: “Que he enfermado de Infinito/ y lo tienen que sacar/...“¡Nada¡ ¡Que soy inocente¡/¡Que soy víctima de la Vía Láctea,/ con sus 200.000 millones de estrellas, leche!” Como veremos en otras composiciones del libro, estamos ante una micro-pieza teatral.
En un registro distinto a los poemas anteriores se inscribe “Sólo creo en la bondad”.
El autor afirma que el logos, su palabra, surge “desde el ser que no entiende, desde el animal aislado, sometido a las mareas y a los golpes de mar”. No entiende las ecuaciones. Las palabras se le escapan. El cosmos es un misterio: “Lo digo como lo siento. Sólo creo en la bondad.”Si en ese poema se nos habla de que “lo esencial consiste en el fuego, en el aire abierto muy cerca del pulmón y también en el amor”, en “¿Dónde está lo que no está?” el componente amoroso adquiere una nueva dimensión. Una dimensión místico-amorosa. Podría parecer que no tiene que ver con Santa Teresa o con San Juan de la Cruz, pero sí que engarza con esta noble tradición. Se trata del mismo hueco trasladado al amor. Junto a ello, astronomía pura interpretada por un órgano extraño que se ha desarrollado en la Tierra, por una extraña mezcla de evolución y mutación genética (posiblemente): el cerebro. “Ces espaces infinis m´écrasent” (Pascal). Enlaza también con el asunto de los universos múltiples y con muchísimas otras cosas.
“Consciencia sensorial y ser” es un auténtico cuadro goyesco: “Observo el respirar de un filosófico perro con la lengua fuera”. Es también una estampa relacionada con el ciclo de las estaciones, íntimamente imbricado con los ciclos de la vida, y que no resultan ajenos a las preocupaciones de Vallejo: “Que llegara el otoño de pronto,/como una rotura de tiempo en Madrid,/ y el Retiro se encendiera,/que no se parase la vida/ y la percepción del mundo/ fuera sueño y claridad.
”Si nuestra enciclopedia no nos lleva a error, el poema debió de ser escrito en septiembre, en el tránsito del verano al otoño. Como en otras ocasiones, la Filosofía se imbrica con la Biología: “La realidad es sorpresa,/ energía ultracompleja,/ casi sueño e irrealidad,/ consciencia sensorial y ser/ sin posible explicación.”En “Hay algo profundo en todo” percibimos de nuevo la sorpresa de que la realidad haya podido ser re-inventada por el cerebro: “Es que de pronto y sin saber por qué / comprendes que has comprendido,/ sientes que se te acaba el aire/ y no puedes respirar./ Porque hay algo total en todo…”
Lo sorprendente no es sólo que exista la consciencia sino que esta consciencia sea propia y personal. Además que se identifique con uno mismo. También se hace referencia a los límites de la percepción y de la dimensión casi inexplicable de la propia realidad.
Como un desarrollo del anterior puede considerarse “Cuestionar lo incuestionable”. Estamos, ni más ni menos que ante los límites sin límites. La dimensión por fuera. La cuestión de lo incuestionable. Lo imposible de entender. Podemos entender que no entendamos. La misma razón nos abre el campo de la sin-razón.
Con ello engarza “Falsa certeza y verdad parcial” donde presenciamos, entre otras cosas, la realidad transfigurada de la amada: “Eres casi invención, efímera percepción de tiempo,/ espacio sin concluir,/ armónica materia invisible,/ producto de la imaginación”
.El problema de la verdad y de la certeza es uno de los núcleos fundadores de la filosofía y en esta composición presenta una magnífica ejemplificación: “El mundo es parcial y completo. Absoluto y transitorio./ Tan sólo falsa certeza y verdad parcial.” La estructura también se sustenta en la oposición de contrarios. Y junto a este impresionante campo conceptual, la intriga y la fascinación de un relato sangrante, de piratas: “Por eso voy como voy, a trozos sangrientos sueltos,/ por el borde de una noche sin estrellas,/ sin brújula ni dirección,/ en la extraña incertidumbre de la media luz.”
Decíamos al comienzo que Alfonso Vallejo nunca para, que nunca se detiene. En este proceder se encuentra en consonancia con el cosmos, como se manifiesta en “Nada nunca se detiene”. Es la crónica de un temblor de tierra en China, pero con interpretación dantesca: “Los insectos notan que la tierra se va a desintegrar/ y guardan silencio en el aire…”
Lo anecdótico del destino lo lleva a conectar con otro accidente ocurrido en Palma de Mallorca al derrumbarse un edificio: ““Un albañil se salvó porque “jugaba al parchís” fuera de casa./ Paula Valencia evitó el accidente…” Es la fuerza del azar. Y la vida y el movimiento siguen: “Gira el universo imperturbable”. Es la indiferencia del cosmos ante los acontecimientos humanos: “Nada nunca se detiene./ Todo acaba de empezar”. La plasticidad de la pintura se combina con la profundidad del pensamiento. Estamos ante un cuadro de Brueghel, con interpretación filosófica. Lo abstracto e inmaterial se corporeiza y toma vida: “El destino titubea. No sabe si volver a matar”. Entre las muchas evocaciones podría citarse la de “El séptimo sello” de Bergman.
“Stromboli” es la crónica de la erupción volcánica: “Irrupción de la incertidumbre reglada/ en la masa de la sangre./ Siempre de nuevo otra vez”, pero también el relato de Robert Enke, de 32 años, portero del Hannover y de la selección alemana: “Verdad sangrienta y cierta/ sin posible explicación.” El reto es inevitable: “Sólo podemos seguir./ Y buscar la claridad.” Muchos otros asuntos pueden ser desvelados aquí, existenciales y míticos: Albert Camus y el mito de Sísifo.
“En el alma del papel” se acude a la resolución de las situaciones-límite mediante la escritura, la expresión y la creación. Alfonso Vallejo ha cultivado diferentes formas de expresión poética a lo largo de los últimos cincuenta años. Parece que siempre tiene un estilo distinto, pero siempre es Vallejo, porque Vallejo es distinto de los demás y de sí mismo: Vallejo es Vallejo, el no-Vallejo y el contra-Vallejo. El estilo se crea según lo que quiere expresar. Este es uno de los principio clave de su actividad poética. Es policromático, imprevisible, múltiple.
En “La materia está vacía” el autor demuestra que esta afirmación no es un juego de palabras, sino una evidencia científica que refiere con datos objetivos: “¡Es un hueco que se mueve¡ ¡Recoño¡/ ¡Con gravitación e inercia¡”. Esto puede parecer una broma pero es una absoluta realidad: “Sólo el 5% de nuestro universo está formado/ por materia másica ordinaria.” La ciencia es más artística que el mismo arte. Y la gran certeza: el amor. El trigo rubio.
El asunto de la materia también se aborda en “Hoy vengo de mí sin mí”, donde de nuevo nos sobrecoge el misterio: “Hoy vengo de mí sin mí./ Vengo de una antimateria convertida en realidad. Alfonso Vallejo ya ha aportado muchas palabras nuevas al castellano y a otras lenguas. En “Internity” se inventa la palabra en inglés. Porque de hecho no existe. Pero debería existir. Es preciosa. Y ahora ya existe. El poema es un microdrama, un cuento de amor: “¿Recuerdas el mes de Noviembre…?” Como hemos comentado con anterioridad, el autor es un testigo de todo lo que sucede en el mundo y lo plasma en su escritura, y nos expresa también lo que le sucede a él mismo en este excelente diario. Empezó el libro en septiembre y la narración ya está situada en el mes de noviembre.
Una nueva palabra se inventa en “Costracismo, barbarie y confort”. Aquí introduce la palabra “costracismo”. La composición es un vallejarre extraño de un neurólogo acostumbrado a detectar la enfermedad por la simple Inspección. Un hombre medieval. Pero, además, un ciudadano del siglo XXI sometido al terror urbano, y testigo fiel de cuanto sucede a su alrededor: “Sabíamos que en cualquier momento nos podían atacar… Como en otras ocasiones nos encontramos con un género literario difícil de precisar. Nos evoca el mundo de Buñuel este cuento fantástico en el que Hacienda controla la respiración de los sujetos: “La mitad del mundo moría de hambre a lo lejos, casi sin ser vistos, como en cierta irrealidad deshonrosa y vergonzante,/ en la que era mejor no creer”. De esa cierta irrealidad pasamos a “La realidad inventada” en la que un enfermo politraumatizado como consecuencia de un accidente de tráfico se despierta del coma y aterriza en el mundo. Lo redescubre y lo inventa: “Y sin darse cuenta siquiera,/ cerró los ojos de pronto/ y el mundo se le apareció.” Parece un título de novela. Y el desarrollo, un relato fantástico de literatura imaginaria. No está muy alejado de su obra de teatro “Panic”.
En “Apoptosis-ruiseñor” una niña se encuentra en una situación extrema, pre-agónica, por una hemofilia que ha empezado a sangrar. De ahí la referencia a la mutación genética. Su visión deficitaria, por la pérdida de sangre, le suministra una imagen policromática y móvil del campo. Las violetas estallan. Se observa que “la apoptosis no era más que muerte celular programada, /un suicidio celular controlado/ y que los carneros no lloraban porque no les dolía.” Ante este escenario absolutamente escalofriante de una niña sangrando, sin que la sangre pueda coagular, aparece un ruiseñor y anuncia la primavera en noviembre, que seguramente sería el mes en el que estaba escribiendo el poema: “Y el mundo volvió a girar./ “Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad” dijo Gottfried Leibniz. / Y la niña dejó de llorar.” No estamos ante la redefinición o reelaboración de un cuento de Edgar Allan Poe sino ante la trascripción de un caso clínico real.
En “Todo es siempre circular” se evidencia que “todo está programado: “Todo es instinto, memoria intrínseca repetida…” La memoria intrínseca se refiere a la que llevan los mismos sistemas cerebrales sin que nadie sepa por qué. Ni cuál es ese tipo de memoria, ni cómo se auto-regula, ni cómo cambia con la edad, ni nada de nada. Un sistema de sistemas que rota y sigue. Conclusión: cuanto más se sabe más se ignora.
La escritura de Vallejo está llena de puertas que conducen a espacios con otras puertas, que, a su vez, nos llevan a otras puertas. Este espacio más es más complejo que el laberinto de Borges, como se manifiesta en “Puertas que dan a puertas”. Es la esperanza implacable de la vida que nunca para, que abre constantemente espacios nuevos y sorprendentes: “Conoces el laberinto interno/ de puertas que dan a salidas,/ al campo abierto, también a la fantasía/ y con frecuencia/ a tu propia verdad.” Es una síntesis muy correcta de la evidencia aportada por un clínico al que le gusta no creerse demasiado lo que dicen los pensadores de despacho, los religiosos, los videntes y los listos.
Vallejo consigue la simbiosis de los elementos que pueden parecernos más contrapuestos como sucede en “El arte, la ciencia y la fe”. Las afirmaciones se mueven en esa misma y rica dialéctica: “Cada hallazgo da a un vacío./ Cada vacío a un abismo,/ que desemboca en un hueco que se hunde más allá.” Una síntesis del enigma formado por el conocimiento, la inspiración y la fe. Todo es igual y desemboca en un misterio. No es un “Discurso del Método” cartesiano. Ni siquiera un discurso. Solamente una evidencia. Las interrogaciones estallan con delicada contundencia: “¿Quién le puso ritmo al mundo? ¿Quién el olor a Diciembre?” El diario continúa y se nota que el invierno avanza.
En “Todo tan simple y complejo” un preso gitano lee un libro desde la celda: “Fundamentos biológicos de la conducta.” Comenta fragmentos de lo que lee. Datos ciertos de la extrema complejidad bioquímica de nuestro cerebro. Mira por la ventana. Se puede llamar “el Loco”, quizá un artista que ha cometido un crimen pasional en Japón en algún tablado. La narración sencilla y de gran plasticidad se articula con una contundente interrogación: “De pronto pasó un falucho. Y después una goleta (…) ¿Se puede saber por qué hacemos lo que hacemos sin saber por qué?” Se trata de una de las grandes preguntas que resulta necesario formular. Un apunte de Neurofisiología en un contexto carcelario y pasional. Una estampa peculiar. Una mezcla poco habitual.
Las reflexiones filosóficas sobre el paso del tiempo se combinan con el relato fascinante y los diálogos estremecedores en “El gen, el azar y el ser”. Una gitana, “Pastora la Trapo no podía saber nada/ de las mutaciones frameshift, missense y nonsense/ porque era “alfabeta” y sólo hablaba caló (…) “Estaba a punto de “desembuchar/ y rezaba al santo cielo.” Pensaba: “Dios me tiene que amparar”. Parió un niño sin brazos. Mira a su hijo “el Pirata” y se pregunta: “¿Dios mío qué te he hecho yo?” Su hijo dice “¿Cómo voy yo a jugar con este tío?/ Si no va a poder ni sacársela para mear (…) “¿Será que el azar va en nuestra contra,/o de una “random” mutación con mala leche, madre?” El Pirata sorprendentemente utiliza terminología médica de última hora médica, una mutación “al azar”¿Un castigo divino? ¿Dónde estamos?“¿Por qué pasa lo que pasa/ si no debería pasar? …“Who knows”. ¿Cuál es el orden del mundo? ¿Hay algún tipo de orden o destino?
“Podría no ser y es” presenta una estampa de un abuelo “con más años que la tos”. Se encuentra al lado de su nieta, de tres años, que se está muriendo, vigilando los sueros. Y se interroga con toda la razón: “Pero lo que de verdad no entiendo/ es que yo con más años que la tos/ me encuentre aquí en perfecto estado, / y tú sólo con tres/ te estés muriendo a mi lado”. Son las paradojas de la vida. La naturaleza es amoral. O mejor… indiferente a los juegos del azar y la fortuna.
Una situación en cierto sentido semejante a la anterior nos la proporciona el cuento de amor “Se amaban a manos llenas”: “Por eso cuando ella murió, /él pensó que ya era tarde. /“Ya no quería vivir.” Hay una clara referencia a la cabal de Silverio: “Ábrase la tierra/ no quiero vivir./Que pa vivir como estoy viviendo/ prefiero morir.”El poema “¿Qué hace un Ich sin un buen Es?” indaga en la psicología profunda, en las cuestiones que plantea Sigmund Freud sobre el Yo y el Esto: “Sigmund Freud habló del Ich./ Y después del Es”. Esta disquisición sobre “El Esto y el Éste” se combina con el relato de Scott y sus cuatro compañeros congelados en la Antártida en 1912. Se da paso luego a Antonio González muerto de una cornada en el cuello y a “el Chorbo”, un reventa de toros, con su referencia al cocido que ponían en la calle Quevedo. Todo es reflejo de una realidad. Primero: la realidad. La especulación, después.
La pura sátira impregna “Si el sol te resulta inútil”, aunque nunca falta la simbiosis de lo lúdico con lo grave, como se manifiesta en el ese control del individuo por “mentes enfermas/ que se han educado en la sombra”. La conclusión es perfecta y la suscribo en su totalidad: “¡Cuánto hijo de puta hay suelto!”
Sabemos que no sólo existe el mal sino que con frecuencia triunfa la maldad, como en ese episodio de una mujer que ve morir a todos los suyos por un atentado con coche-bomba, que se narra en “Somos historia que piensa”. Es difícil olvidar esos hechos aunque se intente: “Quería aprender a olvidar”, intentar perdonar, pero somos historia que piensa, como formularon José Ortega y Gasset y los grandes pensadores alemanes.
“Más allá de los zapatos” relata un hecho real ocurrido en el Himalaya a un montañero, con la espalda rota y los dedos congelados después de una caída. El montañero fue rescatado por un helicóptero cuando estaba a punto de morir, y el poema, como en otras ocasiones se hace testigo de estos hechos. Es la épica de la conquista de lo imposible, el espíritu de superación y de aventura. Las impresiones finales de un hombre que “Había cumplido con un sueño. Había llegado hasta allí.
”El título de “El don de la inmovilidad” podría parecer una paradoja en un autor en continua actividad, en un incesante movimiento, pero no existe ninguna “contradictio in terminis”. Este poema, como todos, está animado por un permanente dinamismo. El primer episodio de “pensar hacia dentro, hundirme en mí mismo” constituye un dinamismo interno, una reflexión y una búsqueda interior: “El mundo quedó en suspenso, reducido a un solo punto mientras todo daba vueltas (…) Me quedé casi sin vida, con los pulmones parados/y el corazón detenido…” El segundo episodio: “Y de pronto exploté…” se enmarca en el universo del flamenco, en el escenario mítico del Barrio de Triana, donde resuena la debla de Tomás: “Y entonces como pude, en el barrio de Triana, con la pluma y el tintero, letra a letra y trozo a trozo, como el gran Tomás en la debla pensando en ti/ me reconstruí”.
Que las creencias de Alfonso Vallejo son en el fondo evidencias lo ha demostrado en muchas de sus creaciones y en “Llamo Dios a todo esto” nos ofrece un nuevo testimonio.
En “El flujo incierto del sol” se nos desvela un estado de penumbra, de éxtasis consciente y de profundización. No tiene que ver con los místicos clásicos sino con los “transvivientes” que analizan los planos profundos de lo aparentemente normal. Es admirable la densidad semántica, la carga conceptual que se encierra en tan reducido número de palabras: “Cada célula tenía su destino exacto en el cuerpo/ y el sol brillaba como un punto evanescente/en el alma del atardecer.”
“La consciencia es la verdad” indaga de nuevo en el asunto de la verdad y de la certeza, con una referencia a Haití cuando se rompe. “¿Qué quiere decir verdad?” Son las preguntas que surgen sobre el significado de los acontecimientos en los desastres más tremendos. Como se expone en otros poemas del libro, “el Universo es amoral, indiferente a los cambios del azar”. La conclusión, ya que hablamos de la verdad, es bien certera: “La vida es la gran excepción./ El silencio es la mentira,/la consciencia, la verdad.” Pero si el universo es amoral, toda la poesía y el teatro de Alfonso Vallejo están atravesados de un insobornable fondo ético. En este poema, por ejemplo, se nos ofrece una ética y una “significancia” de rasgo puramente humano.
“El punto y la inmensidad” combina la introspección con el desgarro quevedesco, mientras en “El hombre inventó la paz” se realiza un viaje por las enfermedades infecciosas: los virus, las bacterias, hongos, parásitos, priones. No existe piedad. El autor se refiere a otros asuntos que han constituido la materia esencial de alguna de sus obras de teatro: “El hombre inventó Hiroshima. /También inventó la paz.” A pesar de la cara poco admirable de los humanos el autor demuestra que la paz es una genialidad del espíritu, que la paz es posible. Y como siempre, el movimiento, la proclamación de la fe en la vida: hay que seguir.
“La vida es externidad” constituye una excelente definición de verdad unida a lo bueno, a la evidencia de justicia y de certeza, mientras que en “Llueve muerte en Badalona” se alude la muerte de Camarón y se le rinde un homenaje: “José Monge ya se ha ido/ y Camarón se está yendo./ “¿Adónde navega el sueño?”A un registro diferente se acoge “La esencia es internidad”. Es un poema intenso, complejo, en el que se combinan diferentes tramas. Junto a la realidad, el mundo del surrealismo. Y al lado de la labor de vigilia siempre atenta a todo cuanto sucede a su alrededor, el universo misterioso de los sueños. Entre los buenos amigos de Vallejo, Rabelais ocupa un lugar destacado, y en este poema son perceptibles algunos de los asuntos que transitan por “Gargantúa”.
“La vacuna de la rabia” es un intenso poema de un intenso amor, en el que se redefinen otros niveles de realidad: “La vacuna de la rabia/ se llamaba como tú/ Sonaba como tú en invierno,/ a bisagras y puerta abierta,/ olía a rosas y sol”.
“Cuando el tiempo se hizo fiera” incide nuevamente en la fecha del 12 de enero del 2010 cuando la tierra se abrió en Haití. Alfonso Vallejo ha elevado a categoría poética las referencias periodísticas: “Murieron doscientos mil./ La piedad se estremeció./ El cosmos es amoral./Vida y muerte son azar./ Tan sólo la conciencia humana/ sabe qué es solidaridad”. Una nueva insistencia por tanto en la inmoralidad del cosmos, lo que nos convierte en seres frágiles, indefensos, dueños tan sólo de un destino incierto.
“La voz de Dios y el otorrino” es un cuento fantástico donde se mezclan la sordera, la voz de Dios y el otorrino. Un paciente, representante del Ulyses moderno, está “enfermo de Tele y borracho de Internet”: “Padezco de telefonía y mal de ordenador./ He llegado hasta el final,/a la suspensión del juicio/ e incluso a la estratagema/ de hablar conmigo en distinto, con una voz sin sonidopara no entenderme bien, dijo (…) “No escucho la voz de Dios.” Cuando al paciente le retiran los tapones, sigue sin oír la voz de Dios. El “silencio de Dios” que ha sido abordado desde algunas corrientes teológicas e incluso desde algunas tendencias poéticas, aquí aparece tratado desde la óptica de la mejor estética paródica.
“Los hongos tienen razón” constituye una disertación microbiológica sobre los hongos, que atacan todo lo que se está muriendo, o posee exceso de humedad, o materia en descomposición. También a los enfermos que tienen las defensas bajas por inmunosupresión, como en los casos de SIDA. Son tiburones silenciosos. Se escucha la voz de otros compañeros en las indagaciones científico-poéticas de Vallejo, como Fleming.
En un contexto análogo, el poema “¿No se cansa nunca el hierro?” es una brillante disertación sobre este elemento, que se encuentra también en la sangre y permite “formar oxígeno de forma reversible”. Permite la vida pero de forma permanente para todo tipo de animales. Por los siglos de los siglos. Esta resistencia es curiosa, que lleva al autor a formular la siguiente interrogación: “Me pregunto por qué no se cansa el hierro/y se cansa el corazón.”
“El sodio y el mal de amor”, sin obviar el contexto científico de las composiciones anteriores, acusa la influencia notable de la poesía andalusí. El autor recurre a datos biográficos de algunos poetas y los pone en relación con los niveles de sodio (supuestamente) y con el metabolismo de dicho ion, que es esencial para el mantenimiento del potencial de membrana y en consecuencia para la vida. Es una fascinante fabulación con tinte oriental, pero que esconde el misterio de la constancia de las constantes biológicas a lo largo de los siglos.
Alfonso Vallejo, que tiene mucho de cartesiano y de anticartesiano a la vez, afirma en “Saben más que saben menos” que la razón no consigue entender más que una micro-porción del mundo: “Saben más que sabe menos/ porque el boquete se agranda/ Que el mundo es incomprensible/ y sólo se puede sentir.” Por eso el autor afirma que “algún día quizás/ llegará el corazón a entender.” Y concluye que “algún día quizás/ podrá sentir la razón”. Parece que, en este aspecto, Pascal no estaba desacertado. En “La real irrealidad” una enorme tela de araña de infinita complejidad consigue que la percepción se perturbe, yerre: “Hay como una red física invisible/ de electrónicas descargas e invisible acero/ que se interpone a las flores/ e impide saber qué son.” El “laberinto” de Borges tiene que ver algo con el contenido de esta composición, pero la idea va más allá. Se une a los alquimistas, a Paracelso, a los modernos estudios sobre fractales y a la infinita complejidad del mundo.
Fiel a una de la tarea que se autoimpone de que su poesía sea, entre otras cosas, un testimonio fiel de la realidad, en “La sangre explota en Moscú” aporta datos reales sobre los atentados perpetrados en Moscú el 29 de marzo de 2010. El resultado es una poesía muy particular.
Frente al trágico panorama dibujado en el poema anterior, en “Volé sobre el Jerte y vi” se traslada al valle del Jerte y nos transmite el color y el olor de las flores blancas del cerezo. Pero después, y como no es inhabitual, se imprime un giro poético, con la introducción de voces nuevas: “Vine desde muy lejos. Todavía lo recuerdo. /Desde la carda y la nubla/ más allá de la exosfera.
”Luego se refiere a términos astronómicos extraídos de libros de Física y Astronomía: “Hube de cruzar la capa Appleton,/ la región Heaviside-Kennely e incluso la región D,/para ver el cerezo en flor.” Y en una vuelta de tuerca más el poeta alude al viaje dantesco de descenso a los infiernos, a los viajes sin dirección. El remate indica que la fantasía extrema puede conducir a la paz.
“Estaba aquí pero salí” es el relato de otro viaje, un viaje alucinado y alucinante al yo más profundo, a la presencia de ese yo en otras zonas, un viaje de retroceso a los recuerdos. La naturaleza viajera de Vallejo y el carácter dinámico del cosmos: “Pero la tierra se mueve y es tarde para tan pronto (…) “Soy instante de conciencia,/ transición y fantasía,/tan sólo imaginación.” Viaje alucinado del “Si hubiera llegado el antes/ y hubiera persistido más/ haciéndose todo más lento,/ más dilatado el salón/y más intensa la luz…”Si Carlos Bousoño se ha referido a las imágenes visionarias como rasgos esenciales de la poesía contemporánea, en esta composición se perciben esas sensaciones alucinatorias en las que las dimensiones se unen y confunden. Persiste la indagación en territorios oníricos.
“Muerte y destino en Katyn” nos relata un terrible hecho histórico ocurrido entre abril y mayo de 1940 y a continuación nos expone un trágico accidente ocurrido setenta años después. Es un azar sin estructura. El destino y el azar: “Todo ocurre por detrás./ Antes de aparecer/ Una red de puntos previos,/ hilos invisibles y ciertos.
”En esta atmósfera de tragedia en “¿Adónde irán los golpes hoy? resume la masacre permanente, la crueldad sin límites que ocurre todos los día en el mundo. Se acusa a los “los verdugos en la sombra” y se exige que pare la carnicería y que no explote “Ni un trozo más de metralla.”
Y de lo más universal a lo más particular e íntimo. En “Soy enigma para mí” se plantean nada más y nada menos que el misterio y el enigma del ser. La autoconciencia: “Soy misterio para mí/Y estas olas de locura, /estos instantes perdidos/ grabados en la memoria/ de proteínas antiguas/ sin posible explicación/ ¿dónde comienzan y acaban?”
Los problemas epistemológicos y gnoseológicos siempre aparecen explícita o implícitamente en la poesía de Vallejo. Su obra es una teoría del conocimiento, una arquitectura del saber y una constante indagación en la realidad. Un cuestionamiento sobre la verdad. Así, en “La verdad también engaña” se ejemplifican las palabras de Manuel Romero Castillo, según las cuales “sólo hay verdad en el toro”. Al final resuena el cante por tonás.
Y junto a la gnoseología, la ontología, la reflexión sobre la realidad y el ser. En “Un hueco que nunca se llena” el Ser no conoce los límites. Se expande permanentemente como un gas. “Hay algo absoluto por dentro…”
La poesía brilla como el trigo y el amor en “Si de pronto tú vinieras”, un poema andalusí, en el que no se olvidan los planteamientos matemáticos y bioquímicos. Estos asuntos se retoman en “¿Cuál es mi ser interior?” en el que se expresa de una forma nueva el problema de la indefinición del ser, sujeto a todo tipo de agresiones.
En “Porque sueño y yerro, soy” Paco el Desastre expone una definición del ser no-cartesiana. Una definición no lejana a la propuesta por San Agustín “Sic fallor enim sum” (Si me equivoco, soy). Añade el proceso del “soñar” como autoconciencia: “que pensó sin pensar siquiera/que no hay que ser para ser.”Alfonso Vallejo, creador de neologismo e introductor en la lengua poética española de numerosos extranjerismos, inserta en “Mimicry-Imitación”, el término inglés Mimicry, un vocablo poco utilizado, referido a la imitación pero también al mimetismo en biología. Es semejante a su creación “Viaje de la polilla a través de la madera” pero con un tono distinto. No se trata de “Une saison en Enfer” de Rimbaud, sino de una expresión de Vallejo, con un tono muy vallejiano: “Por salvajería y riesgo. Para seguir/ hacia el terreno de la utopía y el electrón.” Es una vivisección, pero siempre hacia delante.“La vida ha vuelto a empezar” nos describe uno de los escenarios preferidos por el poeta: “Voy por Madrid y respiro”. Es un poema breve pero de una gran intensidad. Junto a ello, lo lúdico domina en “Happylandia virtual”, en el que el autor, muy dado a la rica hibridación de los discursos, nos habla del Internet versus realidad en lenguaje caló y cheli.
“Lo fortuito y lo esencial” replantea el tema de la existencia, de la vivencia del sujeto determinada por la realidad de la ciudad y por la realidad de las cosas en general: “Existo porque todo existe”. Parece un alegato contra los filósofos idealistas. El autor se autoanaliza y se pregunta: “¿Qué está sucediendo aquí?/¿Dónde está lo que es fortuito?/¿A qué se llama esencial?” Asistimos a “un pacto entre lo utópico y lo cierto”.
“Tiempo silencio y verdad” que da título a este poema y al libro condensa en sus cinco estrofas el misterio inexplicable de la vida haciéndose espontáneamente: “Sucedió sin darnos cuenta./ La vida, el tiempo y las flores/ acababan de empezar”
La reflexión se completa con la autoconfesión en “Bendito final de mes”. Es una auto-confesión compleja, oscilante, con trozos incompletos, variada, donde “las fracturas se curaban./ La osteoconsolidación era una gran certeza”.
Siempre la evolución de los procesos más graves, a veces tendentes a la curación o resolución. La experiencia clínica demuestra que esto es así en la mayor parte de los casos. Y al final: el dinero del fin de mes.
En “Soy de natural silvano” se dibuja una escena amorosa entre Brutano el salvaje, un celtíbero de pelo en pecho, y Bebette, una joven francesa. Micro-pieza con embarazo final. Pascal. Otra peculiarísima forma de presentar el amor. A su vez en “El mundo se tuerce a veces” asistimos al proceso de explosión y reconstrucción de la realidad y a su interpretación.
Alfonso Vallejo, atento siempre a todo lo que define al hombre moderno, se ha referido con frecuencia al poder y al peligro de los medios. Su influencia puede generar auténticos comportamientos compulsivos. En “Ansiedad como sistema”, se nos muestra el ciudadano bajo el control del sistema mediante la televisión, la radio, los diversos medios, la publicidad, la digitalización. Tele-intimidación mediante el horror: “La ansiedad como sistema,/ el miedo y la intimidación (…) “Es una buena anestesia/ y permite un buen control.” El autor ha denunciado con frecuencia la anestesia ética y existencial de la sociedad actual.
“Que hablen mis trozos por mí” es un cante grande. Nos pueden matar, pero más, no. Y aunque así sea, ya es tarde: “Cuando haya llegado el final/ los trozos no callarán.” Una nueva simbiosis de reflexión y confesión encontramos en “Estoy sin estar en mí”. Son las memorias de un hombre genial: “Hoy cumplo doscientos años (…) “Soy de nuevo tan anciano/ que empiezo de nuevo a vivir.” Es la visión del mí después del mí: “Estoy sin estar siquiera.”
Todo queda claro y oscuro, después: “Estoy sin estar siquiera.” La vida se identifica con la palabra, con el logos, con la pluma, con la tinta, con los caracteres que construyen el discurso en “Mi vida se ha vuelto letra”. A su vez, el poema “La luz termina y empieza” describe un trayecto vital complejo, alucinado, la rueda de la fortuna. Espeleología e introspección, heridas: “Caí al quinto suelo, al fondo mismo de la misma oscuridad.” Este itinerario vital puede emparejarse con los viajes alegóricos y reales de los grandes hombres, de los grandes artistas. El final, como siempre, sincero y redondo: “Hice lo que pude./ Intentar vivir.”
“18 de Junio en Utah” constituye una crónica negra, más tremenda que las pinturas negras. Es el testimonio del fusilamiento de Ronnie Lee Gardner: “Algo monstruoso y legal/sucedió en el planeta Tierra”.
“Justo un instante después” es una excelente representación de la autoconciencia de un hombre mirando al techo. Buceo. Inmersión. Percepción del instante, uno de los temas preferidos del autor: “Le resultaba imposible entender/ cómo lo real estaba tan junto/ y tan suelto al mismo tiempo,/ sin separación tangible entre el principio y el fin.” La averiguación, el rastreo, la limitación, la búsqueda de la luz: “Buscaba un punto de luz que abriera la claridad.” No siempre es fácil describir la realidad ni descubrir lo que se hace: “El límite cuando se cruza/ no entiendes qué estás haciendo./ Sólo que se ha hecho tarde/ justo un instante después.
”Giordano Bruno, del que ya hemos hablado con anterioridad, es otro de los contertulios de Vallejo, otro de los sabios con los que intercambia discursos intertextuales, como en “Limitless-Giordano”. Vallejo conoce perfectamente “De la causa, principio e uno”, obra que fue escrita tras los ataques que suscitó su “cena de las cenizas”, y con frecuencia nos presenta la ruptura de lo racional y la rotura de la razón. Es lo que lleva a que Giordano Bruno sea quemado en la hoguera. Un detalle histórico reinterpretado. Una reflexión sobre uno de los prefiguradotes del espinozismo.
“Betrachtung und Sinn”(Contemplación y sentido) nos presenta la historia de Manfred Gnadinger, el alemán de Camelle, una especie de ermitaño que falleció cuando el mar se volvió chapapote negro después de que encallara el Prestige.“Sin fantasía no hay ser” nos muestra la biografía de una mujer intentando “situarse” en el mundo real mediante la fantasía, con la necesidad de descubrirse a sí misma y de descubrir a los demás: “Tenía que descubrirse de nuevo,/volver a nacer por dentro/ y reinventarse otra vez.
”Alfonso Vallejo, creador de mundos, escenarios y palabras nuevas, crea y recrea personajes teatrales españoles y universales. Contamos, por ejemplo con la creación del personaje de un Hamlet moderno, instalado en el universo de la poesía.Esta labor creadora de Vallejo se manifiesta nuevamente en “Asencia” y dominación” donde se inventa la palabra “asencia” (sin esencia). El autor ha reescrito un tratado parecido a “El Príncipe” en términos actuales. La situación sin embargo es en ocasiones igual de contundente: “La verdad es sumisión.”
“Sin fantasía no hay na” describe otro viaje alucinado y delirante en busca de la fantasía, que todo lo cubre, lo preña, lo despierta, resucita y crea. Las preguntas y las respuestas se suceden con un ritmo trepidante: “¿Estaré enfermo de amor?” /“Ese mal no tiene cura, respondió “el cirujanito”/ ¡No se te ocurra curarte, “chabó”¡/ Sin fantasía no hay na.”En el mundo del flamenco son frecuentes las consultas e interrogaciones a los médicos y cirujanos, como se pone de manifiesto en esta estremecedora siguiriya que cantaba Pepe de la Matrona y han interpretado otros grandes maestros: “Señor cirujanito, / desengáñeme usted/ si estos tres niños, se quedan sin madre/ lo quiero saber.” La emotividad del diminutivo impregna de especial intensidad el vocablo “cirujanito”. Resulta sin duda interesante que los jóvenes actuales conozcan estas cosas que nos han legado nuestros “mayores”.
Como es bien conocido, además de un inmenso artista, Alfonso Vallejo es un médico muy reconocido, y de su experiencia clínica se enriquecen muchas de sus composiciones como “Todo acaba de morir”. Aquí se presenta el caso de una lesión del hemisferio izquierdo por trombosis de la arteria cerebral media con lesión de los centros del lenguaje. Las consecuencias son terribles: “Elvira pidió un papel/ y a duras penas pudo escribir:/ todo acaba de morir.”
“Llueve sin llover siquiera” es un poema que combina la contradicción, la paradoja y el amor. Con su buen hacer, el autor nos hace acceder a una realidad transparente, casi invisible. Es una poesía árabe atravesada por la filosofía contemplativa y por otras realidades. A su vez, “El momento de las fieras” nos presenta la pesadilla alucinada de un mundo bajo la atenta mirada de las fieras. ¿Armas nucleares? ¿Terroristas? ¿Banqueros? Incertidumbre y misterio. “Tan sólo realidad”Alfonso Vallejo, que por su profesión ha conocido y conoce cada día las realidades más duras de la existencia, no ha dejado de proclamar que esta vida es un paraíso. “Cada instante es la excepción” lo ratifica: “Ahora toca des-pensar,/ separar uno a uno los fragmentos/ de la inmensa inmensidad de lo incierto/ que late en la oscuridad,/ y abrir la mente al misterio/ de la vida y la conciencia (…) Ahora toca despertar”. Una invitación, por tanto, a la alegría y la esperanza, a tocar las cosas y a disfrutarlas, a gozar de lo único que tenemos entre las manos: la vida. Y a dejarnos de tantos “air-conditioned thinkers”, pensadores del aire acondicionado que no saben ni tomarse una copa de vino.
“Entropía e implosión” es otra rica síntesis de situaciones, de pensamientos y de personajes que sólo podemos encontrar en su poesía. La Rota, el Gancho, la Pava, el Largo, sus pensadores preferidos leen fragmentos de información sobre la entropía y el desorden. Concluye con el dato de la inscripción en la lápida de Boltzmann, que se suicidó porque nadie le hacía caso a su teoría. Después la vida, imparable, sigue: “El tiempo se ocultaba en los parques. El silencio se tornaba rumor de fuentes. Y la implosión hacia dentro, amor.
”Vallejo ha convertido en materia poética todo aquello que nadie se había atrevido a poetizar y ha combinado y combina los géneros con una destreza singular. Como hemos comentado en otras ocasiones, muchos de sus poemas son micro-dramas o mini-tragedias, pero que en su brevedad condensan todo un mundo. En esta línea “Qué invención tan esencial” puede definirse como una pieza teatral. “Media teta” habla con la “Pechos tristes” en una unidad de Cuidados Paliativos: “Aquí siempre te rematan (…) Se muere para dejar el sitio/a otro que pide pista.” “Pechos tristes” habla con el crucifijo que la mira y le dice: “Qué bien te los has montado, tío./ Qué invención tan esencial/ que todo comience y acabe/ y todo tenga un final.
”“El hombre es el lobo del hombre… si se deja” es una corrección del postulado de Thomas Hobbes. El autor refuta lo que falsamente se viene argumentando y observa que si “no sigues su consejo/ y te dejas/ resulta que te han comido”. El autor, un viajero y un caminante pertinaz, para señalar cuál es el camino, nos pone en guardia contra los moralistas, “los siniestros conductores del bien y del mal ajeno” y desvela el disfraz de esos seres siniestros.
De la crónica hospitalaria y del corto cinematográfico participa “Quiso salir y salió”, en el que un enfermo se propone andar y lo consigue, intenta salir del cuarto y sale: “Como si llegar a la blanca pared del pasillo/ y agarrarse a la barandilla/fuera casi una proeza.”
La impenetrabilidad de las cosas, los misterios del ser y del tiempo crean algunos de los campos semánticos de “Mañana de nuevo otra vez”: “Todo se oculta y revela al mismo tiempo.” Pero el misterio, como la vida no se detendrá: “el imparable misterio de todo lo que existe/ seguirá”
“La poesía es pensamiento” nos ofrece una magnífica definición de la poesía: “La poesía es pensamiento/ sueño, drama e irrealidad,/ interpretación de esencias,/ sentido del sinsentido/ descubrimiento del mundo…” “Te lo dije sin decirlo” es un espléndido poema de amor, en el que se revisan y se redefinen los códigos de la poesía amorosa, mientras que “Muerte, esperanza y acción” está integrado por fragmentos de la prensa sobre los mineros atrapados en la mina San José. Al final el autor expone claramente su programa vital: “Sin esperanza no hay vida./ Hay que seguir.”
La crónica periodística y una profunda reflexión sobre las condiciones desastrosas en las que viven ciertas personas en nuestros días estructuran el poema “Algo grave está pasando”. Como en otros casos, las interrogaciones se erigen en duras denuncias: “¿Qué está pasando en el mundo? ¿Cómo se puede parar?”“Amor que sin pasar, pasa” es una mini-pieza teatral y un corto cinematográfico. Un hombre dispuesto a matar. Una mujer que desaparece, casi desnuda, hacia el mar. Podría ser también una foto o un cuadro
La plasticidad del poema anterior da paso a la más profunda reflexión en “Hay que volver a empezar”. Es una meditación filosófica, una especulación política y cavilación existencial. Reflexiones que pueden aplicarse igualmente a “El mundo se va alejando”, otro acierto, otra construcción con el mismo tino de siempre, en el que se explican las transformaciones que pueden propiciar los grandes genios, los artistas prodigiosos: “Beethoven cambió la forma de la materia/ y volvió sonido el universo”.
Vallejo, que en otros poemas ha expuesto descarnadamente la amoralidad del cosmos, nos expresa la tremenda fuerza de la Naturaleza frente a la fragilidad del ser en “¿No se cansa nunca el sol?”. El sol, según los científicos, está justamente en la mitad de su vida, pero su fuerza hace que nada se detenga ni pare: “Nada nunca se detiene./ Todo empieza a cada instante.” El poeta se dirige a su propio corazón y le interroga y nos interroga a todos: “¿Por qué no aprender a amar?/ ¿por qué no llegar a ser?”.
Y de nuevo, la expresión en su máxima intensidad, contenida aunque sin término medio, desgarrada como la trágica siguiriya en “La imparable longitud del tiempo”, mientras “Algo siempre más allá” se erige en una síntesis de la posición del autor ante la vida: “A pesar del dolor y el ruido,/ después del polvo y el hambre,/ detrás de la soledad,/ más allá de los pies de las gentes,/ de las muelas carniceras/ e incluso de la maldad/ en su grado más puro,/ siempre un punto de verdad, una línea de esperanza/ una razón de vivir”.
“El día que el tiempo acabe” concentra en sus tres estrofas la reflexión profunda, el sentimiento, la emoción y el ritmo del más elaborado “martinete”.
“La llave la tienes tú” enuncia una verdad aparentemente sencilla en su capa patente pero de una gran densidad semántica en su estrato más profundo: “Eres como tú te inventas./ El mundo se puede abrir./ La llave la tienes tú”.
“Lo mismo siempre en distinto” es otra magnífica síntesis del pensamiento y de la poética de Vallejo. Es también el epifonema y la conclusión ajustada y condensada del libro: “Lo mismo siempre en distinto./ Tiempo silencio y verdad./ Cada electrón en su sitio/ Cada pájaro en su viento./ Cada ser en su conciencia./ Todo lo mismo en distinto…”
El libro, en fin, es prodigioso. El poeta se nos muestra, con toda sinceridad y desgarro, como un ser sufriente, que para vivir necesita escribir. Y escribe y construye de forma diferente a todos. Su teoría y su práctica poética presentan puntos en común con otras poéticas, pero siempre sobresale en las de nuestro autor, como dirían los estructuralistas, un rasgo diferencial.
La estética de Alfonso Vallejo ofrece analogías con la que formula Don Manolito en el esperpento Los cuernos de Don Friolera (Martes de carnaval) de Valle-Inclán: “Las lagrimas y la risa nacen de la contemplación de cosas parejas a nosotros mismos”. Pero participa igualmente de la que postula en esta mima obra Don Estrafalario: “Mi estética es una superación del humor y de la risa, como deben ser las conversaciones de los muertos, al contarse cosas de los vivos”.
Si el gran estudioso de la teoría literaria Tzvetan Todorov analiza en su último libro La experiencia totalitaria la utilidad de la memoria y el papel de la justicia a través de reflexiones sobre pensadores y episodios de la historia reciente, en la misma línea se viene desarrollando la actividad creadora y de investigación de Alfonso Vallejo desde hace muchos años.
En esta carrera imparable de Vallejo, “Tiempo silencio y verdad” supone, como se apuntaba al principio, un punto de inflexión no sólo en la trayectoria personal del autor sino en el panorama poético actual. Un libro complejo en que se ha reunido múltiples variedades para lograr un producto cuajado. Aquí está en carne y en sangre esculpida la personalidad del autor, su autoexigencia, su adelantamiento, su insobornable actitud ética, su numantina defensa ante las ofensas de la vida. El autor puede quedarse tranquilo: ha transmitido y expresado el resultado de su investigación y de su indagación en los conflictos más universales del momento presente y en los problemas más personales del individuo. Frente al pesimismo actual, el único pesimismo que encontramos en Vallejo es higiénico, ortopédico, terapéutico. Como siempre, y con más intensidad que nunca, Vallejo nos señala una dirección, un vector, un norte, un punto de luz: la fe en la vida.
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25.- “La luz y la oscuridad ”. Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo. Editorial Huerga y Fierro. Madrid 2012.

Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo. Técnica mixta. 110 cm por 81. Titulo: “La luz y la oscuridad”
Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo.
Para leer "La luz y la oscuridad " pulsar AQUÍ
ALFONSO VALLEJO: UNA FUERZA NATURAL
Francisco Gutiérrez Carbajo
En este caos maravilloso que es la vida, cada año la Naturaleza nos depara una nueva primavera, y con el mismo fulgor, la misma fuerza y las mismas tormentas y vientos huracanados con los que a veces viene acompañada esta estación, cada año nos entrega Alfonso Vallejo un nuevo libro de poesías. La luz y la oscuridad, como la totalidad de su obra, es una construcción realizada con rabia, con temblor y sin temor, con tensión, con zarpazos a la realidad, siempre atinados y oportunos. Vallejo es una fuerza de la naturaleza, un volcán, un presocrático. Un autor que está en contacto directo con la tierra, con el aire, con el agua, con el fuego, y todo lo convierte en materia poética. Y todo con un poderoso instinto, con una vigorosa tensión. Esta tensión nerviosa Alfonso Vallejo no se la tiene que inventar, porque es el estado en el que actualmente vive y en el que ha vivido siempre. Metaboliza su vida, inventándola, transcendiéndola, transfigurándola, peleándose con ella. No escribe para sino por, como ha comentado en más de una ocasión. Utiliza todas sus vivencias, sus informaciones y experiencias para defenderse no tanto de los demás como de sí mismo. Es curioso. No se trata de una actitud ansiosa. Nada de eso. Es sencillamente que es así. Necesita pelear permanentemente, indagar en lo que se le presenta, explorar lo que puede llevar al terreno del análisis, la fantasía y la diferenciación. No es una tarea sencilla, desde luego, porque le hacer vivir en un estado de marcada intensidad. Hielo que quema, como dijo alguien. Pero el hecho concreto es que su vivir necesita esa tensión para sentirse precisamente vivo.
A esta actitud intelectual y emocional ha contribuido sin duda la experiencia clínica vivida durante tantos años como neurólogo en el hospital. Nadie diagnostica “apasionadamente” un tumor cerebral. El “músculo” del clínico es de una extrema frialdad. El músculo del cerebro del clínico es la ejecución. Penetrar en los misterios de la biología requiere una disciplina y un entrenamiento muy particula- [7] res. Así se explica, por poner un solo ejemplo, que muchos días lo encontremos en la Biblioteca Nacional leyendo a los poetas griegos o latinos, rascando en las membranas de la Historia o de la Filosofía, realmente sin saber por qué, intentando escribir… poesía.
El autor puede sentirse realmente orgulloso de La luz y la oscuridad. Como todos y cada uno de sus libros es una condensada enciclopedia. En esta obra la enciclopedia del lector puede encontrar una combinación de poesías de todos los tipos, ejemplos de crónicas diarias sobre los acontecimientos más notorios ocurridos en el espacio de tiempo que comprende el libro (los mineros de Chile, la catástrofe de Haití, los actos atroces del psicópata de Noruega…), pero también filosofía, emoción, proverbios latinos, astronomía delirante con viajes espectrales, el relato de la muerte de Paco Pita, invención de personajes reales, atención muy especial a la poesía “denuncia” sobre las armas nucleares, invierno nuclear, cambios cromosómicos, infección de la tierra, permanencia de estos productos venenosos durante muchísimo tiempo, violencia, estadísticas de niños y de hombres que mueren de hambre o luchando en la guerra, etc.
En esta época marcada por el hambre, por las guerras interminables, por el saqueo continuo de nuestros planeta, por la reutilización de los residuos sólidos, por el calentamiento climático producido por el desarrollo descontrolado, etc. La cultura del miedo se ha convertido en uno de los recursos más poderosos de los medios de comunicación utilizados por los diversos poderes públicos para presentar las cuestiones más palpitantes de los últimos tiempos, como la crisis económica, las “revueltas del mundo árabe”, los lamentables acontecimientos del Japón, los disturbios del Reino Unido y los levantamientos en la India. El prestigioso sociólogo alemán Harald Welzer, colaborador habitual de los semanarios DerSpiegel y DieZeit y experto en Holocausto, en su libro de reciente aparición Guerras climáticas. Por qué mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI asegura que alguno de los fenómenos señalados, como el del calentamiento climático, no solo son catastróficos para la ecología sino también para el orden social. [8]
Nada de esto le pasa desapercibido a Alfonso Vallejo y un día tendremos que recurrir a la obra de este autor —de hecho me consta que algunos ya lo están haciendo— no solo para disfrutar de su creación sino para encontrar la información más precisa, objetiva y condensada de los acontecimientos de la historia reciente.
El poemario La luz y la oscuridad fue terminado el martes 26 de julio de 2011, prácticamente 10 meses después de haberlo comenzado. Es decir, 300 días de escritura, 100 poemas más o menos. A 3 días por poema. Pero dedicándole todas las horas del día y algunas de la noche. Sin quitarle la muleta de la cara. Sin escribir teatro ni pintar. El autor tiene motivos suficientes para sentirse cansado, pero no lo está. Al contrario. Está deseando escribir, o mejor, está escribiendo ya poemas nuevos, que siempre suponen nuevos retos sobre las anteriores.
Será difícil superarlos porque, como veremos a continuación, cada una de sus composiciones es una construcción perfectamente elaborada, realizada con sabiduría y con pasión, perfectamente anclada en la tierra, ligada a lo más cotidiano e inmediato pero con vocación lograda de universalidad. El amor, la muerte, la vida —los sentimientos vividos y experimentados por el autor o por la gente a la que cada día atiende y a la que está siempre atento y vigilante— se convierten en estos poemas en temas universales, en asuntos impregnados de simbolismo, de ciencia y de filosofía.
Con una historia de amor, , se inicia el libro. Nos habla de la soledad sin causa, que es la más terrible, la soledad esencial, la vida como “soledad radical”, al decir de Ortega. Los versos empiezan ya como el tremendo aullido de un lobo en una tenebrosa noche de invierno: “Te gustaría sacar la mandíbula del bloque de piedra solitario/ que te acaba de engullir/ y utilizar las vocales como punto de ventilación/ para tus pulmones y voz.”. Parece que te están incluyendo en un bloque de parafina, como un tejido, para su disección. O que te están lapidando en vida. Frente a estos alaridos, las palabras más estremecedoras: “Ponte al lado mío y ámame”.
Cautiverio y superación (Locked-in-syndrome) es Neurología pura y dura “Tiene un síndrome de cautiverio, le dije- [9] ron”. Se presenta un cuadro terrible en el que por una lesión en la protuberancia del tronco del encéfalo, el enfermo se queda consciente pero totalmente paralizado, como encerrado en sí. Una historia de amor entre Aurora, la enferma, y Miguel, su amante. Se conocieron desde niños y ahora comprenden que “La vida es superación.” “Miguel sentado a su lado/ muy cerca y muy lejos al tiempo/ de alguna Aurora sin sol.” Estamos ante un cuento ruso, de Chejov aunque cuando él vivía no se conocía aún este cuadro clínico. Estamos por tanto ante un Vallejov. es la crónica de lo que pudo haber sido una tragedia, pero en la que ya se alumbraba la luz: “Es posible la esperanza / si la acompaña la acción/ Comienza la cuenta atrás”, mientras se erige en una rotunda afirmación, utilizando datos reales: “Llamo Dios a lo posible./ A la extraña relación del sol con la vida./ A la transformación de la energía en materia/ y también a la emoción”. Para que no haya duda en la definición, el autor concluye: “Lo que llamo Dios, existe/ No es tema de discusión.” Es decir, se nos alerta que en la mayoría de las veces las discusiones se basan en interpretaciones semánticas, en puras cuestiones lingüísticas como decían los gramáticos alejandrinos de los sistemas filosóficos de Platón, Aristóteles y de otros pensadores clásicos.
La muerte me da silencio es la historia interna de un mozo de autopsias, al que apoda “el Guanté”, como el cantaor, que huye del Hospital, posiblemente de un hospital español e inicia un viaje por Europa, porque “la muerte me da silencio”, es decir la muerte le va comiendo por dentro. “Se me está olvidando hablar.” Las actuaciones del cantaor Paquirri el Guanté en Cádiz hacia 1847 han sido objeto de atención por parte de los grandes estudiosos del flamenco, con cuya amistad me honro, como Luis Suárez Ávila, José Manuel Gamboa y Faustino Núñez. Gran parte de la composición de Vallejo está tomada, sin embargo, de un cante por seguiriyas que le escuchó al Agujetas: “Voy a recorrer la España,/ Francia y Portugal/ Hasta no verme, con mi niño Curro/ pa la eterniá”. Como resulta habitual en el flamenco, existen varias versiones diferentes de la misma letra y se canta de formas distintas. Alfonso Vallejo llevó al Guanté a [10] Berlín, a Tempelhof, el barrio donde estaba el hospital donde él trabajaba, para que el aire hablara: y en Tempelhof el aire habló: “Su lenguaje era limpio y comprensible,/ blanco, sonoro y con luz./ Había comenzado el tiempo./ Los girasoles temblaron./ Y una guitarra sonó”. Si la letra de la seguiriya es estremecedora en la poesía de Vallejo todo está cosido a la carne con memoria.
La ciencia a mí me engañó nos muestra una visión muy sabia e inteligente de la picaresca: “La Ciencia a mí me engañó, /dijo Paco “el cuba libre” cuando aprendió a restar. /La Ciencia te acerca a lo oscuro,/ y ahí te quedas solito, te quedas como una mierda en el campo,/sin saber qué decir ni qué pensar”. Resulta casi inevitable pensar en la letra flamenca “La verdad a mí me engañó…”, como resulta inevitable acudir a ese mismo universo, del que toma el título el poema . No estamos ante el cuento contado por un idiota de Shakespeare sino ante un cuento fantástico “contado por un cuerdo con gran poder.” Una pesadilla al borde de la locura en la persona del “Pelao”, montada sobre grandes letras flamencas, como se ha señalado. El cosmos, la física, la electricidad…y de nuevo la letra flamenca tan desagarradamente interpretada por Pepe de la Matrona: “Toíto me viene en contra”. Y el remate en delirio: “Me asaltan patos carniceros, se me clavan en la carne/ y agujas de metal sin nombre, trozos de alcayata torcida/ me sujetan a la puerta para no dejarme salir”. Aromas antiguos cargados de otras formas de entender el mundo. Densidad delirante.
La introducción de neologismos es habitual en la poesía de Vallejo, y es un buen ejemplo de ello. El término está tomado de Cronos: tiempo. Tropos: vuelta. Tropismo: Biol. Movimiento de orientación de un organismo sésil como respuesta a un estímulo. RAE. Es un poema un tanto oscuro sobre el cambio en la intensidad y la dirección del tiempo digital. Todo inmediato en la pantalla. Todo poético e irracional. “Hube de tocar el suelo /para saber que existía”.Una de las características de “desrealización” de la vida contemporánea. A su vez remite al título de la Ética de Spinoza, cambiando el componente moral por el amor. Un poema con intensi- [11] dad, ardor y pasión: “Uno del 11 del 10./ Dije ven y tú viniste./ Era el día de la Muerte. / Y el del Amor en Madrid.”
Vocatus atque non vocatus Deus aderit es un cuento delirante sobre Carl Jung, uno de los disidentes de Freud más prestigioso. Todo esto está extraído de la de Alexander. Pero es cierto que Carl Jung hizo grabar estas palabras de Erasmo en el dintel de su casa. El remate no renuncia al tono lúdico del Rastro madrileño, con alguna reminiscencia de Ramón Gómez de la Serna.
Nada nunca se detiene pone una vez más de manifiesto la pasión del autor por la materia. Datos reales sobre la constitución de la materia viva. Una historia increíble pero cierta de verdad: “Cuanto más se sabe más se ignora./ Aumenta la complejidad de lo oscuro./ Las letras nunca pueden expresar el pavoroso silencio/ que envuelve el ruido de las largas distancias /formadas por puntos como insectos, que se multiplican sin fin./ Nada nunca se detiene, todo progresa y crece, / todo se transforma en más. / Cuando yo vivía el universo era así”.
Es posible lo imposible, a pesar de su título, o precisamente por ello, nos expresa hechos reales: El Monte Merapi estalló. Tsunamis. Material genético. Y en este mundo magmático, la gitana “Chocho” vende lotería y tiene su propia concepción de la vida.
En La vida entera por hacer se constata que basamos nuestro conocimiento en unos pequeños datos. Todo lo que no sabemos, la infinita ignorancia que nos aqueja, está pesando sobre cada uno de los instantes que vivimos: “la infinita masa de signos que pesan sobre ti,/ el impacto de lo irracional,/ el lenguaje de lo desconocido,/ la vida entera por hacer.”
En Tiempo sin velocidad Paquito Ambrosía medita sobre el Tiempo sin velocidad. Le hubiera gustado hablar inglés bien para comprender qué significaba “expiry date” (fecha de caducidad). “¿Acaso como un yogur?”. Se está muriendo. A veces el autor piensa intensamente en Ramón Gómez de la Serna, como ya he señalado. Es uno de esos escritores que le hubiera gustado conocer. Aquí nos habla del tiempo transformado en flujo digital. De cómo va apartando a otras personas, seres sensibles, elegantes, que se van muriendo de [12] forma paralela, mirándose la punta de las uñas, en contradicción con su época. En el cambio de estilos y registros expresivos que experimentamos al pasar de uno a otro poema, Vallejo reelabora aquí un estilo de otra época, no muy alejado de los modos de Proust. El título, como en otras composiciones, constituye un gran acierto. Así sucede sin ir más lejos en en el que el lenguaje se tensa hasta límites extraordinarios.
Si Dios de pronto existiera teje una trama sinuosa de acercamiento a un cuerpo de mujer. Un zoom de un corto: “Estás desnuda en la playa/ tomando Martini al sol./ Observo tus largas piernas,/ tus caderas y tus pechos rebosantes. / como dos latinas ofrendas al turismo japonés./.Estás para devorarte”. Como en otros poemas, el desdoblamiento del yo constituye un recurso inteligente y poderoso: “Llego hasta el borde mí y me paro, / como un transeúnte más”
Por qué las cosas son así es una profunda meditación sobre lo injusto, extraño, caprichoso e incomprensible que resulta el mundo. Un poema que refleja muy bien la posición del hombre racional frente a la sinrazón que constituye con frecuencia lo que llamamos mundo, mientras que en se subraya la Autoinspección. El “self” y el “Insight”. La percepción de nuestra realidad. Autopercepción. Autognosis. Reconocimiento de nuestra identidad. Observación de nuestro propio límite. Experiencia de vivisección. “Pude seguir y seguí.” Lo interno y el exterior. Vivencias que cuentan los intoxicados por alucinógenos. Pero que una persona normal lleva también en sí. Un tema de alta filosofía.
Retina, conciencia y color es el fragmento que incluyó en el catálogo de la última exposición de pintura en la Sala “La Paloma: “Te pertenece tu ser./ Acabas de llegar y sientes. / Vislumbras la claridad. / A esto le llaman luz. / La retina lo detecta”. Estamos ante el deslumbramiento total ante la posibilidad de conciencia. “El Mundo se puede ver.” Es una declaración de principios fundamental todo lo que hay en el poema. Letra a letra. Nada del “Ser y la Nada”. Que vayan a un Hospital esos filósofos de pantalla. “El Ser y el Todo.” Verdadero asombro metafísico y vital ante la realidad que aunque cada día la palpa y la experimenta, no deja de ser [13] excepcional: “Resulta casi incoherente, / paradójico o al menos excepcional / que podamos reconocer la vida. Poder amar y sentir. E incluso sobrevivir. / La conciencia es la excepción”.
La vida es internidad es un discurso de amor entre dos seres. Pero uno puede incluso ni existir: “Permanecieron inmóviles / mientras su cuerpo latía con fuerza,/ y el alma de sus recuerdos más queridos/ se inclinaba peligrosamente hacia el olvido”.
En Gap separación se recurre a una palabra que se utiliza mucho en el lenguaje de la resonancia nuclear. Referente al espacio significa: hueco, diferencia, separación. Pero habitualmente en límites muy físicos. Casi indetectables a veces. El lenguaje en muchos poemas se vuelve muy difícil, muy etéreo e indefinido. El tiempo va y viene, se transforma, vuelve, casi no es. Un poema de muchos filos e interpretaciones entre lo posible y lo casi irreal. Como una ensoñación. “Tú casi no estabas todavía. Ni siquiera habías llegado.” “Pero tu presencia se adivinaba…” “Yo me encontraba en un “gap”, atrapado por furiosos electrones que, pegados a mi piel, me impedían salir a la expansión de la luz,/ con sus microscópicos ganchos hundidos en mí.” Es un poema de una gran condensación conceptual, en el que se detectan sensaciones diferenciadas del mundo sufí.
En Antimateria-intuición insiste en el difícil y problemático tema de la materia, que le fascina al autor: “Mi rival se llama Alfonso./ Mi antimateria soy yo.” Con tono lúdico se hace un guiño al no menos problemático asunto de Hacienda, pero pronto se vuelve sobre el mundo científico de la Física: “Cuando una partícula/ y su correspondiente partícula colisionan sin remedio, /ocurre la aniquilación.” Esto es pura física. Toda partícula tiene que tener su opuesta. “Materia y antimateria. Electrón y positrón.” El autor ha tenido que leer muchos libros de Física para escribir este y otros poemas. Aquí toma una contradicción no bien resuelta y juego con ella. Pero, sin dejar de reconocer el papel de la ciencia, se queda con la intuición, con el instinto de vida.
Sólo sé que sólo espero se erige en una visión poética sobre la propia realidad: ““¿Voy bien por aquí?” Yo sé muy bien que voy bien…Sólo sé que estoy aquí” mientras en [14] se constata que somos un misterio inexplicable en desarrollo, inexplicable hasta para Zubiri y para otros filósofos: “Todo es tan sólo pregunta./Lo mismo pero en distinto./ Realidad que se desvela,/ siempre, de nuevo, otra vez.”
Hoy el tiempo se ha parado es un contundente y escalofriante dictamen de hospital: Hoy no se muere. Se muere sin morir. “La vida empieza mañana. Sólo hace falta esperar.” Pero el tiempo se ha parado. Paradoja humana. “Denial” que dicen los ingleses. Negación de la realidad, que es un excelente instrumento de alivio. Es curioso. Mentirse puede ser muy interesante. Pues estupendo. Y está comprobado científicamente.
Lucha del yo contra el mí es una reflexión articulada en clave esencial montada sobre un juego de contradicciones, preguntas sin respuesta y posibilidades: “Cuando vine ya no estaba y me busqué como pude,/ por las huellas de mis pies cuando ya no estaba allí.” Es un ejercicio del sí y el no al mismo tiempo. Las interrogaciones se formulan en los niveles físico, social, ético…: “¿Cómo le dicen a esto?/¿Mundo, justicia o razón?/ ¿Dónde termina el aire?/ ¿Por qué es todo tan extraño? /¿A qué llaman mal y bien?/”. Cada elemento se explica por su contrario y todo se opone a todo. Como no resulta inhabitual en nuestro autor, un poema se convierte en un tratado de filosofía en el que se abordan los problemas gnoseológicos y ontológicos.
Cuando el tiempo se detenga desarrolla igualmente cuestiones filosóficas y físicas sobre el tiempo y el espacio pero con un punto de luz y de esperanza: “Todo volverá a nacer.” Sin esperanza no hay verdad. Porque es imparable. Sigue al tiempo y vuelve siempre indefectiblemente. Porque el tiempo, igual, tampoco existe, por ser infinito, quizá.
El aroma y la verdad relata la muerte de Paco Pita, un banderillero de Juan José: “De salida fue atropellado por el tercer toro, “Cardino”, un Palha, negro zaíno de 562 kilos. Herida en la cara posterior del muslo, con desgarro de los músculos bíceps crural, penetrando por el fémur hasta el triángulo de Scarpa.” “Que me llevan al Sanatorio de Toreros, dijo Paco Pita. Quiero estar cerca de mi familia.” Y junto a la crónica periodística, los enunciados científicos: “La trasducción olfa- [15] tiva requiere la producción de un cambio electroquímico en el receptor. Este cambio puede ser una hiperpolarización o una despolarización graduada. Las sustancias odoríferas se ligan o unen a las proteínas receptoras de la membrana. Éstas, a su vez, interactúan con proteínas G induciendo la liberación de sus subunidades alfa y beta.”
¿Qué será de mí sin ti? canta el amor exponencial, con aire de seguiriyas, que siguen interpretándose en la actualidad: “Cuando tú te mueras/ qué va a ser de mí/ Y yo me vea, solito en la cama/ sin calor de tí.” Esta seguiriya la ejecutaba magistralmente Manuel Soto “Sordera”. En la realidad se desdobla. Los sentidos se extrapolan. Aparece la intuición. El magnetismo y la revelación. Parece un poema oriental. El autor está muy interesado ya desde hace años por la filosofía hindú y, por otra parte ha sido un admirador de Tagore desde siempre. Tiene sintonía con él.
Lenguaje interno y verdad indaga en el problema de la propia identidad, de la autodefinición, de la autoafirmación, inseparables del deslumbramiento ante la presencia de la persona amada: “Todo estaba iluminado cuando llegaste tú,/ los campos florecidos y el polen dispuesto/ para convertirse en miel./ Cuando tú apareciste, / la retina ya había extraído la claridad de las sombras, / después de un larguísimo esfuerzo por convertir en luz la oscuridad. /Todo era sorprendente por entonces /y la noción de inmensidad se había apoderado del cerebro”. El ser llega cuando el mundo ya está dispuesto: “la retina ya había extraído la claridad de las sombras,/ después de un largísimo esfuerzo/ para convertir en luz la oscuridad.” El epifonema resume magistralmente el contenido: “Aprende tu propio dialecto./ Invéntate.” Aprende tu lenguaje interno.
La primavera del 11 es una crónica condensada de fenómenos de la primavera, de la fuerza del destino y del azar, del lenguaje amoral de la Naturaleza: “Rompió la tierra en pedazos y el mar en Japón arrasó/ Nadie podía imaginarse que la materia reventara,/ y dejara sus residuos más venenosos/ sobre plantas, flores y acequias./ Que dejara a Libia ensangrentada,/ bajo el fuego del odio y la violencia”. Parecen perceptibles los sones de de Dámaso Alonso en un Madrid bastante distinto del que canta el poeta del 27: [16] “Madrid se prolongaba,/ inmensamente,/ hacia el mundo de los sueños.” Horror y amor al mismo tiempo.
Fui juntando soledades expone la coalescencia de los diferentes tejidos que forman al individuo, de los diferentes recuerdos y lenguajes, contradicciones y descubrimientos. Para inventarse e intentar vivir, “Me enseñaron los dolientes,/ los del borde de la mesa,/ los que hablan consigo mismo el lenguaje del terror.” La expresión “Tuve que ver por encima” es muy acertada. Hay que ver por encima. Hay que sobreponerse, es decir, hay ponerse por encima de uno mismo. “Sobraba mundo por todas partes.” “La vida se superaba a sí misma.” “La realidad desbordaba. Y a veces se transcendía.” Son versos sentenciosos que definen muy bien aquello en lo que cree el autor. Otra expresión igualmente acertada y justa es la expresada precisamente por el título: “Fui juntando soledades…”. A don Luis, el que “harto de mendigar favores por la Corte, vuelve a Córdoba la llana y a su muro excelso para morir tranquilo y silencioso”, le hubiese encantado este poema de Vallejo.
Sin esperanza no hay vida relata una historia de amor en un hospital: “Ella le miró a la cara/ para hallar en sus pupilas/ y en el brillo de sus ojos/ el tiempo que le quedaba. / Conocía bien aquellos labios/ y podía detectar en la voz, por su temblor y tibieza, / lo que él decía y callaba”. Finalmente “La camilla penetró”. No se sabe adónde. Un asunto semejante se desarrolla en , con una escenografía de vallejarre, con un costumbrismo regional auténtico y con una sincera brutalidad, que le hubiera gustado presenciar su admirado Arcipreste: “¡Qué coño nos está pasando!”…. Murcia no tenemos “self”. Y el “Ich”, el “Ego” y el “Súperyo”/ me suenan a cuento chino sin visos de realidad./ La lucha del Yo contra el Mí, es sólo cosa de ricos”.
Nunca nada se detiene desarrolla una idea previa pero incrustada en la vida de Faustino, un cabrero español que vuela al tiempo de Cervantes, a la imprenta de Juan de la Cuesta, en la calle Atocha. Se va en sueños. Pero cuando vuelve en sí, se despierta, se come la “tostá con ajo” y luego se pone a dormir. “Será Fukosima la causa”.“Cabreros que son cabrones y se pasan por los cojones el ordeñe y la radiación. “That s Spain, dijeron. [17]
Esto es para mí poesía constituye, en efecto, una definición de lo que para el creador es la poesía:” La poesía es evidencia. / Vagones circulando, / trotes de caballos,/ ristras, aromas y vendas, matemáticas cadenas de sollozos y lamentos, / gritos de alegría, rumor de punzones torneros, ecuaciones, /umbría, zarzas, lianas y semillas, alambiques y probetas, /sábanas al sol y besos, abrazos amorosos, /choques de cuerpos calientes descubriendo la pasión”. La poesía es lo indecible y a la vez todo es poesía. Por ello, a veces el autor prefiere el silencio a la palabra, deja que las cosas solas hablen, que ellas ocupen el espacio y se refugia en el vacío o en el hueco.
¿Se puede medir lo real? es una visión y una observación del mundo con las antiparras de Quevedo. Es el mundo de “Los Sueños”. Pero la cuestión es que la vida no tiene cifras, ni medidas, ni cálculos ni datos científicos. Sólo memoria y sensación. “¿Quién calcula la maldad?” En , las interrogaciones tienen más fuerza que las verdades dogmáticas y apodícticas. Nos conducimos muchas veces, como hemos explicado en alguna ocasión, a través de los caminos diseñados por las hipótesis conjeturales y abductivas. De nuevo se insiste en la naturaleza de la poesía y de la creación. Para Vallejo la creación es esencialmente acción, y la acción creación, como todo lo que se hace en la vida con intensidad y donosura.
La antimateria y el ser indaga una vez más en el complicado asunto de la materia. Aquí se hace mediante la escena que representan uno que sabe qué es la anti—materia, Paco, y otro que no lo sabe, Nardo. Las explicaciones de Paco están extraídas de Diccionarios de Física y de libros especializados: “Al principio del principio, mucho antes de la nada y después del todo total,/ la materia y la anti—materia estaban en proporciones iguales./ Pero la materia de pronto ganó y apareció lo real.” “Nardó levantó el cuchillo y se puso en pie. Le pide que se lo explique mejor porque si no le corta el cuello. Tampoco Paco lo sabe. “Sólo sé que estoy aquí.”
En La mente y la adversidad encontramos una compleja imbricación sin sentido entre la duda y la certeza. Todo muy seleccionado, oculto, misterioso. Incomprensible. La vida es inexplicable. Sólo se puede sentir. Y a su vez en [18] la mente no puede explicar la biología. Se inventan arquitecturas verbales para disimular nuestra incapacidad. Como intento poético, se puede intentar. Pero hay cosas con las que no se puede jugar: “Con la reticular y el centro cardioneumoentérico/ no juega/ ni Dios”.
En Empatía y repulsión desarrolla con su tino y sagacidad habitual lo que son estos conceptos: “Las cosas no siempre suceden como en las confiterías,/porque a veces hay grifos y maquinaria, instrumentos/ de corte y bolsas de sangre con flores en la pared./ Por eso resulta difícil no llamar a las cosas por su nombre/ utilizar el dulce lenguaje de las pastelerías, el silencio/ e incluso la fe”. Simbiosis perfecta del “trigo rubio y el alma”. Atracción. “Philéia” como en griego. “Vernunft y Verstand”. Comprensión en alemán. Un circuito poético acribillado de sensaciones.
El simple título del Sentido del sinsentido tiene mucho “sentido” en Vallejo: sentido en su dimensión semántica y en su significación flamenca. ¡Que tremenda la letra flamenca : “(D)esvarío del sentío/ como esvarían los locos/ piedras yo no he tiraíto/ pero me falta muy poco”. Aquí, una mujer ha saltado por la ventana: “La acera recibió su cuerpo/ con la dureza del suelo,/ con la violencia macabra de la piedra y el cemento.” Confusión, duda, “horror extremo de la extrema soledad sin viento.” Las descripciones no pueden ser más claras y precisas: “Inventaron el horror extremo de la extrema soledad sin viento./ Geworffenheit, néant, vide, passion inutile y Sein zum Tode./ No vieron sus huesos rotos, la fractura conminuta de sacro/ y la lesión del cráneo con eventración cerebral”. “Sein zum Tode”.Frente al Ser para la Muerte, de Heidegger “Pedir ayuda y descansar.”
Ahora, nunca y después es un festivo canto a la esperanza: “Ahora, nunca y después,/ Mayo volverá de nuevo. /Abrirás la ventana un día/ y Mayo te esperará”, mientras en se subrayan los contrasentidos, los vacíos y las carencias de la vida. Una mujer desgrana un discurso que no se atiene ni a las convenciones lingüísticas ni a los usos sociales. Habla con las flores y con los insectos, con los ríos y con el viento, con la luz y con la oscuridad: “Por eso, cuando empezó a no entender las palabras/ de sus vecinos y amigos,/pensaron que estaba loca, [19] demente o fuera de sí./ Entonces llamaron al “señor cirujanito” para que le operase el alma, la lengua y el corazón./ No es cuestión de bisturí dijo de pronto el galeno./ Esta mujer no está aquí./ “Vive sin vivir en sí.”/ Se ha escapado de su ser/ y se ha disuelto en el cosmos”. Un cuento de invierno para enfermos mentales. Pero todos lo entienden. Como nos pasa a veces con lo que nos cuentan.
Con Otros no tienen ni vida se indaga una vez más en la extrema complejidad del mundo, con proyecciones retrospectivas al Medioevo y a los cuentos fantásticos: “Hay gente que lo tiene todo, monos carniceros que circulan por las autopistas a toda velocidad, seres voraces, adictos a la ambición, que necesitan más y más, el olor de las amapolas sangrientas, por poner un ejemplo, mezclada con placer y dolor./ Algunos van de rojo malva, con las uñas largas, dinámicos, confusos y esquivos, crueles, disfrazados de sí. Muchos necesitan menos, cuatro paredes y un sueño, dos pesadillas por año y un poco de placer ajeno. Cada uno va con su universo, con su instante de consciencia y un punto de visión en Mayo, donde cabe la eternidad entera, con su lado más metafísico”. Es una variedad más de entender el hecho poético, dentro de esta gran antología de composiciones cada vez más distintas de las demás.
En presentismo y proyección, dentro de la tremenda singularidad de la poética vallejiana, se inventa la palabra “presentismo”. Se trata de un ser que engulle el tiempo. Se lo come todo. Un Superman voraz. “Pero un día, sin saber por qué, se hartó incluso de sí./ Se detuvo. Bruscamente en una esquina, / allí donde empezaba el campo. Y entonces se puso a pensar.” En el poema se abordan también otros fenómenos y comportamientos como el del adelantamiento, que puede enjuiciarse como comportamiento neurológico maduro y como una actitud vital: “Parecía materia humana volcada hacia delante,/ montada en su propio ser, a gran velocidad. /Y él sin embargo iba quieto, oculto en su cráneo,/ con el sombrero puesto, siguiendo las aceras silenciosamente,/ buscando una salida al instante, abriendo la oscuridad”.
La sustancia transparente expresa la magia de la llegada del mes de mayo a Madrid. Nadie sabe qué sucede. Un sol- [20] dado en amores dice que “Es el electrón que tiembla.” Estaba borracho. es una nueva indagación en el problema de la materia con el contraste lúdico de la alusión a Hacienda: “A nivel subatómico, cuántico y particular/ tú eres tan sólo desorden, caos indefinido, /impredecible tejido y materia sin programa. / Cuántica irrealidad perseguido por Hacienda.” Pedrito “el tonto” encuentra la solución: “… .Las orejas en los muslos / y la boca donde caiga. / Del resto que se ocupe Dios”.
"Postmodernismo" y horror es una crítica a la limitación en el contenido de la época. Se puede comparar con los diez mandamientos del mundo liberal de Dufour, mientras que es una denuncia del reduccionismo moral imperante: El Mal, el Demonio. Culto a la barbarie y a la destrucción. Aparentemente puede parecer elemental pero lo estamos comprobando en la política y en la sociedad. Una imposición del Poder, fundamentalmente americano, que ha calado en la cultura y en la sociedad.
Indicio, signo y señal es una expresión de Amor misterioso en todas sus formas. Parece el título de un libro de semiótica y en realidad Vallejo explora de forma poética todo lo que implica el signo lingüístico y sus alrededores. Todo ello centrado en el deslumbramiento y la pasión que provoca la pulsión amorosa, aunque en el poema se hable de “otra dimensión y de algo que no tiene que ver con el mundo de los sentidos y de la pasión. No hay que olvidar que el mundo de Alfonso Vallejo encierra muchos mundos, todos ellos complejos, ricos y diferenciados: “Tú revelabas el fin, recordabas el principio esencial,/ y también el instante que corre impasible, camino de la eternidad./ Por eso, cuando cerraba los ojos, podía verte,/ sin comprender por qué./ Sería, sin duda, la inclinación del sol, y la hora de los indicios antiguos en la arena lo que presagiaba el desastre total del mar que se acaba y del tiempo que se evapora cerca del final. Parecía un embrujo. Debo reconocerlo. Un sortilegio quizá, o alguna forma de alucinación. El aire verde. Puedo recordarlo con toda precisión. Y el mar inmóvil, sin olas ni viento, ajeno a cualquier tribulación humana. Tan sólo reflejo y luz./Todo era señal entonces, todo memoria y encuentro, intrínseco lenguaje oculto y quimera andalusí”. [21] En este mundo de Vallejo que encierra otros mundos y que se expande en otras dimensiones relata un viaje astronómico alucinado por constelaciones y galaxias. Y junto a esos mundos estelares, la referencia al más próximo y trágico del terremoto de Lorca y a los milagros de la realidad: flor de la jara en abril. En se lleva a cabo una exploración sobre algunos mecanismos biológicos sobre los que se funda el ser. Cada uno es único e irrepetible y el destino ya está escrito en nosotros mismos: “Tu vida está escrita en ti./ La llevas grabada en la carne, /en células y cromosomas./ Tu código genético/ es único y sólo tuyo,/ singular e irrepetible. /Eres tú mismo hasta el fondo./ Nadie será como tú”. Por el código genético, como en las tragedias griegas, antes de que se descorra el telón y se desarrolle la función, ya está determinado el final.
Alfonso Vallejo ha resaltado frecuentemente, junto al valor de la palabra, del logos —lo que según Aristóteles nos habilita como humanos en la vida doméstica y en la sociedad civil— la función del silencio. Y eso es lo que sucede en , una magnífica simbiosis de bioquímica y flamenco, incluyendo una letra que cantaba Paco Alcaide “el Maestro”. En se experimenta el rechazo de “Dolores la Blanda”: “Los flamenquitos de Cádiz,/ no tienen comparación./ A ti no te hago ni caso/ porque eres muy mal poeta,/ escribes muy mal teatro/ y pintas como un “mojón”./ Gastas menos que Tarzán/ y cantas para matarte.” Pero la mujer deja la puerta abierta y si lo hacen militar, obispo o de izquierda unida, quizá se enamore un día: “Al tiempo…”.
Barro con leche en Haití es un nuevo testimonio de un desastre de nuestros días en el que el autor combina la crónica periodística con referencias al mundo del futbol, a la babel que domina en el universo —una babel no solo de diversos lenguajes sino de teorías e informaciones sin digerir— y a la constatación de que el infierno existe.
Cuando acabe lo imposible es una proposición que ya de antemano implica que no resultará viable su desarrollo en los niveles discursivos ni en los empíricamente verificables. El poeta, sin embargo, tiene suficiente valor y argumentos para anunciar lo que sucederá: “Cuando acabe la ilusión, /el [22] sueño y la fantasía,/ lo extraordinario y lo nuevo,/ La esencia dejará de ser,/ la vida no tendrá sentido /y el tiempo se parará”. En el discurso amoroso invita a descifrar el silencio y el ruido. Si con frecuencia en la lírica amorosa domina el tono de despedida, en esta y en otras composiciones de Vallejo, en ese proceso de redefinición constante del proceso poético, opta por la advocación, por la llamada, por la invitación a compartir el paraíso de la vida.
Dijeron que alucinaba expone gráficamente el castigo que le infligen a un hombre que dice la verdad. Le acusan de todo. Y al final, un cante por tonás, como los antiguos: “Primero le ataron las manos./ Después le ataron los pies. /Y pa más castigo darle,/no le dieron de comer”, y en una mujer se hace leer las cartas para saber por qué es como es. El título es ya un sintagma que en Vallejo no resulta sorprendente, en el que el sustantivo aparece flanqueado por dos adjetivos opuestos semánticamente. Este juego de oposiciones resulta de gran eficacia verbal y potencia estilística para expresar la contradicción en la que con frecuencia se sustenta la vida.
En Neuromística y verdad dos viejos hablan de cómo se ven. Teodoro (regalo de los dioses) se cree un fenómeno, con más capas celulares en la corteza cerebral que la gente normal. Pedro dice que está enfermo de Tele. Es una auténtica escena teatral con Dios y el destino de fondo. tiene la estructura y el tono de un cante por martinetes, y desde el punto de vista discursivo y poético, es una confesión: “Ahora, si quieres, corta./ Ya no duele./ Déjame algo./ Un poco de pulmón/ para no asfixiarme de noche/ y algo de corazón también/ para poderme vestir/ y sentarme en un butacón”. constituye otra forma de abordar el problema esencial del hombre: “La consciencia es la excepción./ Todo es oscuro detrás./ El tiempo no consiste en nada./ Todo lo previo se fue. /Tú ni siquiera estabas./ Lo que tiene que venir, vendrá./ Sólo es cuestión de esperar./Por el momento no está./ Es mucho menos que nada./ Quimera o suposición. /Estadístico azar sin causa ni explicación”.
Cuando la vida se quiebra participa de los tonos y de los campos semánticos de la poesía de Pablo Neruda, tan que- [23] rida por el autor y en asistimos al paso del “homo cavernarius” al “homo digitalis: “El homo sapiens de siempre se había convertido en trans—man.” Le dicen a Braulio en Potes que ya todo es distinto. Vivimos en otra era. Un desgarrón repleto de verdad. La era digital ha cambiado a la especie humana. “Tú crees que estás en Cantabria, pero vives en Escocia.” No estamos muy lejos del mundo de Quevedo. nos pone ante la situación de una noche de insomnio. El “insomnio de una noche de invierno” que vivió Quevedo. Una noche con tensión, con pesadilla, con todo el peso de la oscuridad, con la falta de luz: “Cuando el sol desaparezca/ y vuelva la luna otra vez,/ sabes que saldrán estrellas/ y se va a encender una luz/ que te puede consolar./ Te encuentras en ese estado de latente inconsciencia/ que prepara el insomnio para no dormir./ Como ayer y el día anterior, antes del 15 de Junio”.
La experiencia diaria del autor en el hospital deja su impronta, como en otros poemas, en donde se nos presenta un caso clínico extremo, real: “Su cuerpo era fuego. Tenía fiebre. / Miles de pequeños abscesos le seguían./ Sus células reventaban./ Decía palabras inconexas como catarsis del sueño,/ acción de “devoramiento”, hemofagocitois…” El final es igual de terrible que la propia realidad: “Entonces gritó con gran fuerza, se llevó la mano al pecho/ y cayó fulminado por un rayo coronario”. En el autor subraya poéticamente las palabras de “el Sardina” que fue quien dijo que sólo creía en la realidad: “Yo sólo creo en el hambre,/ la luz y la oscuridad,/ Soy devoto de la mente,/ beato de lo real” y en el licenciado “Pochito” afirma que en Córdoba la Naturaleza da “saltus”. “Aquí la Naturaleza te atrapa y te lleva a las estrellas.” Invita a la Tiesa a dar un saltus con él pero ella lo rechaza.
Atento siempre no solo a nuestras cogniciones y emociones sino también a todo lo que nos constituye como un compuesto físico en , sin tonos apocalípticos el autor nos expresa lo que podría suceder el día que cambiase la estructura molecular del hierro: “El día que se harte el Hierro/ y le dé por romperse sin causa…/ [24] Cuando el Hierro se cabree y suelte un solo electrón/ de su capa más externa, así como no quiere la cosa,/ y le dé por no ser quien es… Cuando las cosas se rompan, se abran de pronto los montes,/ salten en pedazos los riscos,/ y la Física se vuelva inconstante, camino de la anti-materia…/ se vuelva sentido el anti-sentido mismo…/ entonces te vas a acordar”.
La luz y la oscuridad es una síntesis condensada de todo el poemario. Esas dos palabras tan cargadas de significados físicos y filosóficos indican el principio y el final de lo que somos y de lo que es la realidad que nos rodea. Como en otros casos, se privilegian las interrogaciones frente a las aseveraciones contundentes: “¿Por qué hay tanto de todo y tantamente tan tanto?”“¿Dónde voy? ¿Está el Paraíso aquí?”.
Instinto de cognición se sustenta sobre el discurso de María “la Moreno” que habla con Freud. La mujer defiende su particular concepción del psicoanálisis y termina convenciendo al padre de la “psicología profunda”. Para ella, la cognición es un instinto, y Freud lo ratifica. Una escena curiosa, que constituye una de las múltiples variedades del universo poético vallejiano. Las palabras de la mujer son sencillamente verdaderas: “Nuestro instinto es el dinero, Sigmund,/ las ganas de ir a mejor, de conocer las cosas a fondo (…) Lo demás son paparruchas. / Cuando se inventó el dinero, empezó la evolución,/ dejamos de ser esclavos de nuestros propios instintos/ y aprendimos a ser humanos (…)¡Apunta, payo y cavila¡ ¡Instinto de cognición!”
En Universo primitivo se nos suministran datos astronómicos con ritmo, sorpresa, poesía y locura: “¿Quién encendió la cerilla antes de la explosión?/ ¿Quién comprende lo imposible? ¿Cómo se explica la luz?/ “Este hallazgo supone un dolor de cabeza para los astrónomos.” “Es difícil comprender cómo un agujero negro millones de veces más masivo que el Sol pudo haber crecido tan pronto en la historia del universo.”/ —¿Y ahora, qué dices “mon chou”?/ —C est bien simple. L’Univers n est que divine poésie ». es un galanteo expresado con pasión y gracia: “Vuelves loco a quien te mira,/ tienes un “quick” que alucina./ Hablar contigo es morirse./ Produces escabechinas”, y es un elaborado tratamiento del tiempo, que siempre ha querido expresar y detener la ex- [25] periencia y la ilusión amorosa, a la vez que una moderna redefinición del tema clásico del “carpe diem”: “No hay tiempo que perder./ Es tarde para tan tanto./ No renuncies nunca a ti./ Lo real es tu conciencia, tu capacidad de ser./ También el espacio sin fin./ Un sólo destello, / un simple rayo de luz,/ en medio de la oscuridad/ ilumina todo el ser”.
En Cuando el Coli se cabrea se nos expone la intoxicación por la cepa mala del Escherichia Coli por un toro y se utiliza el lenguaje profesional taurino, referido a la bacteria. Como complemento, al final se introduce el fenómeno de los “indignados”: “Cuando alguien “se te encampana”,/ “te levanta la cabeza”/ y dice que está “indignado”,/ piensa bien qué está pasando/ y busca una solución”.
El secreto está en las flores es la presentación del mundo en dos bandos: unos dispuestos a ver los aspectos negativos como Sartre, Cioran y Martin Heidegger. Por otro lado la gente nacida para gozar. Un viaje alucinatorio desde el “séptimo Infierno” sobre la piel de Madrid. Después “me hundí en el octavo Cielo, saqué la cabeza por la arena como un vil gusano para poder respirar (…) “El secreto está en las flores, en el alma del jardín.”
Ayer hablé con la Muerte presenta el acabamiento como una de las fuerzas rectoras de la vida, con reminiscencias mediales. Pero aquí no se increpa a la muerte como hace el Arcipreste, sino que se aparece ella misma declarando su intrínseca naturaleza: “Soy puta, mala y rastrera/ perversa, dañina y negra./ Mi esencia es la oscuridad./ Pero alivio muchas penas./ Curo el dolor extremo,/ la agonía y la miseria”. En esta ocasión es la propia muerte la que interpela: “Sé muy bien que tú eres malo, /que no temes al Infierno/ y no crees en los cuentos chinos/ de los pensadores huecos.” Todo ello con referencias al flamenco más fino y lúdico de Pericón de Cádiz y con guiños a Hacienda.
Enrique Morente ha muerto expresa la casi imposibilidad de hablar en el pasado de alguien que significaba siempre el futuro. Por eso se prefiere el presente, ese presente intemporal en el que todos nos hallaremos algún día: “Ha muerto un genio del cante./ Enriquito ya no está./ Nos ha dejado su mundo./ Algo acaba de empezar”. En este tipo de elegías prefiero la de Vallejo a las elegías funerales. De las elegías me- [26] dievales se aleja también la que escribió Manuel Machado a la muerte de Alejandro Sawa: “Adiós, buen amigo del arte/ adiós que pronto nos veremos/ también nosotros nos iremos/ con esta música a otra parte”.
Frente a la tragedia de la muerte, Agonía o claridad es un canto a la claridad. A la claridad bien organizada. Si todo fuera distinto, con el desorden como norma, el mundo sería imposible. En con referencia al terremoto que sacudió a Lorca, se nos presenta la discusión de “el Tripa” y la “Chocho” en el Jardín aristotélico. Introduce la palabra inglesa “Mentation” que está dotada de una semántica y de una fonética muy precisas definir los procesos mentales.
Siglo del terror sin cara es una clara referencia al 11M, al miedo sin cara que invade las ciudades, al pavor como denominador común de las grandes urbes: “Resulta sorprendente la velocidad del proceso,/ el miedo destilando de las puertas en la sombra,/ cayendo gota a gota, formando columnas en los cuartos,/ construyendo el pánico en las casas, lentamente,/ infiltrando las pantallas y las Bolsas, /las conciencias y metales,/ convirtiéndose en producto, repartiéndose en el mundo, lentamente, como una invisible alarma, /siempre a punto de saltar./ Supongo que es natural que la física participe en el proceso/ y los astros acompañen a la angustia en su maldita ascensión”.
En un contexto semejante en La Cuarta Mundial... con piedras se nos advierte del riesgo de desaparición de la Tierra por la aventura nuclear. Es un cuadro fantasmagórico de lo que puede ocurrir. La Cuarta Mundial con piedras, como dijo Einstein (Aunque él dijo en realidad… con arcos y flechas).
Quiero vivir como sea está constituido por las reflexiones de una enferma terminal: “Quiero vivir como sea,/ dijo con la lengua y dientes,/ sin duda ni vacilación”. Si hay una tradición en la literatura de ciudades sumergidas, Vallejo hace a veces referencias a ciudades que vuelan o están suspendidas en el aire, como la Málaga que canta Vicente Aleixandre. Pero aquí se trata de otro vuelo, del vuelo que, en definitiva, emprenderemos todos en el futuro, aunque se presente en el pasado: “Pero el hecho concreto es que todos [27] volábamos sin saberlo. /No teníamos conciencia de estar embarcados / en una aventura extraordinaria, camino del sol./ Todo parecía igual pero ya era diferente. / Algo había cambiado en la tensión atómica de la carne y el deseo, / algo se había desplazado hacia otra dimensión /que la razón no podía discernir… / Todo parecía inmóvil, / siguiendo la dirección marcada por el tiempo… / Pero estábamos ya muy lejos del suelo, /como en una ensoñación”.
Dilema e inspiración plantea problemas tan importantes como el del origen del lenguaje, el de la creación y el de la inspiración. Todo ello alcanza una dimensión especial en un mundo en el que el lenguaje es representación y en un universo poético, como el de Vallejo, en que la representación es, como en Aristóteles, esencialmente acción. La admiración que produjo en los hombres el discurrir de los ríos, el curso de los astros y otros fenómenos de la Naturaleza propiciaron el desarrollo de los fenómenos señalados. No se entiende el mundo hasta que “salió la luna, se iluminó la tierra/ y sin saber por qué, de pronto, todos entendimos qué estaba sucediendo.”
En Las muelas de la cordura se establece un símil entre las muelas del juicio y la falta de juicio y se enuncia un aviso cargado de cordura: “Si no recapacitamos… podemos desaparecer.” Frente a la opinión generalizada de que impera la fuerza de la ley, se comprueba que lo que domina es la ley de la fuerza y que la sola razón no es suficiente. expone la masificación de propuestas y la sobrecarga de información, que ha podido llevar a algunos teóricos a afirmar que estamos “enfermos de información”. El poema se hace notario de esta multiplicidad de mensajes aunque por encima o por debajo de todo lo que se encuentra es el mismo atontamiento programado, la misma idiotización global.
En Repitiendo los errores se nos advierte de la energía nuclear y de sus riesgos, presupuestos extraídos de libros e Internet: “La exposición a niveles excesivos de radiación se conoce como envenenamiento por radiación, llamada radiación ionizante, tiene suficiente energía para ionizar la materia, es decir, interferir con su estado básico y, en el caso del organismo, interferir con el proceso de división celular.” “En el nú- [28] cleo de un reactor nuclear existen más de 60 contaminantes radiactivos a partir de la fisión del uranio, unos de vida muy larga y otros de vida muy corta, pero casi todos tienen una gran afinidad con nuestro organismo y se acumulan en él, ya que son parecidos a nuestros elementos biológicos.”
El mundo transciende y vuela es una escena de amor transcendente, con Simmel como fondo, muy posiblemente en un avión: “Su cuerpo tembló./ Cuando él la cubrió con su cuerpo/ y empezó a morderle el pecho,/ ella recordó una frase de “Die Transcendenz des Lebens”/ de Georg Simmel: “Los límites de arriba y abajo / son nuestros medios para orientarnos / en el espacio infinito de nuestro mundo.” / El no dijo nada. ¿Para qué discutir de subterfugios?”.
Cuando los libros no bastan insiste, como otros poemas vallejianos, en que hay que volver a empezar, en que algo está podrido en Dinamarca. Hay por tanto que volver a empezar, hay que volver a los orígenes aunque nos preguntemos cuáles son esos orígenes, hay que retornar a lo natural, a lo real y espontáneo: “Cuando el campo no respira,/ callan las flores y el alba/ y enmudece la razón,/ algo grave está pasando/ y hay que volver a empezar. es una historia de amor verdadero, un diálogo, con la tarde, el campo, el sol y la naturaleza, aunque la protagonista de la historia en el fondo no necesitaba hablar: “Se sentaba por las tardes a la puerta de su casa /y le preguntaba al sol/ cuando empezaba a teñir de rojo el cielo,/ todo lo que le venía a la cabeza (…) Sabía muy bien que la Naturaleza /sólo respondía a las cosas que se le preguntaban./ Que callaba el resto / y que utilizaba los sonidos del viento, el rumor de los arroyos/ y el canto de los pájaros en los árboles del río/ para comunicarse con ella”.
Sin título 1 es la trascripción literal de una de crónica negra: “Os voy a matar a todos, hijos del diablo.” PAÍS. Domingo 24 de Julio de 2011.“Venid a jugar conmigo.” /“No seáis tímidos.”/ “Éste es vuestro último día.” es otra transcripción literal que, inserta en un libro de poemas, adquiere todas sus potencialidades conceptuales y expresivas: “Con todo el arsenal nuclear existente en el mundo sería capaz de destruir siete veces la Tierra.”/ “Además de la aniquilación causada por la explosión se produce una conta- [29] minación radiactiva y el invierno nuclear.”/ “Un conflicto nuclear de alcance limitado puede tener un efecto devastador en el clima de la tierra, según un estudio especializado divulgado por el sitio en Internet Newsmax.com, reporta Prensa Latina.”
Después de la exposición detallada de estas y de otras realidades incontestables la conclusión no puede resultar más pertinente: “PS: ¿Dónde vamos? ¿Qué nos espera? Ésa es nuestra decisión”.
Comprobamos, así, que el bagaje intelectual de Vallejo coincide, en definitiva, con su equipaje vital. En él su vida y su profesión clínica se convierten en poesía y su poesía no es otra cosa que una vida intensa, repleta y verdadera, que difícilmente podría ser definida —creo que sinceramente no puede serlo— sin atender a su profesión de neurólogo clínico en un hospital desde las 8:00 horas de la maña hasta las 15:00 horas de la tarde. Y así todos los días.
Por eso no es extraño que gran parte de las composiciones expuestas constituyan auténticos diagnósticos clínicos. Diagnósticos nunca apasionados. Diagnósticos guiados por el músculo del cerebro del clínico que, como se ha señalado al principio, radican siempre en la ejecución.
Pero Alfonso Vallejo también es un artista, un genio que se ha relacionado con los grandes genios artísticos de la segunda mitad del siglo XX y de los primeros años del siglo XXI. No es, por tanto, casual que en esta obra encontremos expuestos los acontecimientos más importantes de los finales de la centuria anterior y de la primera década de la actual. Alfonso Vallejo, que tiene un don especial para tratar con la gente, es un solitario. Es un solitario porque sin duda es un gran solidario. Todo lo que ha conseguido lo ha logrado gracias únicamente a su esfuerzo. No se ha integrado en ningún grupo ni en ninguna capilla, a pesar de que se pasa gran parte del día —lo que le deja libre su profesión y su creación— en tertulias y en tribunas públicas. Debatiendo, poniendo el dedo en la llaga, exponiendo las últimas investigaciones en el campo científico y los logros más recientes en el escenario artístico. A Vallejo no lo calla nadie, ni el propio Alfonso Vallejo. [30] No podríamos definir con claridad a qué género pertenecen las creaciones de este libro. La cuestión del género, debatida por Tvetan Todorov y por otros teóricos actuales, fue ya planteada en sus justos términos por Miguel de Unamuno cuando lo consideró en su sentido propiamente artesanal y comercial de “género”, es decir como algo de lo que podemos ir cortando y disponiendo según nuestras necesidades e intereses. De una forma parecida se refirió Pío Baroja en el prólogo de “Las nave de los locos” a la novela considerándola como algo proteico, abierto, multiforme. En esta línea, las composiciones de Alfonso Vallejo no son poesías como las que se escriben habitualmente. No son prosas poéticas. Tampoco podríamos denominarlas “prosías” como calificó un genio del grupo poético del 1927 las creaciones de otro genio del 27. Lo que sí podemos afirmar es que con las composiciones de Vallejo se marca un antes y un después en la poesía española. En Vallejo, la vida, la ciencia, la filosofía, la crónica diaria, los casos clínicos más diversos, los sones flamencos, los aguafuertes goyescos, las escenas picarescas, los mitos… todo,…todo se convierte en “poiein”.
Mitos como el de Prometo alcanzan en “La pétrea soledad” una sabia redefinición cuando “el aire se vuelve piedra inmóvil”.
Frente al conocimiento mórbido y ante un universo de auténtica criminalidad, Vallejo dispara sus baterías, que siempre son éticas y nunca moralistas, desprendiendo ráfagas de vida. Siempre apunta a la paz, a la esperanza, al rayo de luz, y nunca a la muerte, a la destrucción, a la estupidez o a la violencia. Vallejo nos ha demostrado una vez más que es un creador nato por necesidad, que nunca la poesía es un bálsamo. Es como es su vida, con una fuerza poderosa del instinto, que recuerda a Pablo Neruda pero sin el sistema asociacionista del creador chileno.
Dentro de esta enciclopedia de saberes, a veces los datos astronómicos los utiliza con la más absoluta precisión, con una regularidad milimétrica, y en otros casos los emplea atendiendo fundamentalmente a su valor eufónico.
Junto a los niveles cognitivos, en estas composiciones se privilegia la intuición. La indagación pero también el rastreo, el olfato, la situación siempre en alerta de los cinco sentidos cor- [31] porales. En una poética en la dominan la oposición dialéctica, la lucha, la tensión, no se defiende un pensamiento contradictorio sino que se propugna más bien un pensamiento paradójico. Cada poesía es una sentencia, un pensamiento filosófico concentrado, a veces la glosa de una letra flamenca. La poesía andalusí, la sufí, la de Tagore. A veces encontramos una sombra fantástica que parece deambular por el universo dramático de Pinter como en “mi cuerpo sin yo”. Vallejo sabe fundir lo más emocional de de Unamuno con el arma poderosa de la “mente” de Ortega. Parece que en ocasiones nos deslizamos en un mundo delirante, pero no es el delirio de Rimbaud. Para Vallejo, el delirio no basta, tiene que existir consistencia, y eso es lo que aporta la poética de nuestro autor. El mundo de la vigilia, de la vida —“el mundo no es tan mundo como nos lo cuentan”, decía Ramón Gómez de la Serna— pero también el mundo de los sueños, el de Quevedo, el de Torres Villarroel, el de Goya, el de Solana…
No encontramos en ningún otro creador indagaciones tan atinadas en asuntos tan complejos como el de lo real, lo físico, la materia, el tiempo, el yo. Como el Sardina, Vallejo es “beato de lo real”. En virtud de la ley de la simetría, si existe materia debe existir antimateria, pero el problema no deja de ser complicado y se necesita estar muy bien dotado para convertirlo en materia poética.
Hemos comprobado cómo en estas prodigiosas creaciones se plantean y se redefinen a la vez asuntos que siempre han preocupado a los filósofos y a los científicos como el del tiempo, la desintegración, la constatación de que estamos donde estamos porque existe un núcleo de hierro en la vida, que resulta indispensable para que esta prodigiosa maquinaria funcione. El valor del silencio junto al de la palabra, el “logos”. El canto a la vida y el deslumbramiento.
Las composiciones de este libro siguen la línea de progresión vallejiana, siempre ascendente, constantemente abriendo frentes. Abriendo otros frentes o los mismos frentes pero con mayor profundidad e intensidad.
Insistimos en que Vallejo ha marcado un antes y un después en la creación poética y más pronto que tarde se reconocerá. En definitiva, estamos antes las composiciones de un autor único, necesario, preciso, indispensable.
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26.- “Ser, cerebro y realidad”. Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo. Editorial Huerga y Fierro. Madrid 2012.

Portada del libro: Óleo de Alfonso Vallejo. Técnica mixta. 110 cm por 81. Titulo: “Ser, cerebro y realidad”
Edición y prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo.
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ALFONSO VALLEJO: SER, CEREBRO Y REALIDAD
Francisco Gutiérrez Carbajo